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Juanjo F. de Oviedo sigue vivo, por Mariano Ripoll

Juanjo F. de Oviedo, en sa Blanca Dona

Estaba yo el otro día confinado tras 8 meses por diferentes motivos cuando, de repente, se me ocurrió la brillante (o estúpida) idea de revisar los discos duros que va uno acumulando durante la vida.

En ellos encuentras cosas de lo más variado: desde un Luis Coria cantante a un Mariano Ripoll con pelo… Vamos, cosas que uno no creería que existieran si no lo atestiguaran vídeos y fotografías hechas en malas horas de la noche.

Sea como fuere, en uno de esos discos encontré un vídeo enternecedor para mi y para muchos amigos que participaron de la gesta como fue el primer ascenso del Gasifred Atlético a lo que entonces llamábamos División de Plata de Fútbol Sala. Era emocionante porque, aparte de lo que se ve en el archivo, se te inunda la cabeza de recuerdos de aquella época (muy dura por otro lado) y en la que se logró una gesta que pocos años antes se antojaba utópica.

Pues bien, a lo que iba. En una de las imágenes en las que el cámara hace un barrido por la grada me quedo sin habla y con lágrimas en los ojos al ver al mi adorado Juanjo Fernández De Ovideo. Ya le recordaréis, ese hombre que era Mayor (no de edad) del Ejército pero que siempre quiso ser periodista deportivo y lo logró con creces.

Cierto es que no trabajó en el Marca o el Mundo Deportivo, ‘sólo’ lo hizo en algún periódico local del norte de España y en el Decano de la prensa pitiusa, donde fue uno de los impulsores de la célebre fiesta del fútbol pitiuso.

El caso es que los recuerdos de vídeo del ascenso del Gasifred pasaron a segundo plano y mi mente se inundó de recuerdos de partidas de tute en la cafetería Milán, interminables torneos de petaco en la máquina que hacía fotos tipo Polaroid y millones de anécdotas, risas, momentos entrañables y otros que nadie creería porque de aquellas no existían los smartphones,  gracias al cielo.

Pero sobre todo recordaba aquellos últimos años de su vida cuando, ya viviendo en Toledo, gestionaba la web futbolpitiuso.com. Era tan bueno que podía hacer exclusivas sentado a mil kilómetros distancia. Pero lo mejor, lo mejor, eran sus artículos explosivos con los que levantaba llagas en la isla, insisto, estando a 1000 kilómetros.

En aquellos tiempos, los comentarios a los artículos se hacían en tiempo real, sin censura y totalmente anónimos, por lo que Juanjo (al que me gustaba llamar ‘antihipócrita’) no solía salir bien parado. Hijo de puta (hay que decirlo más) era lo menos agresivo que se podía leer al pie de sus artículos.

Y llegó el triste día en que hizo pública su enfermedad, el puto cáncer que me lo arrebató a mi y a otros muchos que le adorábamos. Ahí los comentarios subieron de tono y, normalmente, fuera cual fuera el tema de su columna, el primer revés solía ser del tipo “Ojalá ese cáncer acabe contigo pronto”. Yo, indignado como cualquier persona con un mínimo de sensibilidad y más siendo mi AMIGO, me ponía a despotricar como un animal a esos exabruptos.

Lo mejor, como os decía, es que 5 minutos después me llamaba el propio Juan José Fernández Fernández, ak Juanjo de Ovideo, para decirme que no me calentara tanto con el comentario del cáncer, ya que lo había puesto él mismo para animar el foro de discusión…

Te echo, te echamos, mucho de menos, amigo y, sobre todo, porque tu marcha nos dejó huérfanos de aprender muchas cosas como esa de reírse de la vida y de los tontos. Como escribí cuando te fuiste, “las personas no mueren cuando fallecen si no cuando se las olvida, y por eso siempre estarás aquí”.

Te queremos, Juanjo.

Por Mariano Ripoll

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