Han pasado doce años desde que las obras de ampliación de la subestación eléctrica de es Torrent, en Puig d’en Valls, Santa Eulària, sacaran a la luz uno de los hallazgos arqueológicos más relevantes de Eivissa.
Bajo la antigua finca de Can Malalt apareció un conjunto patrimonial de 4.500 metros cuadrados que documenta ocupaciones sucesivas desde época tardo-púnica (siglos III-I a. C.) hasta el periodo bizantino (siglos VI-VII), incluyendo una necrópolis bizantina (siglos VI-VII), un asentamiento rural tardo-púnico, un acueducto romano y un centro de producción de vino o aceite de época romana.
Red Eléctrica invirtió entonces 900.000 euros en la excavación, documentación y protección del yacimiento, que obligó incluso a modificar el emplazamiento inicialmente previsto para las instalaciones eléctricas.
Sin embargo, el compromiso anunciado en 2014 de museizar el enclave en el plazo de un año o año y medio quedó en suspenso.
Tan en suspenso que 12 años después no se ha hecho. Pero eso podría cambiar. El yacimiento fue cubierto entonces con un tejido protector geotextil y tierra para garantizar su conservación preventiva, y desde entonces permanece enterrado, sin acceso público.
Hoy, más de una década después, tanto el Consell de Eivissa como Red Eléctrica confirman a Noudiari que se han reactivado las conversaciones para desbloquear la situación.
Un enclave singular en tres fases históricas
Los trabajos arqueológicos previos a la canalización del segundo enlace eléctrico con Mallorca y a la ampliación de la subestación de es Torrent permitieron identificar tres áreas diferenciadas, todas de un gran interés: una necrópolis bizantina (siglos VI-VII), un asentamiento rural tardo-púnico y un acueducto romano.
De acuerdo con los criterios aprobados por el Consell de Ibiza, los restos del acueducto se cubrieron mediante una capa de geotextil, áridos y tierra, para facilitar su conservación y cualquier investigación posterior.
En el caso de la necrópolis, los retos se han documentado y desmontado para ser reubicados en un área de reserva arqueológica de 4.500 m2, creada para conservar in situ todos los restos encontrados en una zona delimitada y asilada de la subestación.

En esta finca hallaron un asentamiento rural tardo-púnico, compuesto por diez estancias, datado entre mediados del siglo III y finales del siglo I antes de nuestra era; además hallaron una necrópolis de época bizantina con 18 tumbas y también un área de aproximadamente 500 metros cuadrados correspondiente a un torcularium, centro de producción de vino o aceite de época romana.
Entre los elementos más singulares figura la traza de un antiguo camino púnico del siglo III a. C., con hallazgos tan emocionantes como marcas de ruedas de los carros aún visibles en el terreno, restos de un muro lateral y un sistema de ingeniería hidráulica con cunetas y alcantarillas para la evacuación de aguas.

El nudo jurídico que lo paralizó todo
En 2014, la Comisión Insular de Ordenación del Territorio, Urbanismo y Patrimonio Histórico Artístico (CIOTUPHA) aprobó los informes derivados de las excavaciones. Red Eléctrica planteó entonces una propuesta de colaboración con el Consell para la gestión, museización y divulgación del yacimiento. Sin embargo, la firma del convenio no llegó a materializarse.
El Consell argumentaba entonces que la asunción del solar implicaba costes de mantenimiento, conservación y museización que debían encajarse en los límites presupuestarios, en un contexto condicionado por la normativa estatal de estabilidad financiera. Desde la institución se reconocía que el informe técnico y jurídico necesario para avanzar llevaba tiempo bloqueado.
Doce años después, ambas partes reconocen que el principal obstáculo ha sido de naturaleza jurídica.
La posición actual del Consell
El Consell de Eivissa, como ente competente en materia de conservación del patrimonio, señala a Noudiari que el yacimiento —propiedad de Red Eléctrica— “está vallado y protegido para evitar su deterioro”. Confirma además que en su momento se trabajó para formalizar una cesión, pero que no se alcanzó un convenio “por discrepancias jurídicas”.

Ahora, la institución insular asegura que ha mantenido varias reuniones con Red Eléctrica para retomar esta línea de trabajo, un punto confirmado por la empresa, y que se está elaborando un nuevo convenio para la cesión del yacimiento al Consell Insular.
Una vez se formalice esa cesión, el Consell prevé continuar los trabajos arqueológicos, ya que hasta la fecha solo se ha excavado aproximadamente un tercio del yacimiento. Es decir, dos tercios del potencial arqueológico del enclave permanecen aún bajo tierra.
Red Eléctrica: “Relación fluida” y previsión de firma en 2026
Por su parte, Red Eléctrica recuerda a Noudiari que el hallazgo se produjo en el marco de la intervención arqueológica vinculada a la subestación de Torrent (132 kV), en una parcela de su propiedad, y subraya que siempre ha mostrado “interés en avanzar en el tema y encontrar la solución jurídica adecuada”.
La compañía indica que actualmente está cerrando, “a través de una relación fluida con el Consell de Eivissa”, los borradores de los convenios necesarios para desarrollar la puesta en valor tanto de los yacimientos de la subestación de Torrent como de los restos asociados a la interconexión Ibiza-Mallorca.
La previsión es que el convenio pueda firmarse e iniciarse en este 2026.
En cuanto al contenido, los acuerdos no se limitarían a la cesión o gestión del yacimiento. Según explica Red Eléctrica, contemplan también acciones de divulgación y promoción del patrimonio de Eivissa, la redacción de una memoria divulgativa de los trabajos realizados y una exposición asociada a los yacimientos y restos arqueológicos.
Doce años de espera
Desde 2014, el enclave de Can Malalt ha pasado de ser presentado como un futuro espacio museizado a convertirse en un proyecto bloqueado durante más de una década. A día de hoy, no existe ningún elemento visible que recuerde el yacimiento, enterrado frente a los edificios de la subestación eléctrica y con vegetación creciendo sobre él de manera salvaje.
Ahora, tanto el Consell como Red Eléctrica coinciden en señalar una voluntad compartida de cerrar el acuerdo y activar la puesta en valor del yacimiento. Si el calendario anunciado se cumple y el convenio se firma en 2026, Can Malalt podría iniciar por fin una nueva fase: completar la excavación pendiente y definir un modelo de gestión que permita compatibilizar la conservación científica con la apertura pública y su divulgación.
Doce años después de su descubrimiento, el yacimiento sigue bajo tierra pero esta vez cercano el día en que la luz vuelva a tocar estas piedras que cuentan la historia de la isla: un desbloqueo jurídico que se traducirá en hechos y no en un nuevo aplazamiento.






