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Armin Heinemann: “El tango es un paso más allá en mi evolución artística”

@Laura F. Arambarri/  El amor por el escenario y la creatividad de Armin Heinemann no se apagaron cuando bajó el telón de la última representación de Falstaff en 2017. Con ella ponía punto final a once años de Festival de Ópera en Ibiza pero ahora regresa con otra propuesta tan original como es habitual en él ya que, entre otras sorpresas, integra a un bailarín butoh.

Regreso al amor es un espectáculo teatral de tango que se puede ver los días 5 y 6 de octubre en el Palacio de Congresos. Las entradas están a la venta en el Ayuntamiento de Santa Eulària hasta el 4 de octubre y también se pueden reservar por mail en amigosoperaibiza@gmail.com.

Armin Heinemann en Sa Nostra Sala. Foto: Laura Ferrer

En 2017 echó el telón del Festival de Ópera de Ibiza después de once ediciones y ahora vuelve a los escenarios de Ibiza con un montaje de tango y teatro titulado Regreso al amor ¿Por qué ese título?
Es una de las piezas de tango de Astor Piazzolla que aparecen en el montaje y, además, el título está relacionado con la historia que cuenta esta obra de teatro. Porque no es solo una sucesión de números de baile, sino que narra una historia a través del tango, de la música y del movimiento.

¿Cómo ha integrado el baile butoh, tan opuesto al tango, en este montaje?
El bailarín butoh no va a aparecer desnudo como suele ser habitual, sino como un personaje más que tiene un papel muy determinado. En un show tradicional de baile de tango o de cualquier otro baile, cada número musical supera al anterior, va in crescendo y el público entra en esa onda: exige que cada número que viene sea superior al anterior. Yo rompo esa dinámica con el bailarín butoh, que es Orland Verdú. Orland representa la torpeza, lo naïf, lo que falla. El butoh representa la parte oscura, el fallo, en tanto que el tango es lo contrario: el brillar en la vida. Y todo esto tiene mucho sentido porque la letra de los tangos habla de amores imposibles, de amores rotos y de sufrimiento.





¿Por qué le fascina el mundo del tango?
Cuando empecé en el tango, hace siete años, pensé que en un mes o dos lo dominaría porque yo tengo facilidad para el baile y he bailado siempre en mi vida. Pensé que era simplemente aprender unos pasos. ¡Está muy lejos de eso! Ahora, después de siete años, me siento un poco seguro pero todavía estoy muy lejos de pensar que lo domino. Es como la vida misma. Esto no termina nunca. La relación entre lo positivo y lo negativo no termina porque si termina, la vida se ha terminado.

Así que juega con las ideas de luz y oscuridad, positivo y negativo…
No existe ninguna persona que solo sea positiva o solo negativa. La vida es buscar un equilibrio entre esos dos aspectos. Los seres humanos tenemos la capacidad de ir un punto más arriba y observar lo negativo y lo positivo como dos energías imprescindibles en la vida que deben coexistir. Sin esos dos polos no habría vida. Aunque hoy en día está mal visto decirlo, existen filosofías antiguas, pensadas y sabias como en la India, que dicen que lo femenino es lo negativo y que lo masculino es lo positivo ¡y no le ponen valor! Es decir, el valor lo ponemos nosotros ahora en este tiempo y en este siglo. Decimos que lo negativo es malo y hay que eliminarlo. De ahí ha nacido todo el machismo, la represión de la mujer y los prejuicios.

¿Y eso es lo que te ha conquistado personalmente del tango? ¿Su dimensión más allá de un simple baile?
El tango juega con las dos energías. Es muy lindo y muy profundo. Es mucho más que un baile, por eso me ha atraído. Los papeles están muy definidos: el hombre es de una determinada manera y la mujer, de otra, es una ley que va con el tango. Si la gente no lo acepta no vale la pena que baile tango. A veces sucede que una mujer que se interesa por el tango cuestiona el hecho de que sea el hombre el que tiene que mandar. Y eso es porque tienen en la mente que mandar es lo positivo y seguir es negativo. ¡Pero es no es cierto en absoluto!

¿Entonces el hecho de que, en la mayoría de los bailes de pareja, sea el varón el que dirige y la mujer la que sigue no es algo negativo?
No es nada negativo. Es normal porque si dos personas siguen, ¿quién sigue a quién? Y, si dos personas mandan, difícilmente habrá fluidez. Esto es como la electricidad: los polos negativos y positivos nos dan la luz, y eso sucede en todos los sentidos. En el humano, en el filosófico y en el físico.

