Cuando dormir cuesta dinero, por Laura F. Arambarri | Noudiari.es

Cuando dormir cuesta dinero, por Laura F. Arambarri

@LauraFArambarri / Desconfío de la gente que dice que dormir es una pérdida de tiempo. Lo decía a menudo la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes. Presumía de que solo dormía cuatro horas cada noche y también alardeaba de no coger nunca vacaciones. Le robaba horas al sueño para trabajar en su máster en la Universidad Rey Juan Carlos y le robaba al Eroski unas cremas.

Dormir es tan importante que, por dormir tranquilo, Pedro Sánchez no pactó con Podemos. Dormir tranquilos es lo que quieren algunos vecinos del centro Barcelona.

Al sistema capitalista en el que vivimos no le gusta que durmamos porque, mientras dormimos, no podemos comprar cosas ni ser productivos. Es el único momento del día en el que no estamos haciendo o consumiendo algo. Para dormir solo hace falta hacer una inversión a largo plazo en un colchón, una almohada, unas sábanas y un pijama (o en unas gotas de Chanel nº5).

Pero el sistema capitalista es muy listo. Ha encontrado la forma de que consumamos durante el sueño. Nos ha dado el estrés y la ansiedad.

Pero el sistema capitalista es muy listo. Ha encontrado la forma de que consumamos durante el sueño. Nos ha dado el estrés y la ansiedad.

Hace unos años, durante una limpieza dental, detectaron que padecía bruxismo que, para quien no lo sepa, consiste en apretar la mandíbula mientras duermes de manera inconsciente. Como consecuencia de ello tenía las muelas desgastadas y los músculos de la mandíbula entrenados como para chafar latas de Cruzcampo. Me dijeron que podía deberse a dos factores: al estrés y/o a la tensión muscular del cuello generada por estar demasiadas horas delante de un ordenador. Así que primer gasto para dormir: la férula de descarga.

Tiempo después comencé a tener problemas para dormir. No conciliaba el sueño más de tres horas seguidas. Me dijeron que probablemente se debía a estrés y me recomendaron deporte y melatonina. Gasto número dos para dormir: melatonina. Ya tenemos férula y melatonina.

Al perro del vecino le dio por ladrar por las noches y a los turistas por alquilar casas donde celebrar fiestas de madrugada en verano. Probé con tapones de silicona para los oídos. Gasto número tres. Férula, melatonina y tapones.

Me operaron y tuve que estar ingresada dos veces en un hospital. La ansiedad que generan este tipo de circunstancias, los ruidos nocturnos en las habitaciones y unas persianas que dejaban pasar la luz de las farolas no ayudaban mucho a conciliar el sueño. Solución: pastilla para dormir y antifaz. Así que tenemos férula, melatonina, tapones, antifaz y pastilla para dormir.

Así que ahora me cuesta dormir. Me cuesta dinero dormir, quiero decir. Cada noche, en el momento de irme a la cama, en lugar de una persona parezco Mister Potato con mis accesorios. Estoy pensando en ponerme rulos, redecilla y una mascarilla verde de pepino para completar el conjunto sexy in the night.

Pero cuando he sacado el tema del maldormir delante de otras personas me he dado cuenta de que no estoy sola en esto. Hay quien toma pastillas desde hace años, quien se fuma un porrito, quien tiene una máquina que lanza haces de luces relajantes, quien se toma una infusión de hierbas, quien tiene que meditar y quienes, benditos ellos, duermen como bebés nada más cerrar los ojos.

Hay quien se toma pastillas para dormir desde hace años y sin receta, quien se fuma un porrito, quien tiene una maquinita que lanza una luz relajante, quien se toma una infusión, quien tiene que meditar antes de meterse en la cama y quienes, benditos ellos, duermen como bebés nada más cerrar los ojos.

Es a parecerme a estos últimos a lo que aspiro. Quiero ser de los que no se llevan el estrés y las preocupaciones del día a la cama con su mujer, su marido o su gato. Y lo cierto es que estoy en el proceso. En el de irle quitando los gadgets a Morfeo. La pastilla casi ha desaparecido, el antifaz ya no lo uso, los tapones cuando me acuerdo… De la férula no me podré desprender del todo, pero ya me he acostumbrado a ir a la cama con el aspecto de quien se sube a un ring a darse de hostias. Pero las hostias se las voy a dar al estrés de la vida moderna. No hay como desprenderse de él para hacerle un corte de mangas al sistema.

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