José Ramón Palma: “Al cerebro le atemoriza lo nuevo pero, a la vez, es moldeable y está preparado para cambiar” | Noudiari.es

José Ramón Palma: “Al cerebro le atemoriza lo nuevo pero, a la vez, es moldeable y está preparado para cambiar”

Durante la presentación en la Escuela de Turismo.

@LauraFArambarri / José Ramon Palma Checa, Graduado en Turismo y coach especializado en ejecutivos y empresas, presenta el próximo sábado, 7 de marzo, a las 11:15 horas en Districte Hipérbole su primer libro Empoderando personas. Nacido en Granada en 1988 y afincado en Ibiza desde 2011, Palma Checa se define como “un entrenador para mejorar la calidad de vida de las personas”. El libro se presentó en febrero en la Escuela de Turismo del Consell y ahora busca llegar a un público más amplio.

-Estamos en la semana de celebraciones del Día Internacional de la Mujer: ¿Cree que vivimos un momento de verdadero empoderamiento de la mujer o que corremos el riesgo de que todo se quede en una moda?

—Creo que vivimos en la mejor época. No creo que vivamos en una moda: el siglo XXI es la época de la creación y del despertar. Solo hay dos caminos: o avanzar o frenar y perder los derechos conseguidos. Creo que vivimos en una sociedad muy concienciada y, en el día a día, la revolución de la igualdad de la mujer es imparable.

-¿Qué es exactamente empoderarse?

Palma Checa, con su libro.

—Empoderarse, bajo mi punto de vista, es darse cuenta del poder de decisión que tenemos las personas. Es darse cuenta del poder que ejercen los prejuicios y nuestros pensamientos y patrones de conducta. En el momento en que nos damos cuenta de que nuestros pensamientos moldean el mundo que nos rodea, empezamos a ser conscientes de que podemos cambiar la realidad. Es valorar que cada decisión que tomamos tiene una trascendencia vital en la vida de las personas que nos rodean.

Una persona empoderada, para mí, es esa persona que se da cuenta de que puede cambiar el mundo con pequeños gestos. Es una persona que despierta y que empieza a ver el mundo sin filtros. Ve la vida como un regalo y sabe que cada vida que toca es una oportunidad para dar lo mejor de sí misma y generar una cadena en la que cada persona da lo mejor de sí.



-En el libro menciona a Eladia, su bisabuela, ¿de qué manera ha sido ella una inspiración para usted?

—Eladia para mí significa mucho. Creo que todas las personas tenemos personas inspiradoras en nuestra vida que nos guían de una manera u otra.

Haciendo referencia al empoderamiento de las mujeres, ella sería un referente para mí, y es que Eladia es una de esas mujeres anónimas que han contribuido —y contribuyen en la actualidad con su recuerdo— a mejorar el mundo. Eladia vivió en una época de escasez, donde la mentalidad patriarcal reinaba; ella supo guiar a su familia para salir hacia delante, ya que mi bisabuelo era una persona muy buena, pero terca y con un gran carácter. En este caso, aunque ella no lo sabía, practicaba la inteligencia emocional como nadie, controlando el carácter de su marido, administrando las finanzas en casa, siendo ama de casa, esposa, trabajadora y madre.

Sobre las mujeres ha recaído la mayor responsabilidad a lo largo de la historia pero han quedado a la sombra de los hombres.

Y es que, hoy en día, donde aún existe una mentalidad un poco machista, debemos de recordar que han sido las madres, las abuelas y bisabuelas las que han educado a las generaciones presentes. Sobre las mujeres ha recaído la mayor responsabilidad a lo largo de la historia, pero han quedado a la sombra de los hombres. Por tanto, cito a Eladia como inspiración, porque, aunque mi bisabuelo me aportó muchos valores y fue un ejemplo masculino para mí, Eladia me dio el mayor regalo que me han dado en mi vida: sensibilidad y amor hacia las personas.

-Una de las ideas centrales del libro es que el ser humano necesita a otros para desarrollarse y que la felicidad solo se alcanza compartiendo y ayudando. ¿Somos animales sociales, de manada, en una sociedad que nos convierte en lobos solitarios?