Un momento del montaje ‘Regreso al amor’ de Armin Heinemann.

Habla de dos que siguen o de dos que dirigen. Pero, ¿no es posible el cambio de rol?
Siempre es posible si la mujer quiere mandar y el hombre quiere seguir. Claro que es posible, aunque es verdad que va en contra de las reglas del baile. A veces bailan hombres juntos y mujeres juntas y, personalmente, no tengo nada en contra de los cambios de roles sexuales, pero, cuando veo bailar tango a una mujer con otra mujer o a una mujer dirigiendo y al hombre siguiendo… algo no funciona para mí. Faltan esas dos energías, de las que te hablaba antes, que confluyen. En el tango no hay dureza ni fuerza ni tirones. Nada de eso. Es todo sutil: la energía interior del hombre que se transmite a la mujer y que la siente en un abrazo. Es lindo y fino, elevado, por eso el tango es patrimonio cultural intangible de la humanidad, no por unos movimientos de piernas o por una acrobacia. Con el tango he conectado con la energía femenina, algo que necesitaba.

El fin del Festival de Ópera de Ibiza parecía el adiós de la faceta de Armin Heinemann como escenógrafo… 
No es algo que puedas dejar de un día para otro. Siempre estás pensando cosas. Así que cuando encontré a Omar Quiroga y a Verónica Palacios [bailarines profesionales de tango] en Barcelona me quedé tan fascinado que les pedí tomar clases y se convirtieron en mis profesores. Cuando vi su show entendí que había muchísimo potencial y podía hacer algo más allá de la demostración del baile.

¿Qué historia cuenta Regreso al amor
Cuenta la historia de los europeos que llegaron a Argentina y las dificultades a las que se enfrentaron como inmigrantes, del mismo modo que hoy en día llegan a Europa inmigrantes de muchos países. Los argentinos no estaban listos para aceptarlos, aunque al mismo tiempo había personas que hacían dinero con ellos. En Regreso al amor aparecen estos personajes. Paralelamente, se cuenta una historia de amores y celos porque un argentino encuentra una chica entre los inmigrantes con la que baila muy bien. Entre ellos se interpone otro hombre que quiere bailar con ella. Esto genera tensión y lucha entre los machos. Y esto se combina con la intervención de la danza butoh.

Una de las sorpresas de su montaje operístico de El Murciélago (Die Fledermaus), de Johann Strauss (hijo), fue que salió usted al escenario a bailar un tango. ¿Esta vez se animará a demostrar sus progresos?
[No responde pero se le escapa una risita]

¿Tiene idea de continuidad, de poner en marcha un festival de tango?
No pienso en eso, he dejado ya esos compromisos… Hago lo que quiero y tengo mucha suerte de haber contado con apoyo de las instituciones. Además estoy muy contento de cómo ha reaccionado el público porque las ventas van a tope, se está vendiendo muy bien. Unos vienen porque les atrae el tango, otros porque me conocen de la ópera y otros que no saben nada de tango pero que me dicen: cuando tú haces una cosa yo vengo a verlo. Mi reto en este caso era hacer lucir el arte en una producción más íntima. Estamos trabajando desde marzo y nos ha costado mucho perfeccionarlo y hacerlo bien. Lo que no descarto es llevar el espectáculo a otros lugares. Ya se representó en Barcelona y fue muy bien. Es un grupo formado en Barcelona y, si tenemos éxito y alguien ofrece otro lugar, iremos pero no hay nada planificado. Yo tengo mi edad y hago esto sin ánimo de lucro pero no es menos que la ópera sino que es un paso más en mi evolución artística.

¿Veremos el característico vestuario de Paula’s Ibiza?
No, no, no… ¡esta vez no hemos hecho nada de vestuario! [dice entre risas mientras lanza una mirada cómplice a Stuart Rudnick, su colaborador].

Regreso al amor cuenta con los protagonistas Verónica Palacios, Omar Quiroga y Orland Verdú y un elenco formado por Osvaldo Roldán, Anabel Gutiérrez, Giovani Corral, Nahuel Giacone, Sivgin Darkilic, Joanna Krenz, Mauro Calvo, Santos Quiroga, Akane Corral, Montse Escudé y Josep Paradell. La fotografía es de Toni Casasses, la iluminación corre a cargo de Katia Moretti, mientras que la parte técnica es de Marcos Cuevas y el vestuario de Adriana Villar.
El montaje cuenta con el apoyo del Consell de Eivissa, del Ayuntamiento de Santa Eulària y el Palacio de Congresos.

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