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Eurovegas en Ibiza, por Pepe Roselló

Hace unas semanas, con 87 años, murió Sheldon Adelson, el magnate  norteamericano que quiso construir aquel famoso complejo llamado Eurovegas, que iba a convertir Madrid en la nueva capital mundial del turismo de casinos. Adelson, que era el mayor empresario del juego en el mundo, negoció primero con Artur Mas, que le ofreció instalar Eurovegas en el Baix Llobregat, pero acabó  decidiéndose por Esperanza Aguirre.  

En el año 2013, la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid le propuso ocupar unos terrenos a las afueras de la capital y disfrutar de ciertas ventajas  fiscales. España estaba en plena crisis y su proyecto representaba una inversión de 18.000 millones de dólares y la creación de 92.000 puestos de trabajo, en un complejo que tendría seis casinos y doce resorts. Sin embargo, nunca llegó a ponerse un ladrillo. Las exenciones fiscales y de todo tipo que imponía Adelson, que hasta pretendía saltarse la Ley del Tabaco para que sus clientes pudiesen fumar, acabaron hundiendo el proyecto.  



El magnate se equivocó de lugar. De haber aterrizado en Ibiza y con el apoyo de  los socios adecuados, hoy tendría su Eurovegas en la isla. Aquí, como veremos, habría encontrado parte de las ventajas que pretendía y la indolencia necesaria de las administraciones locales para funcionar a su libre albedrío. 

Si hablamos, por ejemplo, de ventajas fiscales, habría recibido este regalo inesperado. En el Boletín Oficial del Estado del lunes 6 de agosto de 2012  aparecen unos cambios y modificaciones de los tipos impositivos del IVA. El  nuevo valor añadido establecido afectaba lo mismo al sector del ocio que al de los  invernaderos, que debían aplicar un IVA del 21% para plantas ornamentales como cactus y palmeras, mientras que árboles frutales y plantas hortícolas y aromáticas tributaban al 10%. Comprensible, pues unas alimentan la vista y las  otras el sector primario, de necesidad perentoria.  

En el apartado tercero, donde se definía el tipo impositivo aplicado a los servicios mixtos de hostelería, se decía lo siguiente: “El mismo criterio de acomodo a la directiva comunitaria ha determinado la nueva redacción del artículo 91.Uno.2.2.o de la Ley del Impuesto, en la que la interpretación literal de la aplicación del tipo reducido del 10%, a partir de 1 de septiembre de 2012, a los servicios de hostelería, acampamento, balneario y de restaurantes, exige excepcionar de la aplicación de dicho tipo a los servicios mixtos de hostelería, espectáculos, discotecas, salas de fiestas, barbacoas y análogos, que a partir de dicha fecha pasan a tributar al tipo general del 21%”. 

Si asociamos las peculiaridades impositivas que se establecen entre el gremio de la jardinería y lo proyectamos sobre los servicios mixtos de hostelería, encontramos que el gravamen del 21% se corresponde a la actividad musical en horario nocturno que se desarrolla en estos establecimientos en régimen de espectáculo publico. Sin embargo, la hostelería en general continua con el tipo reducido del 10%. Esto da lugar a que, a partir del 1 de septiembre del 2012 y hasta el 31 de diciembre de 2016, estas figuras impositivas permanezcan vigentes. Con esta norma, el conjunto del ocio nocturno ibicenco soportó durante cuatro años un gravamen superior a 100 millones de euros que se habría ahorrado si hubiese podido tributar al 10%, como hacía el hotel-discoteca y otros  establecimientos diurnos que ofrecían exactamente el mismo producto de  espectáculo musical, amparándose en la actividad hotelera para evitar este  incremento y hurtando competitividad y beneficio a sus competidores nocturnos. 

Esta fórmula polivalente del hotel-restaurante-discoteca ha creado un enorme estrés en todos los sectores turísticos”

El tiempo, asimismo, nos ha demostrado que el magnate Adelson, además de ventajas fiscales como ésta, habría podido plantar aquí sus pantallas gigantes y sus coloridos neones, consustanciales al lujo chabacano de Las Vegas. Si en una isla tan profundamente vinculada a la naturaleza y a la maravillosa sencillez de las casas payesas, alguien nos hubiese dicho hace treinta o cuarenta años que acabaríamos contagiados por esta desmesura estética y conceptual, le habríamos invitado a visitar al psiquiatra. 

Esta fórmula polivalente del hotel-restaurante-discoteca ha creado un enorme estrés en todos los sectores turísticos. El nuevo modelo, sin embargo, no solamente pretende retener a sus clientes día y noche, sino que también persigue y consigue captar la clientela de los demás en desleal competencia con sus iguales. 

Hace un par de meses llegó a las librerías el volumen ‘Balearic’, de obligada  lectura para los amantes de la música, pues ofrece una visión completísima del nacimiento y evolución hasta nuestros días de la industria del ocio en la isla, mediante el testimonio de un centenar de protagonistas directos. Ver cómo se van modificando las costumbre sociales y culturales a lo largo de los últimos 40 años es de sumo interés y permite comprender cómo la música va imprimiendo un sello de autenticidad a la isla, una marca propia que la hace única en el mundo, y cómo este concepto se devalúa a marchas forzadas con la irrupción del ocio diurno. 

