Rebecca Beltrán: "La emperatriz Sissí llevaba dentro a una antisistema" - Noudiari.es | Noudiari.es

Rebecca Beltrán: “La emperatriz Sissí llevaba dentro a una antisistema”

Laura Ferrer Arambarri / Isabel de Baviera, la emperatriz Sissí, es uno de los personajes históricos más maltratados por el cine y la literatura. Todos le ponemos el rostro de Romy Schneider en las películas que la inmortalizaron y en las que era poco más que una niña mona e ingenua luciendo fastuosos vestidos. La literatura tampoco le ha hecho especial justicia: en muchos libros ha quedado retratada como una histérica obsesionada por mantener una cintura de cincuenta centímetros y que pasaba horas cepillándose el pelo. Por eso es todo un descubrimiento leer la biografía que la ibicenca Rebecca Beltrán ha escrito para la colección Poderosas de RBA: Una mujer poliédrica, llena de matices, con ideas propias y sorprendentes para una monarca. Tras adentrarse en la biografía de Frida Kahlo y mientras prepara la semblanza de la no menos apasionante Cristina de Suecia, Beltrán desgrana en esta esta entrevista algunas de las claves de un personaje fascinante. El libro sale a la venta mañana.

Rebecca Beltrán, autora de la biografía.

¿Ha hecho mucho daño el cine de Ernst Marischka a la figura de Sissí con las famosas películas protagonizadas por Romy Schneider?

Ha hecho todo el daño del mundo. Sissí es una de las reinas más conocidas de la historia pero la imagen que casi todo el mundo tiene de ella, que viene del cine, no tiene nada que ver con el personaje real. Todo es falso salvo el trono que ocupaba, el imperio al que pertenecía y la época histórica que vivió. Han adelgazado la figura de una mujer hasta el punto de convertirla en una especie de caricatura: la niña hermosa, inocente, ingenua… un poco tosca y simplona, incluso, frente al refinamiento de la corte. En el fondo era todo lo contrario.

Sissí es una de las reinas más conocidas pero la imagen que casi todo el mundo tiene de ella, que viene del cine, no tiene nada que ver con el personaje real.

¿Qué es lo que más le ha sorprendido de ella al investigar sobre su vida?

Sissí llevaba dentro a una antisistema. Pensaba que la república es mucho mejor que la monarquía, abogaba por los derechos de las clases trabajadoras y pensaba que si la aristocracia las seguía explotando un día acabarían revolviéndose contra ella. Incluso tenía ideas ecologistas porque veía que se empezaban a destruir algunas zonas naturales y que eso iba a llevar a la destrucción del patrimonio medioambiental. Lo que más me sorprendió es que esta señora, con estos vestidazos y esos retratos con la melena adornada con estrellas de diamantes, era una especie de antisistema metida en la corte de Viena.  

¿Cómo se descubren los matices de un personaje tan estereotipado como este?

Por suerte, a partir de los años 80-90 empezaron a salir biografías mucho más fidedignas. En las anteriores, de los años 40-50, el personaje es totalmente maniqueo. No es el de las películas, ni siquiera es ese personaje dulce o infantil, sino que es aún peor. Describían a una mujer que nunca se preocupó por la política y a la que solamente le obsesionaba qué vestido ponerse para ir al baile. Eso es totalmente falso. Como figura histórica, Sissí ha sufrido dos ataques: Uno desde el cine, que la ha simplificado hasta un nivel odioso, y otro desde los propios historiadores que no querían darle a esa mujer la importancia que tuvo en la creación del Imperio austrohúngaro o la relevancia que tenían sus ideas, mucho más liberales que las de su marido. Para despojarla de ese valor intelectual lo que hicieron fue presentarla como una histérica que solamente se preocupaba por su apariencia. Le echaron en cara que ella abandonaba a sus hijos y al emperador. Es el estereotipo de la abandonadora de familias, cuando, en el fondo, lo que hacía era huir para seguir viva.  

Otra reina con una terrible fama de frívola es Maria Antonieta y, sin embargo, hay biografías como la de Zweig que ofrecen muchos más matices y profundidad. ¿Por qué se tiende a frivolizar la figura de determinadas reinas?

Un retrato llamativo de Sissí, natural y con el pelo suelto.

Tienden a simplificar porque, en el fondo, lo que querían los historiadores era hacerla encajar en el estereotipo. En el caso de Sissí, se salía de ese estereotipo con un comportamiento mucho más rebelde, liberal o visionario que el de su marido. Francisco José no dejaba de ser el último bastión de absolutismo más rancio mientras que ella iba mucho más allá. Tenía una visión política mucho más valiente e intuitiva que él: su intervención en la creación de la monarquía dual facilitó que Hungría no se desgajara del Imperio austrohúngaro en el siglo XIX… Ella salvó los muebles de un imperio en descomposición, pero eso se ha dejado de lado. 

