Ibiza vuelve a demostrar que la solidaridad forma parte de su identidad. La campaña de recogida de bicicletas impulsada por Alba Pau encara su recta final con un objetivo claro: llenar un contenedor con 200 bicicletas que viajarán hasta Senegal para facilitar el acceso a la educación de decenas de niños.
«Da igual el estado, la iniciativa recoge bicicletas usadas, antiguas o en desuso para repararlas y ponerlas a punto antes de su envío», explica Alba Pau a Noudiari. El punto de entrega está ubicado en el porche del restaurante Can Pau y la recogida permanecerá abierta hasta el 14 de febrero. Además, una furgoneta pasa periódicamente para facilitar la logística.
Un proyecto que ya ha cambiado vidas
La campaña no es nueva. En años anteriores, acciones similares han permitido enviar bicicletas al Himalaya y a Marruecos con resultados muy positivos. Este año, el destino es Senegal.
Las bicicletas se enviarán en un contenedor que viaja hasta Dakar tras pasar por Canarias. Allí serán entregadas a una comunidad de monjas españolas que gestionan un colegio y realizan —según destaca la propia Alba Pau, que las conoce personalmente— “una labor brutal con los niños”.
Esa bicicleta olvidada puede convertirse en una herramienta fundamental para que un niño no abandone la escuela.
Muchos de esos menores recorren a diario más de una hora a pie para llegar a la escuela, una distancia que en ocasiones termina siendo un obstáculo para su continuidad educativa. Con una bicicleta, ese trayecto se reduce considerablemente en tiempo y las oportunidades de tener una educación aumentan.
200 bicicletas, el número clave
El contenedor tiene capacidad para 200 bicicletas. Hasta ahora, se han recibido cerca de 300, pero no todas pueden ser recuperadas. Muchas se utilizan como banco de piezas —sillines, ruedas, cadenas— para completar otras.
“Tenemos 100 ya arregladas y nos gustaría enviar 200. Ahora mismo nos faltan unas cincuenta bicicletas más que puedan repararse para llegar al número ideal”, explica Alba Pau.
«El proceso no es sencillo», admite Pau. Recoger, clasificar, desmontar, reparar y preparar cada bicicleta requiere tiempo, esfuerzo y compromiso. Pero el equipo sigue trabajando con la mirada puesta en ese contenedor lleno.
Un llamamiento a la sociedad ibicenca
La campaña hace un llamamiento directo a la ciudadanía: revisar trasteros, garajes y almacenes. Esa bicicleta olvidada puede convertirse en una herramienta fundamental para que un niño no abandone la escuela.
Eivissa ya ha respondido en otras ocasiones. Ahora faltan apenas 50 bicicletas más para completar el envío.






