Quinquis y canallas. Homenaje a los futbolistas de los 70 (II) | Noudiari.es

Quinquis y canallas. Homenaje a los futbolistas de los 70 (II)

Viberti, Ayala y Vilanova. Alarma general.

Viberti, Ayala y Vilanova. Alarma general.

@David Ventura/ Si en la anterior entrega de esta serie realizamos un repaso a los futbolistas de los 70 que, con sus peinados imposibles y su forma extravagante de entender la moda se convirtieron en auténticos vanguardistas, en adalides involuntarios de la modernidad, en hipsters avant la lettre, en inspiración de los coolhunters de hoy en día, hoy es el momento de centrar nuestra atención en su polo opuesto, en aquellos futbolistas que representan todo lo cutre, lo sarna y lo miserable de aquellos años de desesperación, violencia y crisis política y económica.

La mayoría de futbolistas de los años 70 procedían de entornos económicos extremadamente humildes. Se trataba de chavales que le daban patadas a un balón para escapar de una miseria estremecedora y que, a pesar de los posibles éxitos de su carrera deportiva, llevaban como una marca indeleble el estigma de los sufrimientos padecidos. Hombres que olían a pobreza, que sudaban pobreza, y que para enfrentarse al ancho y cruel mundo que les esperaba usaban todas sus artimañas aprendidas en la calle, resumidas en “quien golpea primero, golpea mejor” y “maricón el último”. Esto, evidentmente, se traducía en su aspecto físico. Jamás se vió tanto ambiente más suburbial, chabolista y arrabalero sobre los terrenos de juego. Aspectos criminales para un fútbol, el de los años 70, en los que se registraban más fracturas de menisco que goles.

 

Ruben Ayala. A buenas, es un tipo enrrollado; pero si se achina... ¡¡ojo!!

Rubén Ayala. A buenas, es un tipo enrrollado; pero si se achina… ¡¡ojo!!

Rubén ‘El Ratón’ Ayala
Probablemente pensarán que esa cara la han visto en la sección de sucesos de algún periódico y así debería ser, porque su carrera profesional siempre se produjo dentro de un ámbito estrictamente criminal. No obstante, lo suyo no era el hurto con violencia, ni el trapicheo de mandanga, ni el robo de cobre, sino las roturas de meniscos, tibias y peronés sobre el terreno de juego. El ‘Ratón’ Ayala fue un delantero con clase e instinto, pero hay que decir que no se arrugaba ante los defensas rivales y, pese a lo enjuto de su aspecto, tenía tanto talento como mala follá. Recordemos que en los años 70, en los que pocos partidos se televisaban, o sólo se retransmitían con una cámara, y la mayoría de coces, pinchazos, codazos, dedos en el ojo y patadas en los huevos quedaban impunes.

Forjado en San Lorenzo de Almagro y nombre de referencia en el glorioso Atlético de Madrid de los apaches, es célebre por su participación en la semifinal de la Copa de Europa que enfrentó al Celtic de Glasgow con el Atlético de Madrid, el ‘Ratón’ Ayala era un tipo con un estilo marcadísimo y cuyas choyas era sinónimo de terror y crujir de dientes en el equipo. En definitiva, un jugador de los de antes. A su lado, el atlético Diego Costa es la monja Furcades.

Manolo Mesa, más triste es robar.

Manolo Mesa, más triste es robar.

Manuel Mesa
Es probable que hayan visto este rostro en algún yonki park, que quizás piensen que es el aparcacoches que el otro día les astilló un euro por hacer una mímica absurda cuando usted tenía espacio de sobre para poder aparcar, o el que le amenazó con pincharle las ruedas si no le pagaba el impuesto revolucionario. Manuel Mesa nació en Cádiz y, como casi todos los futbolistas de esa época, procedía de una familia muy humilde. Suplía la falta de táctica con un trabajo brutal. Era de los que lo dan todo, que se corrían el campo de arriba a bajo, de los que acudían siempre a hacer una ayuda a los compañeros, de los que te subíe al ataque y luego te defendía un corner. Un trabajador a destajo, un currante, de ahí su apodo de ‘el siete pulmones’.

Con su inconfundible aspecto de yonkarra militó durante doce temporadas en el Sporting de Gijón, donde logró un subcampeonato de liga en 1979 y dos finales de la copa del Rey. Después volvió a su Cádiz natal donde trabajó en los astilleros y destacó por su militancia sindical. Mesa es todo un símbolo de futbolista lumpen y orgullo obrero que sería impensable en el futbol de hoy. Honor y Gloria.

Guerini, glamur y labia cordobesa.

Guerini, glamur y labia cordobesa.

Guerini, en plan rey del modelaje en las revistas del corazón.

Guerini, en plan rey del modelaje en las revistas del corazón.

Carlos Guerini
En todas las bandas de quinquis de los 70, al margen del Torete o el Vaquilla de turno, había un Chino, un Rubio, un Mellao y el Guapo. Pues bien, Carlos ‘Chupete’ Guerini era el guapo. Nacido en Córdoba (Argentina), tras un breve paso por Boca llegó al Málaga en 1973 realizando una auténtica exhibición de modelaje setentero. Como comprobarán en la foto, al joven Guerini le sentaban de fábula los pataelefantes, las camisas abiertas y los colgajos en el pecho. Con este aspecto de seductor en boîtes de Torremolinos, de desplumador de viudas ricas, encontró su hábitat natural en la Costa del Sol antes de recalar durante cuatro temporadas en el Real Madrid, donde su aspecto se macarranizó un poco más.

