Rupturas de pareja: la importancia del cómo, por Joan Escandell Salvador | Noudiari.es

Rupturas de pareja: la importancia del cómo, por Joan Escandell Salvador

Joan Escandell.

Joan Escandell / Solo lo que sentimos y lo que nos hace sentir la compañía y la convivencia con nuestra pareja puede determinar si decidimos continuar dando pasos adelante en el viaje compartido, o por contra  hay que replantearse cambiar y negociar nuevos acuerdos; o bien cuando tenemos claro lo que sentimos, poner punto y final lo mejor posible a la relación.

En este post me estoy refiriendo a aquellas relaciones en las que ha primado mayormente el respeto y el trato satisfactorio entre las partes durante la mayor parte del tiempo, no a otro tipo de relaciones más turbulentas, que por desgracia, también son frecuentes.

En primer lugar, debemos reconocer, que no siempre somos capaces de cumplir lo que creemos poder prometer o poder realizar, tal vez porque en momentos de la relación más iniciales se nos abre un abanico de muchas expectativas y ilusiones; ese viene determinado por el momento de cada uno y su historia personal y sentimental y también por las propias carencias de cada uno.




Ahora bien, cuando uno promete mucho, y tira de la otra persona para que esta vaya logrando un mayor compromiso, y esta accede a ir dando más, pueden aparecer sentimientos muy complejos de elaborar de rabia, decepción y desengaño, cuando aquel que más ha tirado, se retira sin demasiada explicación, sobre todo cuando es muy repentino y no queda bien construido e historiado para la parte que es dejada.

Por supuesto hay que asumir las decisiones, en este caso de dejar una relación, que toma cada persona, en el momento en que esta libremente lo decida.

Ahora bien, a veces es casi más importante “el como” que la propia ruptura.

Si la persona que deja al otro después de haberlo azuzado, a veces de manera insistente; no entiende que esta ahora necesita de un proceso de duelo, dado que se ha vinculado y ha ido entregando de la mejor manera que podía -seguramente también haciendo frente a sus dificultades y posibilidades- el cierre se complica.

La persona dejada puede tener la dolorosa sensación de haber sido convocada a unas expectativas que abruptamente se cortan y se terminan sin que haya nada que pueda explicarlo demasiado.

Puede deberse a los fallos y temas internos por resolverse de la persona que deja, pero aún así, uno, aunque tenga muy claro que no quiere continuar, y esa es la máxima que todos deben respetar, debe tener en cuenta que sus actos y comportamientos afectan a los demás, y que según sean estos, las persona dejada se puede sentir acompañada y más o menos triste, o abandonada, decepcionada y dolida, si quien hubo de prometer y construir desaparece de repente sin acompañar ni un poco a la persona dejada en el proceso de duelo.

Bastaría con disculparse, reconocer que no es estaba preparado, que se depositaron demasiadas expectativas, que no prendió la llama tanto como se había pensado… Pero me parece fundamental tratar con mucho cuidado lo que el otro que ha ido profundizando nos ha entregado, dado que ha sido valiente y se ha comprometido a ir dando lo más delicado de su ser. Hacerle llegar que, aunque sea duro aguantar el tipo ante su decepción y dolor,  reconocemos su decepción y que quizás la persona que deja en este caso no ha estado a la altura, y que la consideración y el respeto que se siente hacia la persona a la que se instó a iniciar un proyecto es muy importante, e importante también lo que se ha compartido juntos.

También creo que es necesario que el que ha abandonado, si desea una relación de amistad, deberá ganarse la confianza de nuevo de la persona dejada ten repentinamente, dado que cortando de golpe y sin ni siquiera acompañar un poco así se quiebra la confianza esencial que se tiene en la persona, que tal vez días atrás se despedía del abandonado con un sonoro “te quiero” y sin rastro de dudas para el otro.

De no hacerlo así, queda toda la tarea por construir en solitario para la persona dejada, que por supuesto, siente que sus sentimientos le son absolutamente indiferentes al otro, y duda de lo que en realidad compartieron aunque pareciera sincero en aquel momento.

Hay quien aparece después, cuando ya ha pasado la tormenta, habitualmente por no tener la valentía de sostener las reacciones de dolor del otro, totalmente necesarias, y vuelve a aparecer como si nada hubiera pasado, después de no haber querido hacerse cargo de nada de lo que implicaron sus -respetables- decisiones.

Borrarse del sufrimiento del otro, no escuchar, acompañar, hace sentir al que es dejado que no le importa nada a la otra persona, ni siquiera para preocuparse por ella un poco. En mi opinión es una muestra de egoísmo de falta de valor, de cobardía, que nos hace dudar si realmente la persona que estuvimos conociendo era quien pensábamos

¿Quién va a poder querer confiar en una persona así para una amistad?

Pues nadie, a no ser que haya un proceso de enmienda y de hacer sentir a la persona dejada que se valora mucho su amistad.


Joan Escandell Salvador. Psicólogo colegiado B-01894. Autor del blog psicoeivissa.blogspot.com.

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