—Como respuesta a esta pregunta diré que existen los grises. Sí que somos animales de manada, pero no creo que la sociedad nos convierta en lobos solitarios: es el mal uso de las tecnologías y la adoración a cosas materiales lo que sí hace que nos alejemos unos de otros. En esta época necesitamos encontrar motivos que nos unan como sociedad. Nos enfrentamos a problemas globales, como el cambio climático, el avance de los radicalismos y fundamentalismos, la inmigración (con pérdida de vidas humanas cada día en el mar) y las pandemias globales. Todos estos problemas nos tocan de lleno y no podemos mirar a otro lado: debemos de afrontarlos como una manada mundial.

Por otra parte, nunca hemos estado tan conectados a lo largo de la historia como ahora. Mi madre vive en la península y hablo con ella casi cada día. A cualquier hora del día podemos conectar con nuestras parejas para saber cómo están… existe la mayor interconexión entre personas jamás conocida. El problema es que la misma sociedad que crea milagros como internet y programas de mensajería instantánea, te hace creer que necesitas trabajar más horas, que necesitas más dinero y eso te hace perder el foco verdadero de la vida, lo que realmente nos hace felices, que es el compartir y el formar parte de un grupo de personas.

-Una marca de tés usó el eslogan practica el yoísmo. ¿Cree que lo que necesitamos es exactamente todo lo contrario? ¿Menos yo y más nosotros?

—Creo que, tal y como he dicho anteriormente, existen los grises. Necesitamos querernos en primer lugar a nosotros mismos y valorarnos para poder dar lo mejor al resto de personas. El problema de estos mensajes es cómo se interpretan. No debemos de caer un egoísmo puro. Tener amor propio no significa desprecio a las demás personas. Por lo tanto, debemos de amarnos a nosotros mismos, pero enfocando este amor al resto de personas, principalmente a nuestros seres queridos, y a las personas que nos rodean.

-¿Qué opina del papel de las redes sociales en el fomento de ese yoísmo?

—Debemos de entender que vivimos en una sociedad interconectada, donde es casi imposible vivir aislados. Pero, al mismo tiempo, esa conexión nos hace estar aislados del momento presente que compartimos con las personas que realmente están a nuestro lado físicamente. Creo que sí, que la mayoría de personas viven en un mundo imaginado (una Matrix) que les hace desconectar de la realidad. Muchas personas viven en una ilusión simulada, que hasta ellos creen. Su vida virtual transcurre paralela a su vida real, la cual descuidan muchas veces, tal y como le sucede a Alonso Quijano, protagonista de la obra literaria de Miguel de Cervantes Don Quijote de La Mancha.

Pero no creo que el problema sean las redes sociales. El problema, como dije anteriormente, es el uso que le dan las personas a esas redes sociales. Bien usadas, pueden conectar a familias, amigos o personas con nuestras mismas afinidades. Mal usadas pueden hacernos caer en la indiferencia hacia las personas más cercanas a nosotros.

Bien usadas, las redes sociales pueden conectar a familias, amigos o personas con nuestras mismas afinidades. Mal usadas pueden hacernos caer en la indiferencia hacia las personas más cercanas a nosotros.

-¿Cree que la eclosión del coaching se debe a que el ser humano ha descuidado lo emocional o incluso la espiritualidad? 

—Creo que no. Creo que, por el contrario, la eclosión del coaching pasa porque las personas vivimos en el mejor mundo de los imaginados. Por fin tenemos nuestras necesidades básicas cubiertas, tal y como explico en el libro, mediante la pirámide de Maslow. Por tanto, y también gracias a la automatización de los procesos industriales y de servicios, las personas tienen más tiempo para dedicarlo a áreas más profundas de la vida. Las personas sienten que solo lo material no las hace felices. Sienten un vacío grande y acuden a especialistas, de diferentes ámbitos, no solo el coaching. Las personas sienten que existe algo más, algo más profundo, incluso con los temas emocionales. Quizá todo esto pueda parecer postureo, pero algo está cambiando en la sociedad y en las empresas.

-Hay muchos libros de autoayuda, pero usted subraya que el suyo va más allá de esta etiqueta. ¿Por qué?

—Bueno… Creo que todos los libros de autoayuda nacen con la mejor intención de ayudar a las personas. Digo que mi libro va más allá porque nace desde el corazón. Noto cierta tendencia, en muchos libros de autoayuda, a aparentar que ayudan a encontrar una vida completamente feliz. Eso no existe: a veces en la vida hay reveses que ninguno de nosotros podemos controlar. Por tanto, mi libro va más allá: se trata de despertar e interiorizar, aprender de la vida y de los errores para amar la vida. Todo lo que digo son cosas que yo mismo aplico en mi vida. Soy mi propio conejillo de indias [ríe].

