Un techo es un mundo, y un techo seguro es el primer paso para caminar en él. A pesar de ello, un 33% de la población de Ibiza está en situación de exclusión residencial, es decir, tal y como concluye un profundo análisis elaborado por la Fundación Foessa y Cáritas España sobre la exclusión y el desarrollo social en Ibiza, con respaldo económico del Consell de Eivissa.
El estudio, basado en los Resultados de la Encuesta sobre Integración y Necesidades 2024, arroja al fin, en su primera edición en Ibiza, datos empíricos al contexto social ibicenco en un informe elaborado por un equipo multidisciplinar de 140 investigadores de 51 universidades, centros de investigaciones y entidades del Tercer Sector, y pone a la vivienda en el epicentro de la exclusión social en Ibiza.
Según las cifras, presentadas por el sociólogo Thomas Ubrich esta mañana, 32.000 personas viven en algún grado de exclusión social en Ibiza. Se trata de un 20,4% de la población de Ibiza, una cifra por encima de la media balear (19%). Por encima de estas cifras, con un alarmante 40,3% se encuentra el índice de integración precaria. Nada menos que 4 de cada 10 personas viven en una situación de integración precaria, es decir, no cumplen los criterios de pobreza material pero se encuentran en alto riesgo de quedar al margen de la sociedad y entrar en situación de exclusión social. En otras palabras, casi la mitad de la población de Ibiza está al borde del precipicio. Y solamente un 36% de la población vive en integración plena,
Con los datos en la mano, el sociólogo responsable de presentar el estudio ha incidido en un factor clave: “No fallan las personas, falla el sistema. El mito de la pasividad de las personas en exclusión, esa idea de que viven de prestaciones…, es falsa”.
Según la investigación, 3 de cada 4 hogares en situación severa de exclusión activan herramientas para salir de ella: «Activan estrategias de inclusión, trabajan o buscan empleo, estudian, se forman, activan redes y siguen planes de exclusión, pero se topan con dispositivos muchas veces fragmentados, con recursos escasos y muy poco personalizados». El autor ha señalado los dos grandes agujeros del sistema: una vivienda que expulsa a las familias del territorio y un empleo que ha perdido la capacidad para rescatarnos de esa expulsión.

El estudio lanza cifras también en cuanto a la exclusión relacionada con la vivienda: 16.000 personas (o el 9,7% de hogares) residen en una vivienda insegura, bien por dificultades legales o inestabilidad de la vivienda, y es que “cuando la alternativa es alquilar, se entra a menudo en la cadena del subarrendamiento, casi siempre sin contrato, dejando a la gente indefensa ante subidas y abandonos inesperados”, explica Ubrich.
Según el estudio, 19.000 personas (o el 12,4% de la población, o 6.000 hogares) residen en una vivienda inadecuada con problemáticas estructurales, con problemas de salubridad e higiene o situaciones de hacinamiento, en los que además aparecen problemas como la carencia de espacios privados, entre otros.
«Esto no son números,» ha manifestado Ubrich, «son familias que convierten una habitación en un piso, sin intimidad, sin espacio propio y con una convivencia al límite, son niños que no tienen una mesa tranquila donde hacer los deberes. Cuando no hay un piso ni habitación, aparece la vivienda improvisada, caravanas, furgonetas, coches, tiendas de campaña, chabolas en descampados, parkings o bosques. Ahí lo básico no está garantizado, agua corriente, electricidad, ducha, cocina segura, una alimentación refrigerada, además de inseguridad, basura, ruido y riesgo de incendio.»
Precisamente, sobre los menores, uno de los sorprendentes datos que ofrece el estudio es en relación a la infancia de Ibiza. Según los análisis realizados, el 28,3% de la población de Ibiza afectada en situación de exclusión social son menores de 18 años. “Estamos hipotecando a nuestra infancia”, añade el sociólogo.
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