Jimmy Giménez-Arnau recuerda a Ibiza en sus memorias: “Nos metimos más rayas de las que hay en una migración de cebras” | Noudiari.es

Jimmy Giménez-Arnau recuerda a Ibiza en sus memorias: “Nos metimos más rayas de las que hay en una migración de cebras”

Portada de ‘La vida jugada’

@LauraFArambarri / La vida de Jimmy Giménez-Arnau (1944) no ha sido nada convencional, como tampoco lo ha sido el lanzamiento de sus memorias La vida jugada (Arzalia Ediciones SL), el pasado 10 de marzo, pocos días antes del confinamiento, lo que ha condicionado la promoción del libro.

Las 320 páginas del libro, llenas de referencias a Ibiza, seguro que le dan carrete para volver a los platós en los que se desenvuelve como pez en el agua.

Así, este periodista y bon vivant alcanzó el rango de famoso oficial a finales de los años 70, al contraer matrimonio con Merry Martínez-Bordiú y Franco, nieta del dictador Francisco Franco.

Desde entonces ha recorrido platós de televisión y ha escrito ríos de tinta sobre los Franco y sobre todo aquello que se ha puesto a tiro de su mirada mordaz.

Ibiza ha estado muy presente en la vida de Giménez-Arnau, como demuestra el libro, en el que la descripción de los personajes y de sus andanzas por la isla son constantes.

Incluso dedica a la isla un capítulo completo titulado Ibiza: diez barras y un privée.

“Mi primer contacto con Ibiza, dejando al margen aquella iniciática escapada de mis tiempos universitarios, había tenido lugar en el año 1976. Emilio Romero acababa de fundar la revista La Jaula […] La experiencia de La Jaula, aunque efímera, me había proporcionado una buena excusa para instalarme durante un tiempo en Ibiza, el lugar al que tuve que acudir para redactar alguna de aquellas crónicas. La isla se convertirá a partir de entonces en una de mis referencias vitales”, escribe el periodista.

“Es la isla luminosa, donde me dispongo a vivir los días de gloria que se me anuncian: me acomodo en la cresta de esta ola de popularidad que alimento convenientemente”, explica sobre su fama adquirida tras su matrimonio.

Drogas y sexo a raudales

El contenido se vuelve jugoso cuando comienza a describir sus correrías nocturnas por algunos garitos de la ciudad como “aquel privée que terminaría siendo conocido como el depravé“, que frecuentaba con su amigo Dinky: “Recuerdo que durante una velada frenética nos metimos más rayas de las que hay en una migración de cebras”, escribe.

“En cierta ocasión Dinky y yo vamos a una fiesta que unos conocidos celebran en una casa en el campo […] Nos abrazamos a la humanidad entera que circula por aquel trayecto de arena y piedrecillas psicodélicas, que, por efecto de las drogas, tan pronto son de agua como de humo que se escapa entre los dedos. No paramos de reír, de cantar, de juntarnos con cuanto ser humano y no humano se nos acerca. Pocas veces un estado de absoluto cuelgue me ha durado tanto”, explica.

Manel, que le introduce en los secretos de la ayahuasca; Massimo Lucarini, dueño de Las Dos Lunas; Ricardo Urgell, creador de Pachá; Tono Escohotado, fundador de Amnesia, o el director de cine Polanski son algunos de los personajes que circulan por sus memorias en Ibiza.

“La isla es mi medio ideal. Me sumerjo en el glamur ibicenco y en mis páginas recojo palabras, confesiones, escándalos y silencios que envío en forma de entrevistas a los medios que quieren pagar mis colaboraciones. Diario 16 me ha encargado la crónica social desde el Ku, la discoteca de orígenes donostiarras y asentada posteriormente en la isla, de la que es copropietario José Antonio Santamaría, Santa, reconvertido en hostelero”, relata Giménez-Arnau en su libro.

“Mis escenarios de trabajo y diversión son las barras y reservados nocturnos tanto como los chiringuitos playeros durante el día —el Ku y el Ku Beach especialmente”, relata.

También explica que hizo amistad con Freddie Mercury, “que cantaba como los ángeles” o que fue testigo de momentos orgiásticos: “Hay también herederos de principados del tamaño de un llavero que negarán haber estado en un cuarto de baño atornillando a besos a una fila de personas de ambos sexos, financieros sin ropa interior, esposas que comparten rincón oscuro con otra piel que no es la del consorte o deportistas que tal vez cambiarían la gloria de algún triunfo por la hierba que acaban de fumar. Toreros de bragueta fácil y visa generosa se codean con políticos que, recién bajados del avión, antes de aflojarse la corbata ya han cargado en los bolsillos su dosis de anfetaminas para un mes de vacaciones[…]”

Ibiza tiene “esta cara lúdica y desenfadada que iguala a hombres y mujeres en el puro disfrute, el disparate y la exaltación”, cuenta Giménez-Arnau que, sin embargo también se refiere a delincuentes que poblaban la noche por entonces.

Uno de ellos extorsionaba a incautos valiéndose de su novia chilena en KU. Ella embaucaba a los hombres, se los llevaba al lavabo y, una vez allí, irrumpía el extorsionador, al que llama Dodo en el libro, que exige dinero a cambio de no romperles la cara por liarse con su novia.

Esto es solo una pincelada de todo lo que relata en el libro, en el que también describe lo que para él fue el principio del fin del paraíso que conoció: “La decadencia se inició cuando empezaron a proliferar los turoperadores que traían a visitantes con la vomitona incluida en el viaje de ida y vuelta, y que no pagaban ni para limpiar lo que ensuciaban. La idílica Ibiza que yo conocí hormigonó sus calas y abrió la puerta al turismo familiar, que se aposentó encantado en aquellos paraísos de arena”.

Pilar Eyre, autora del prólogo arranca fuerte: “Golfo. Crápula. Niño mal de casa bien. Canalla. Mujeriego. Vividor. Playboy. Gamberro y desalmado. Durante cincuenta años, la leyenda en torno a Jimmy Giménez Arnau no ha hecho más que acrecentarse en un caso único de supervivencia: ¡ser golfo en los años setenta y seguir pareciéndolo en 2020 es algo digno de estudio!”.


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