Yo ya tuve bastante, por Oti Corona | Noudiari.es

Yo ya tuve bastante, por Oti Corona

Llegó a España muy jovencito y se casó con una chica extranjera. Es un anciano afable y cordial que disfruta sermoneando sobre la honradez, el esfuerzo y la responsabilidad. Empezó en los 70 sin un duro en los bolsillos y a día de hoy posee una inmensa fortuna. Aún recuerdo cuando sus hijos eran pequeños, cómo les gustaba salir todos endomingados, lo guapos que eran y lo arregladitos que iban siempre. Parecían felices, aunque él no era tan afectuoso en privado como solía mostrarse en público. Alguna vez se le ha visto abroncando a su mujer o a sus empleados y se ve que tiene la mano floja a la hora de soltar algún guantazo.

Es de misa diaria pero le gusta más quitar bragas que a Torrente. Un canallita. Se le han conocido ya varias amantes y con algunas ha acabado regular. La más sonada fue una muy jovencita, casi una niña, que se mató cayéndose por un balcón. Corría el rumor de que estaba en estado. Una lástima. Su esposa se ha pasado la vida fingiendo no darse cuenta de nada. Digo yo que algo tendrá ella por ahí también, me da que esto es como la anécdota del Lazarillo con las uvas.

Siendo un crío, mató a su hermano por un disparo accidental, aunque tan trágico suceso no menguó su afición por las armas. Uno de sus hobbies de toda la vida ha sido el de cargarse, por diversión, animales indefensos. Por ejemplo, elefantes. Nos aseguró que lo siente mucho, se equivocó y no volverá a ocurrir. No volverá a ocurrir lo del elefante, se entiende. Y no sé si es porque lo siente mucho o porque ya con 82 años no va a atinar el tiro por más que le adormezcan a la pobre bestia. Lo del elefante destapó todo lo demás, ya saben: comisiones, Arabia Saudí, Corinna.

Este individuo ha sido Rey de España y no pasó semana en sus 40 años de reinado sin que los medios nos vendieran su figura como la de un tipo simpático, sencillo, preocupado por sus súbditos, un hombre de familia, uno más del pueblo. Un campechano. Ahora que no hay forma de tapar que Juan Carlos tiene un carácter iracundo, que es un hipócrita y un déspota, que le importamos todos un pepino y que muy probablemente ha usado su cargo para forrarse, los esfuerzos de buena parte de la prensa se centran en distanciarlo de su hijo y heredero y en convencernos de que Felipe VI es un tipo simpático, sencillo, preocupado por sus súbditos…Bueno. Todo el rollo de la campechanía. Otra vez.

Lo cierto es que Felipe ha demostrado en más de una ocasión haber heredado el genio de su padre y que cada día resulta más difícil separarlo de los tejemanejes económicos que inició Juan Carlos con la monarquía saudí. Un amigo íntimo de Felipe y Letizia, Javier López Madrid, fue condenado por el caso de las tarjetas black, asunto que se queda pequeño en comparación con el acoso denunciado por la doctora Elisa Pinto. La doctora Pinto denunció que la había apuñalado en el vientre, en plena calle y en presencia de su hijo un hombre al que más tarde reconocería como el comisario Villarejo; este habría actuado a instancias de López Madrid, el compi-yogui de Letizia. Con este tipo de gente se codean los reyes de España.

Espero que, sabiendo todo lo que sabemos, nos decidamos de una vez a devolver la realeza al baúl de los recuerdos en el que reposaba antes de que Franco volviera a colocarlos donde están. No soportaría cuarenta años de “yo no soy monárquico, soy felipista”, que ya tuve bastante con aguantar a los juancarlistas.

Oti Corona

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