Sissí tenía una visión política mucho más valiente e intuitiva que la del emperador Francisco José

Su vida empieza como un cuento de hadas, pero pronto vemos que la realidad del palacio es un infierno. ¿Es inevitable comparar a Sissí con Diana de Gales y más ahora que ha vuelto a los medios con la serie The Crown?

Hay un montón de similitudes pero no solo en este caso. Cuanto más conozco de las monarquías y de su forma de funcionar veo que es un patrón que se ha repetido históricamente: El rey o el emperador que se encapricha de la niña jovencita, hermosa y manipulable a la que le venden una especie de vida dorada que resulta ser una trampa.  Cuando ella se dio cuenta de que la única importancia que tenía en la corte radicaba en su útero se revolvió contra eso. Para ella fue tremendo darse cuenta de que para lo único que ella valía era para tener hijos. Todo lo demás les daba igual. No querían que opinara, que interviniera. Lo único que les importaba era su útero… y ella se negó. ¿Qué soy yo? ¿Simplemente la facilitadora del recambio en el trono? Estudiando vidas de reinas me he dado cuenta de que la maternidad en la monarquía ha sido un tema de mucha mayor importancia de la que yo me imaginaba. Hay reinas que se han negado a ser madres y eso ha arruinado sus vidas. No nos engañemos, hoy en día también pasa. Por eso cuando veo alguna de las reinas contemporáneas participar en foros feministas o de derechos de las niñas se me escapa la risa porque son el estamento menos feminista de la historia. A lo largo de la historia de las monarquías, las reinas han sido simplemente vehículos a través de los cuales garantizar la perpetuidad de ese trono. 

Cuando veo alguna de las reinas contemporáneas participar en foros feministas o de derechos de las niñas se me escapa la risa porque son el estamento menos feminista de la historia.

Una idea que aparece en el libro es que, como no la dejaban opinar, usó su presencia, su aspecto, como herramienta.

Tenía todas esas ideas revolucionarias y liberales en cuanto a política. Se quería implicar pero lo descartó cuando vio que era imposible. Era muy inteligente y se dio cuenta de que su principal baza era el aspecto que tenía. Reparó en que ella era la mejor campaña de promoción de la corona austrohúngara en toda Europa. Era la reina más bella, todo el mundo quería verla, había leyendas sobre ella, cuadros… Fue consciente de que ese era su valor principal y por eso fue esclava de eso toda la vida. Durante un tiempo usó su belleza como una herramienta para conseguir otras cosas. Pero para ella eso fue una carga. Ella se quejó a una de sus damas de compañía de que el pueblo no la quería sino que la admiraba y de que se sentía como un mono de barraca. Cuando dejó la barraca atrás fue una liberación para ella. 

La Sissí madura, vestida de negro, que oculta su rostro…

Esa etapa de su vida supone un descenso a los infiernos y, a la vez, despojarse de todas las obligaciones que había tenido toda la vida. Ella nunca dejó de vivir como una reina. Vivía con sus damas, con su peluquera… pero a partir de ahí comenzó a viajar y Mallorca fue uno de los sitios donde regresaba a menudo porque tenía allí a su primo, el archiduque Luis Salvador. Le encantaba viajar, aunque más que viajar, lo suyo era una huida constante. En Viena nunca se sintió bien. 




Para ella fue un gran alivio dejar de ser tan bella. A partir de cierta edad decidió cubrirse el rostro y vestir de negro. Y con respecto a su imagen… Ahora, visto con perspectiva y con tiempo, se puede concluir que el comportamiento que tenía y las recaídas de salud que sufría estaban relacionadas con la desnutrición. Era una mujer de metro setenta y dos que se alimentaba exclusivamente de jugo de carne y que pasaba todo el día haciendo ejercicio. Obviamente estaba desnutrida para tener una cintura de cincuenta centímetros. Por otro lado, cada vez que se alejaba de Viena se ponía mejor. Eso es anorexia nerviosa. Ya no por querer estar más delgada sino porque en Viena se sentía tan mal que no podía ni comer. La mujer de esos cuadros maravillosos, con esos vestidos y esa cinturita, era una mujer enferma. No nos olvidemos de ello. 

Solo importan los vestidos de Sissí y no las opiniones… y eso sucede también con la reina Letizia y otras reinas o princesas. 

