Ibiza vuelve a mirarse al espejo del turismo masivo gracias —o por culpa— de un vídeo que se está viralizando en redes sociales.
La cómica ibicenca Irene Francolí ha publicado un reel que, con humor ácido y una crítica mordaz, pone en cuestión el modelo turístico de la isla: ese que genera miles de millones, pero deja a muchos de sus trabajadores viviendo en chabolas o expulsados de barrios «que ya no son barrios».
Francolí se apoya en titulares de prensa, datos económicos y vivencias personales para desmontar el relato del “milagro turístico”. “El turismo deja más de 4.500 millones de euros en Ibiza y Formentera”, recuerda haciendo referencia a un titular de prensa, antes de añadir con ironía: “Gracias, señor inglés, por escoger mi isla para tirarse [por el balcón]”.
La cara B del turismo aparece rápido en el vídeo: “Mientras dejaban esos milloncitos por aquí, 1.200 personas vivían en poblados chabolistas. Algunos siguen viviendo. Todo el año. Y tienen trabajo. Trabajo para atender a ese turismo milagroso. Pero no tienen casa”.
Trabajar en el paraíso… sin poder vivir en él
La cómica denuncia la crisis habitacional que sufren precisamente quienes sostienen la industria turística. Asentamientos chabolistas que se desmantelan y reaparecen en otras zonas, a veces más escondidas y otras no tanto, como el poblado situado detrás del recinto ferial de Ibiza.
“La isla de los millones tiene su propia Cañada Real”, ironiza Francolí, “pero esta sí podemos iluminarla [haciendo referencia a que el poblado madrileño lleva años sin suministro eléctrico]: la iluminamos con los incendios que de vez en cuando ponen en peligro al campamento entero”.
Barrios que no son barrios
Otra de las reflexiones que más ha resonado en redes es la transformación urbana ligada al turismo. La cómica recorre Platja d’en Bossa, que pone como ejemplo para describir barrios saturados en verano y desiertos el resto del año.
“No hay niños jugando. Ni siquiera su equivalente millennial, que es gente sacando a pasear perros. Pisos vacíos, negocios cerrados. Son barrios que no son barrios. Son el decorado de las vacaciones de un guiri”, lamenta.
El monólogo se vuelve más personal y punzante: “Donde se criaron mis abuelos ahora se mea un alemán. Donde se casaron mis padres, un francés se hace un selfie. Donde mis amigos hacían cruising, ahora hay vivienda de lujo y ya no quedan ni matojos”.
Francolí conecta la situación de Ibiza con una tendencia estatal: “Así se han diseñado cientos de barrios en España, convertidos en parques de atracciones. Y gracias a Airbnb, cada vez serán más”.
“¿Es este el turismo que queremos?”
La reflexión final lanza una pregunta incómoda:
“Nos podríamos preguntar si ese es el turismo que queremos. ¿Y esos son los barrios que queremos? Que nuestras ciudades no sean su decorado”.
Con sarcasmo, remata: “Igual el turismo se acaba con la Tercera Guerra Mundial… o las zonas que solo viven del turismo se van a comer los mocos. Estaría bien que hubiera una industria, un algo”.
Una ola de comentarios: de Ibiza al resto del Estado
El vídeo ya está generando muchos comentarios y se ha compartido desde Mallorca, Menorca, Canarias, Málaga y otros territorios con problemas similares.
Algunos de los mensajes más destacados dicen:
“¿Dónde está toda esa pasta, que yo la vea?”
“4500 millones que no repercuten en nada positivo para la población autóctona, solo a cuatro bolsillos”
“Las islas son parques de atracciones. Tengo mucha ira interna”
“Tres bares abiertos en todo Cala de Bou. Pero no desisto”
“Es para reírse, pero en realidad es de llorar y cabrearse”
“Compartido para Menorca. ¡Ya no tenemos ni alquileres!”
Lo que empezó como un reel humorístico se ha convertido en un retrato incómodo del modelo turístico de Ibiza, ese que presume de cifras récord mientras normaliza que trabajar no sea suficiente para vivir.
Porque, como resume una seguidora, entre risas y lágrimas:
“Es humor, sí. Pero duele porque es verdad”.
No es la primera vez que la cómica mete el dedo en la llaga del problema de la vivienda o en la cara más oscura de turismo de lujo en Ibiza. Con humor, pero sin perder la crítica social, así relataba el problema de la vivienda en Ibiza.






