No te gusta la poesía, por Ben Clark | Noudiari.es

No te gusta la poesía, por Ben Clark

El poeta ibicenco Ben Clark.

@Ben Clark/ Hoy es el Día Mundial de la Poesía. Hoy es el día de esa cosa que a casi todo el mundo “le cuesta”. Sí, la frase “a mí es que la poesía me cuesta” es ya casi un himno entre los poetas y es normal, porque la poesía cuesta, la poesía es difícil, la poesía, vamos a decirlo ya, no es para todo el mundo. ¿Cómo? Sí, tal cual: la poesía no es para todo el mundo, y te lo voy a demostrar. ¿Con qué? Pues con poemas, claro.



Te interesa la idea de la poesía. No sabes exactamente en qué consiste pero entiendes que es algo que puede ser positivo para tu vida, es un poco como ir al gimnasio, pero más barato (quizá el problema sea ese, que la poesía, al ser gratis, es demasiado barata, pero este es otro tema y no vamos a entrar en eso), es como comer fruta, como acordarte del cumpleaños de tu tía Lourdes. La poesía es buena, sí, pero chico, qué pereza que da. Tranquilidad. Calma.

Lo primero es saber para qué queremos la poesía. Está claro que no nos puede interesar si no sabemos para qué nos sirve o si es que nos sirve para algo. Pues mira, no está muy claro para qué sirve la poesía, pero sí que se ha podido demostrar, de forma científica, que un poema puede ayudarte a comprender qué te está ocurriendo en tu vida loca. La poesía es como Siri. Lo sabe todo de ti, te puede sugerir cosas, te puede orientar. Por ejemplo, ¿has estado alguna vez enamorada/o de alguien? Es probable que sí. ¿Qué sentías? ¿Qué sientes? Difícil de describir, ¿verdad? Pues este magnífico soneto (¡no te asustes!) de Lope de Vega te puede echar una mano:

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso; 

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño; 

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.
 

El poeta César Vallejo, fotografiado en 1929.

La poesía es esto: algo que habla de nuestra vida, de lo que nos pasa como personas. Ni más, ni menos. La poesía no es poesía porque rime, porque esté escrita en verso, la poesía no es poesía por estar hecha de palabras “bonitas”. La poesía es poesía porque está hecha de verdades, de cosas que nos han pasado, que nos están pasando o que nos pasarán. La muerte, por ejemplo, es tan inevitable como el amor, y por eso necesitamos poner en palabras esta experiencia que, por desgracia, nos deja siempre mudos. ¿Cómo hablar de este dolor? ¿Cómo hablar de las putadas que nos hace la muerte cuando nos quita a las personas que queremos? Este poema del poeta peruano César Vallejo intenta hablar de ello, y casi lo consigue (y digo casi, porque es imposible, porque la poesía es intentar lograr lo imposible, que es hablar de lo que no se puede hablar, y este maravilloso poema es un buen ejemplo de que, a veces, podemos estar cerca de expresar lo que no sabemos expresar):

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé! 

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte. 

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema. 

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada. 

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

Menudo poema. Cualquiera se atreve a hablar después de esto, pero bueno, hay que seguir. Porque la poesía también es eso, seguir, continuar en la búsqueda de lo que no sabemos para poder hacer más soportable, más hermoso, más amable lo que sí que conocemos. Mira, si no te gusta la poesía te propongo una idea: es posible que sí que te guste la poesía pero lo que ocurre es que no has encontrado todavía tu poema. Esta idea es importante: no se trata de que nos gusten poetas. Nos gustan poemas. Debemos estar atentos a los poemas, no a los poetas. En alguna parte hay un poema que habla de algo que estamos viviendo nosotros en este mismo instante, y sólo tenemos que encontrarlo.

La poeta colombiana Piedad Bonnett.

Me gustaría compartir contigo otro poema. Es un poco triste, pero es, también, un poema que puede reconfortarnos porque es un poema que habla de un momento difícil y nos ayuda a comprender lo que estamos viviendo. La poeta que escribió esta maravilla se llama Piedad Bonnett y es una poeta colombiana que recomiendo muchísimo. Se llama “El borde” y creo que es una de los poemas más bellos que he leído en toda mi vida:

Lo terrible es el borde, no el abismo.
En el borde
hay un ángel de luz del lado izquierdo,
un largo río oscuro del derecho
y un estruendo de trenes que abandonan los rieles
y van hacia el silencio.
Todo
cuanto tiembla en el borde es nacimiento.
Y sólo desde el borde se ve la luz primera
el blanco -blanco
que nos crece en el pecho.
Nunca somos más hombres
que cuando el borde quema nuestras plantas desnudas.
Nunca estamos más solos.
Nunca somos más huérfanos.

 Hemos hecho un viaje muy corto pero muy intenso. Hemos atravesado varios siglos de la poesía escrita en español de un plumazo pero, con todo, ha sido suficiente como para poder acercarnos a lo más hermoso que tiene la poesía: su misterio. ¿Hace falta comprender un poema? ¡No! ¿Hace falta saber qué quiere decir un poema? ¡En absoluto! Los poemas no quieren decir nada, los poemas dicen, los poemas hablan, los poemas son como amigos que nunca te fallan y que están allí cuando más los necesitas. Por eso amo la poesía y es para mí un inmenso honor intentar convencerte de que en verdad te gusta. Y, si realmente no te gusta la poesía, si después de leer decenas de poemas eres capaz de decir en voz alta, alto y claro, “a mí no me gusta la poesía”, pues perfecto, me alegro, todavía podemos ser amigos e incluso muy buenos amigos. Porque la poesía no lo es todo en la vida, aunque hable de todo lo que hay en la vida.

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