Los autores del libro, Luis Costa y Christian Len, merecen el mayor de los  aplausos. Tanto por la inmensidad del trabajo acometido como por esbozar la realidad de un sector, con sus gloriosos éxitos y sus más sonados fracasos. De entre sus casi 600 páginas, rescato esta cita textual del empresario Andy McKay 

(p. 443), en el momento en que explica cómo pudieron montar un espectáculo propio de una discoteca en el hotel Mallorca Rocks: “Mallorca era mucho más rígida y legal, así que tuvimos que conseguir la licencia. Matutes nos ayudó como socio cuando Carlos Delgado instauró las nuevas leyes turísticas. Eso nos permitió legalizar Mallorca Rocks, Ibiza Rocks y Ushuaïa”. 

La música no puede ser utilizada como argumento para iniciar la próxima  temporada turística convocando a un tipo determinado de público en detrimento de un turismo familiar y cultural

El diccionario define “oligopolio” como una forma de mercado imperfecto  caracterizado por la presencia de pocas empresas cuyas decisiones tienen un impacto directo en la marcha económica de las empresas rivales. ¿Existe una fórmula más acertada para describir lo que está ocurriendo en Ibiza con el ocio diurno y los tejemanejes del lobby que lo promueve? 

La música no puede ser utilizada como argumento para iniciar la próxima  temporada turística convocando a un tipo determinado de público en detrimento de un turismo familiar y cultural; el Covid-19 va a imponer su ley. El día que esto termine, todos los sectores que inciden en el turismo han de encontrar el marco de sus actividades regulado tanto de día como de noche. Tenemos que firmar una paz social con el medioambiente y de nosotros mismos con la naturaleza. El ayuntamiento de Sant Antoni, en el pleno del 28 de mayo de 2020, instó al Consell Insular a regular los clubes de playa y las actividades pendientes de regulación y hasta ahora silencio como respuesta por parte del Consell. 

A esta falta de orden y reajustes que impidan los actuales agravios comparativos, se suma la sentencia dictada por el Tribunal Superior de Justicia de Baleares, del pasado 28 de octubre de 2020, que lo cambia todo. Dicha decisión establece unas nuevas reglas del juego, que más pronto que tarde se tendrán que respetar, ya que prohíbe que puedan confluir contemporáneamente en un espectáculo celebrado en un hotel, público exterior con los propios clientes de dicho alojamiento. Esta  sentencia tampoco ha merecido hasta ahora respuesta ni mención alguna por  parte del Consell Insular, que sí tiene las competencias que le obligan, pudiendo  derivar esta situación en un gran conflicto. 

El miércoles, día 3 de febrero, apareció en televisión el director insular de Turismo para asegurar que la industria ibicenca está preparada para empezar en 24 horas una vez se produzca el pistoletazo de salida. Sin embargo, a la luz de la sentencia del TSJB del pasado octubre, teniendo en cuenta el contenido de la misma, no se podrán continuar realizando las mismas actividades que se venían desarrollando en el hotel, con participación de público exterior. Este asunto ha generado el más turbio y presuntamente fraudulento acontecimiento de nuestra democracia ibicenca y con Mallorca compartida, y todo ello con el conocimiento y consentimiento de la Administración. ¿Cuándo? Sí que es muy importante. 

Pero, ¿cómo se van a dar los primeros pasos? Ahí tenemos el gran problema. Como decíamos al principio, Adelson se equivocó en la búsqueda del lugar donde establecer su sueño. Eurovegas ya existe y desde hace tiempo está en Ibiza. 

Pepe Roselló

El fraude del ocio diurno cumple diez años, por Pepe Roselló

El filósofo romano Cicerón decía que la memoria disminuye si no se ejercita. Es  un buen consejo, pues sólo regresando a la raíz del problema se puede desenterrar  la causa del escándalo. Pronto se cumplirán diez años de la inauguración del  primer hotel-discoteca de Ibiza, que comenzó a funcionar en Platja d’en Bossa con una gran fiesta de apertura. Aquel evento fue la primera piedra de un nuevo modelo de turismo de fiesta y lujo en horario diurno, que ha acabado expandiéndose por toda la costa rompiendo el equilibrio y perjudicando gravemente a la mayor parte del mercado turístico, especialmente autónomos y pequeña y mediana empresa de lugares tan emblemáticos como el puerto de  Ibiza.  

Cuando aquello ocurrió en mayo de 2011, solo hacía tres años que el Consell Insular había cerrado los llamados “after hours”. Con la nueva normativa, ninguna sala de fiestas podía abrir antes de las 4,30 de la tarde. Además, las  discotecas de Ibiza ya habíamos tenido que afrontar una inversión enorme al  quedar obligadas a aislarnos acústicamente, teniendo que techar los locales. Los establecimientos asumimos estas medidas y saldamos unas cuentas pendientes con las instituciones y el vecindario por las molestias causadas.  