Cuando la reina Letizia acude a un lugar a dar un discurso lo que se comenta es si lleva un traje de Hugo Boss o de Carolina Herrera. Nunca he escuchado que cuando el rey da un discurso se comente si el traje era de uno o de otro. Esto no es culpa nuestra sino culpa de la monarquía porque es difícil saber cuál es su otra función, además de la decorativa. Es el último estamento que nos puede hablar de feminismo o de derechos de las mujeres. 

Sissí hace gala de una modernidad sorprendente con decisiones como propiciar y alentar la relación de Francisco José con su amante, Katharina Schratt, para que él esté feliz y tranquilo. 

Es más, fue ella la que hizo de celestina. No es que lo permitiera sino que lo favoreció. Vio que él estaba ilusionado con esta chica e hizo que se encontraran en el estudio de un pintor. Cosas que hoy en día serían súper modernas ella ya las hizo en el siglo XIX. Francisco José era todo lo contrario a Sissí. No era nada culto ni espiritual, era un tío bastante simplón. Pero en el fondo ella le tenía cierto cariño. Como lo que le gustaba a Sissí era viajar e irse de Viena, cuanto más lejos y más tiempo mejor, tenía que buscar una manera de que él se entretuviera y no se sintiera solo. Y no le importó, hasta el punto que le dijo a una de sus hijas que, si ella se moría, hiciese todo lo posible para que su padre se casase con Katharina Schratt. Más moderna no se puede ser. 

Pidió también que quemaran todos sus diarios… 

Eso sí que hubiera sido dinamita. Ella llevaba diarios desde niña. Las ideas que tenía eran republicanas, liberales, anti aristocráticas… no diré socialista pero sí pro obrera y con sensibilidad hacia los derechos de unas personas que en ese momento importaban poco. ¡Hasta estaba en contra del matrimonio! Era alguien que creía en el amor pero no en el matrimonio. Esto pensaba toda una emperatriz. 

¡Hasta estaba en contra del matrimonio! Era alguien que creía en el amor pero no en el matrimonio. Esto pensaba toda una emperatriz. 

Pero si sus diarios fueron destruidos, ¿cómo han llegado a nuestros días sus ideas?

Por los diarios que llevaban sus damas de compañía, por toda la correspondencia que escribió a lo largo de su vida y por algo todavía más importante: toda su obra poética. No era una poeta espectacular pero sí era alguien que desde niña había escrito poesía. Era una de las mayores expertas en Heinrich Heine. En sus poesías ella canalizaba todas sus frustraciones: la frustración de encontrarse sola, la frustración de ver que le habían vendido un sueño que no era real, la frustración de ver cómo se iba Austria-Hungría al garete y de ver que su marido no hacía caso a sus ideas y consejos. La poesía fue una especie de diario o de vehículo en el que ella canalizaba todas estas ideas. Es cierto que tener sus diarios habría sido espectacular. Pero la amiga que los quemó siguiendo su voluntad hizo muy bien porque eso es lo que hace una gran amiga… pero al resto nos fastidió un poco [ríe].

Sus amistades femeninas se revelan como una de sus principales anclas, puntos de referencia y consuelo: Eugenia de Montijo, Irma Sztáray o la poco común amistad con un hombre, Gyula Andrássy, que no fue su amante, por mucho que se acusó a Sissí de ello.

Ella se saltó todos los protocolos. No entendía el protocolo de la corte de Viena y tampoco el protocolo de no mezclar clases sociales, no mezclar aristocracia con gente del pueblo. Ella hacía damas de compañía a chicas que no tenían rancio abolengo. 

¿Era impensable en la época?

Impensable. Para ser dama de compañía tenías que ser parte de la corte. Tenías que ser biznieta, nieta e hija de nobles. Entre las jóvenes de más alta alcurnia se elegía a algunas afortunadas. Pero ella no. Desde niña había jugado con niños de las granjas donde se crió. Es cierto que descendía de nobles, sobre todo por la parte materna, pero se había criado en un ambiente rural, tranquilo y relajado. Por eso su encuentro con Eugenia de Montijo derivó en amistad. La gente hablaba de rivalidad porque las dos eran las más guapas de toda Europa: que si los peinados que llevaban, que si los vestidos… Pero de rivalidad nada, al revés, fueron grandes amigas. 

Eso de las comparaciones y la rivalidad pasa hoy constantemente con Letizia, Rania de Jordania…

Sí, se enfatiza una falsa idea de enfrentamiento. Sissí fue amiga de Eugenia de Montijo y de Isabel de Wied, una reina rumana híper culta, traductora, poeta, ensayista que escribió un montón de obras con el pseudónimo de Carmen Sylva. Eso sí, al resto de reyes y reinas de Europa los ignoraba. Los españoles le importaban bien poco y le parecían un tostón porque ella buscaba gente interesante, inteligente. Las clases sociales, los apellidos y los títulos le daban exactamente igual. 

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