-Entonces no pregona eso de “conseguirás todo lo que te propongas con esfuerzo”.

—Yo no digo, ni pretendo hacer creer, a las personas que pueden conseguir todo lo que se propongan. Soy coach y en el coaching trabajamos la realidad, es decir, una realidad que generalmente es subjetiva. Por tanto, lo que predico en mi libro es que debemos de soñar y aspirar a más, intentando hacer lo que esté en nuestra mano por lograrlo, lo cual no quiere decir que podamos conseguirlo al 100%. Pero sí vamos a estar mejor si intentamos cambiar hábitos. La idea es simple: hacer lo que esté en nuestra mano para dar lo mejor de nosotros, escogiendo objetivos y dividiéndolos en metas asumibles, para finalmente llegar al objetivo final. Haciendo una comparación futbolística, esto es como el partido del Ibiza UD contra el Barcelona. No ganamos, pero estuvimos a punto. En este caso, si los jugadores del Ibiza no hubieran estado motivados, el resultado del partido hubiera sido mucho más negativo. Por el contrario, gracias al esfuerzo del entrenador y de todos los jugadores, estos casi ganan. Esto es a lo que me refiero con la idea de luchar con fuerza. A veces, una derrota cuando uno lo ha dado todo, vale más que ganar. Desde el coaching, ayudamos a gestionar esa aversión a la frustración.

Si los jugadores del Ibiza no hubieran estado motivados en el partido contra el Barça, el resultado del partido hubiera sido mucho más negativo. Por el contrario, gracias al esfuerzo del entrenador y de todos los jugadores, casi ganan.

-En el libro aborda la idea de que es posible reprogramarnos, es decir, todo lo contrario del famoso dicho ‘la gente no cambia’.

—Resulta que nuestro cerebro es moldeable y está preparado para cambiar. Ya lo decía Eduardo Punset a sus nietas: si un cubito de agua cambia de estado, cómo no vamos a cambiar nosotros. Nuestro cerebro es moldeable y podemos cambiar. El problema es la comodidad en la que nos instalamos y la pereza que nos produce cambiar de hábitos y hacer las cosas de forma diferente. Al cerebro le atemoriza lo nuevo. Pero con fuerza de voluntad podemos enseñarnos a nosotros mismos maneras diferentes de hacer las cosas.

Por tanto, las personas pueden cambiar, quizá no de un día para otro, pero pueden. Existen innumerables casos de personas que han estado al borde la muerte y que han dado un giro de 180 grados a su vida. Si nos planteáramos que podemos morir en cualquier momento seríamos capaces de darnos cuenta de que la rigidez no sirve para nada.

-Como graduado en Turismo y experto en coach empresarial que es, le propongo un reto: ¿cómo cree que la industria turística ibicenca debería afrontar una posible crisis derivada del descenso de reservas que puede ocasionar la crisis del coronavirus? 

—Quizá desde mi lugar pueda parecer muy sencillo dar opiniones, porque mayor reto es actuar. La respuesta es siendo adaptativos y previsores.

Debemos de hacer un análisis de nuestras debilidades y fortalezas, además de mirar más a largo plazo.

En primer lugar, fomentando la oferta complementaria durante todo el año (para desestacionalizar); en segundo lugar, fomentando otras industrias que nos provean económicamente de sustento para mantener nuestra querida isla y a las personas que vivimos en ellas. Además creo que deberíamos mirar por la sostenibilidad y la agricultura local, fomentado los productos de kilómetro cero. Además, en vez de pensar tanto en atraer a turistas de destinos europeos, pensar en atraer también turistas españoles. El problema es que, incluso en nuestro propio país, nos conciben como un destino de noche, sin oferta complementaria de día.

Añadiría también que los gobiernos locales deberían trabajar en leyes para proteger a las personas que trabajan en el sector turístico o que dependen indirectamente de él, que somos todos. Problemas como la falta de vivienda o el intrusismo en distintos sectores hacen mella en la temporada: en la calidad de servicio que se presta a las personas que nos visitan o en el trato personal que nos damos entre nosotros mismos (los ibicencos) durante la temporada.

Creo, de todos modos, que hay instituciones y empresarios que lo están haciendo bastante bien y creo que somos un ejemplo de destino camaleónico que sabrá adaptarse y reinventarse. Tan solo necesitamos desprendernos de algunos estereotipos que tenemos asignados, como destino de noche que somos y hemos sido durante muchos años.

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