El paso de Guerini por el Madrid fue bastante discreto aunque durante sus dos años en el Málaga coincidió con otros dos cordobeses que marcaron época en el equipo boquerón. Dos auténticos astros que les presentamos a continuación.

Vilanova y Viverti, estremecedora estampa.

Vilanova y Viberti, estremecedora estampa. Ojo al tipo que tienen detrás. Pura España tardofranquista.

Vilanova i Viberti
Rodolfo Vilanova y Sebastián Viberti. Mírenlos. En una época en la que cualquier tuercebotas va con descapotable, el aspecto de Vilanova y Viberti es estremecdor. Estos dos pobres hombres, que parecen escapados de un piso patero, que aún llevan clavado en el rostro las marcas que deja la pobreza y la humillación, esto tipos que podrían ser sicarios a sueldo que van sembrando muerte con los cuernos de chivo -pero no por maldad, sino por necesidad, para poderse llevar algo a la boca- estos dos tipos carne de crónica social, de desahucio y de comedor social, fueron las dos grandes estrellas del Málaga de las década de los 70. Vayan a la capital de la Costa del Sol, pregunten por Vlanova y Viberti y los mayores del lugar les hablarán maravillas, les hablarán de lucha, entrega y clase, de esa mezcla de instinto criminal y querencia técnica que tenían los jugadores latinoamericanos de entonces.

Rodolfo Vilanova -el del perchero en la mano y cara triste- era rosarino, empezó su carrera en el ultraviolento Rácing de Avellaneda de finales de los 60 y pasó por Huracán antes de recalar ocho años en el Málaga y convertirse en leyenda. El cordobés Sebastián Viberti también dio el salto de Huracán a Málaga y con su 1,87 señoreó la zaga malacitana. Fueron dos supervivientes, dos luchadores, dos enemigos del glamour.

Y parecía tan buen chico... ¡al loro con este tipo!

Y parecía tan buen chico… ¡al loro con este tipo!

Luciano re Cecconi
En esta sección hemos visto a jugadores de aspecto absolutamente criminal pero que limitaron sus fechorías a los estrictos límites del terreno de juego. Tipos que daban miedo cuando te los encontrabas vestidos de corto pero que, al finalizar el encuentro, eran tipos honestos, con sus más y sus menos, pero con los que te podías tomar un café tranquilo. Sin embargo, el caso de Luciano re Cecconi es diferente. Su aspecto es el de un adorable vástago de clase alta, alto y rubio como la cerveza, pero de todos los jugadores que hemos visto hoy es el único que era realmente peligroso.

Cecconi, un centrocampista fiable con un gran remate de cabeza, formó parte de esa legendaria Lazio que ganó el campeonato 72-73. En unos años especialmente violentos en Italia -honestamente, los 70 fueron violentos en todas partes- la Lazio era el equipo de los neofascistas, del MSR, y sus jugadores eran simpatizantes declarados de la banda armada Ordine Nuovo. Los jugadores de la Lazio iban armados a las concentraciones de los partidos y era habitual que realizaran prácticas de tiro desde los balcones de los hoteles. Luciano re Cecconi, que empezó su carrera en otro de los equipos favoritos de los fascistas, el Calcio Pro Patria, tuvo una muerte muy típica de la hiperpolarizada, desquiciada y surrealista de la Italia de los 70: con unos amigachos, atracaron una joyería más que nada para divertirse -dinero no les faltaba- pero el joyero se sacó de debajo del mostrador una Walter calibre 7.65 y de un tiro en el pecho dejó seco al rubio centrocampista.

Pitido final y jugadores al túnel de vestuarios.

7 Respuestas a Quinquis y canallas. Homenaje a los futbolistas de los 70 (II)

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  2. Coroccota Responder

    29 mayo, 2013 en 15:46

    Falta Quinito del Racing.

  3. Messner Responder

    29 mayo, 2013 en 17:54

    A mesa, a pesar de su aspecto, por Gijón se le conoce como siete pulmones por su despliegue físico

  4. pepe el tabernas Responder

    30 mayo, 2013 en 11:23

    El episodio de Re Cecconi es erroneo. El y su compañero Ghedin decidieron gastar una broma a un amigo de ambos, el joyero romano Bruno Tabocchini. Entraron en su joyería y Ghedin dijo: «Arriba las manos; esto es un atraco», sin darse cuenta que el joyero estaba de espaldas. Este se dio la vuelta y disparo directamente sin darse cuenta que era una broma.

  5. AJV Responder

    22 enero, 2014 en 19:49

    Me parece que hay un error con Rubén Ayala, que como se dice fue un delantero con clase e instinto, que nos hizo disfrutar de buen espectáculo a los que tenemos cierta edad; pero nada de roturas de tibias ni de terror y crujir de dientes en el equipo. David se confunde con otro Rubén, al que ni siquiera menciona, que fue su compañero Rubén “Panadero” Díaz, defensa izquierdo y con aspecto de gentleman similar, al cual le son totalmente aplicables las citadas perlas.

  6. Paulino Responder

    21 enero, 2016 en 15:27

    Faltan Ovejero, Anton, Jesus Martinez, Anibal, Benito, Eladio, Migueli, Aguirre Suarez, Camacho, de Felipe, y muchos que se me olvidan, pero no todos eran sudamericanos, aqui tambien habia buenos ejemplares. Lo del raton Ayala, yo creo que el autor de esta cronica se confunde con otro.

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