Pero esta paz aparente era ficticia. Alguien ya estaba manipulando y pactando un  nuevo concepto diurno con música exterior y con capacidad de hacerlo bueno extra legem, legalizando por costumbre aquello que no lo está por ley. Como defendía Maquiavelo, el fin justifica los medios. Y aquí el fin perseguido es mover ficha y hacer caja los primeros.  

Así fue como surgió la primera discoteca en la terraza de la piscina de un hotel,  ofreciendo al público los mismos espectáculos que el ocio nocturno y con la  ventaja de hacerlo con el formato “day-party” al aire libre. No solo representaba  un agravio comparativo, sino que además era un despropósito descarado. ¿Qué diferencia existe entre organizar una macrofiesta con música en un hotel o hacerlo en un descampado? Si dejamos al margen los impuestos, en ninguno de  los dos casos se cuenta con licencia de la actividad pertinente. El hotel, además de cobrar entrada a miles de personas no alojadas, comercializa sus habitaciones y servicios a unos precios desorbitados, en función de los artistas que actúan en su escenario. Y el valor añadido obtenido puede ser fraudulento.  

Entre la montaña de documentos que provocó aquella grosería burocrática, merece la pena recuperar un decreto de alcaldía del Ayuntamiento de Sant Josep, que leído hoy provoca más desconcierto. Tras la apertura, el 14 de julio de 2011 y estando de alcaldesa accidental Paquita Ribas por ausencia del recién elegido José Marí Ribas “Agustinet”, se aprobó el precinto de instalaciones del hotel discoteca, denegando además la solicitud para instalar una actividad permanente mayor de hotel y club, con un aforo de cerca de 5.000 personas.  

El decreto incluso mencionaba las quejas recibidas desde AENA por parte de pilotos de varias compañías aéreas que al aproximarse al aeropuerto quedaban deslumbrados por los destellos de la pantalla gigante del escenario. Hay que tener  presente de que nos encontramos en el año 2011 y la Ley turística del PP que podría dar cobertura a esta actividad aparece en el 2012. 

La empresa promotora de esta iniciativa se apoyó en una declaración responsable y, como no podía ser de otra manera, la alcaldesa accidental decretó el precinto de las instalaciones, máquinas y aparatos no autorizados que permitiesen celebrar eventos musicales en la terraza de la piscina. Dicha orden añadía que debía paralizarse toda actividad musical en un plazo máximo de 48 horas y se informó a la Policía Local para que velara por el cumplimiento del decreto.  

“Agustinet” regresó a su puesto de trabajo y la alcaldesa accidental dejó de serlo. El alcalde manifestó que iba a valorar los pros y contras de ejecutar el precinto, porque podía tener graves consecuencias económicas. No solo económicos fueron los perjuicios a terceros, sino que además aquella decisión permitió que esta actividad se perpetuara entronizando un nuevo modelo turístico en el que se han traspasado las actividades propias del ocio nocturno, para ejecutarlas en el exterior y al aire libre en horario diurno. La música utilizada como referente y argumento de esta nueva modalidad será el motor del cambio turístico que se ha producido en la isla hace ya 10 años.

El Tribunal Superior de Justicia de Baleares dicta una sentencia, con fecha 20 de  octubre de 2020, por la cual permite a un establecimiento de alojamiento  turístico la prestación de servicios complementarios sin necesidad de licencia. Pero destinados exclusivamente a los usuarios del alojamiento hotelero. Esta sentencia es como el milagro con el bautizo celebrado en las aguas del río Jordan porque vuelve a enmarcar en la ley una actividad que ha sido consentida durante diez años.  

Parece que esta vez por fin se ve luz al final del túnel. Además, ahora nos  preguntamos, ¿cómo se van a retomar las actividades turísticas en el momento que finalice la pandemia? ¿Cómo va a afectar esta sentencia a una situación heredada y motivada por una ley turística que ha sido interpretada caprichosamente en los distintos municipios de la isla? Por lo tanto, el problema ya no es cuando, sino cómo. Bajo mi punto de vista, solo cabe redimensionar todos los sectores en horarios, aforos y competencias, contemplando la realidad que nos dejará el Covid-19.  

El Consell Insular, como entidad institucional, tiene una superioridad moral en  el orden natural de las cosas, evocando la fusión de la naturaleza con el ocio.  Resulta que efectivamente el día ilumina con su propia música el disfrute de la  naturaleza: sol, mar, arenales, paisajes, colores… Esta armonía se ha visto  quebrada por un intrusismo ajeno. La noche se reserva para el arte de la música,  que brilla y alumbra con luz propia, hasta que termina y se suple con el alba.  

“Los consejos insulares, en su ámbito territorial y en el marco de sus  competencias, podrán regular, condicionar o prohibir, de manera debidamente  motivada, las actividades turísticas contempladas en este artículo.”  (Art. 60 de la Ley Turística del 2012)  

Pepe Roselló

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