Hay inauguraciones que no solo abren la puerta de un edificio: abren una etapa. La de mañana, con el nuevo Parador de Eivissa, es una de ellas. Y lo es por una razón sencilla: se trata de una apertura muy esperada por los ciudadanos, precisamente porque llega después de un recorrido excepcionalmente largo. Las obras comenzaron en marzo de 2009 y han sufrido muchos parones y dificultades; y precisamente por eso, que hoy sea una realidad tiene un componente especial, suma de alivio colectivo y de satisfacción compartida.
Ahora bien, si este proyecto deja una enseñanza, es institucional. El Parador que mañana se inaugura no es patrimonio de una administración concreta ni de un ciclo político: se ha sostenido a lo largo del tiempo gracias a que todos los alcaldes, y gobernantes, independientemente de su color político, han contribuido a que avanzara. Es justo reconocerlo: no ha sido un camino lineal, ni fácil, pero sí ha existido una actitud de consenso, de cooperación y de lealtad institucional desde su inicio para llegar hasta aquí. Y esa forma de trabajar, cuando se trata de proyectos estratégicos y trascendentales de ciudad, es la que merece ser puesta en valor.
El hito, además, tiene una dimensión estratégica para Baleares: este Parador será el primero de todas las islas. Y adquiere un significado todavía mayor por el lugar en el que se integra: abre en la única ciudad Patrimonio Mundial de la UNESCO de todo Baleares. No es un matiz. Es una responsabilidad y una condición que obliga a la excelencia, al cuidado y a una manera muy particular de entender el turismo: desde el respeto, desde la cultura y desde la identidad.
Por eso, todos debemos felicitarnos por esta apertura, que sin duda será positiva para la ciudad. Lo será, en primer lugar, porque al estar abierto todo el año ayudará a mantener vivo un barrio clave como Dalt Vila, aportando actividad y continuidad en un entorno que no puede depender únicamente de los meses de temporada. Lo será también porque contribuirá a mejorar la accesibilidad a la parte alta de Dalt Vila, facilitando una relación más cómoda con el conjunto monumental. Y lo será, igualmente, porque atraerá un perfil de visitante que nos interesa especialmente: el que viaja todo el año y para el que la cultura, el patrimonio y la gastronomía son motivaciones esenciales. Ese tipo de visitante refuerza el modelo al que aspiramos y suma un argumento más para posicionar, acercar y visibilizar nuestro legado cultural como ciudad y capital de la isla.
De hecho, el propio desarrollo de las obras lo ha recordado de una forma elocuente: durante los trabajos y excavaciones han aparecido restos de todas las culturas y civilizaciones que han construido y habitado nuestra ciudad. Es casi una metáfora: en Eivissa, cada obra relevante en el corazón histórico es también una lectura de nuestra historia, una prueba de la riqueza patrimonial que debemos conservar y explicar.
En este contexto, la apertura del Parador se entiende aún mejor si se enmarca en la apuesta municipal de los últimos años. El Ayuntamiento ha reforzado su compromiso por cuidar, modernizar y dinamizar el patrimonio, con la mayor inversión de la historia de la ciudad en tan solo 2 años y medio. La reforma del Camí del Calvari es una muestra clara: un acceso renovado que no beneficia únicamente al Parador, sino que mejora el paseo hacia la Catedral y hacia toda la ciudad amurallada de Dalt Vila. A ello se suman las actuaciones que ya están en marcha: importantes inversiones y mejoras en calles y plazas de Dalt Vila y de los barrios históricos aledaños, y la programación de planes de dinamización para que el patrimonio sea un patrimonio vivo, conocido, disfrutado y cuidado por residentes y visitantes.
Ese trabajo está dando frutos también en percepción exterior: ya se habla de Eivissa fuera —en España y en Europa— por el patrimonio, la cultura, la gastronomía y la sostenibilidad. Y la apertura del Parador contribuirá a reforzar aún más ese posicionamiento, alineado con la ciudad que estamos construyendo.
Y queda un último punto, quizá el más importante: el Parador debe ser, además de un establecimiento turístico, un espacio con vocación de ciudad. Un punto de encuentro para los residentes, para los vecinos, que deben sentirlo suyo, conocerlo, disfrutarlo y cuidarlo. Porque el patrimonio no se defiende solo con normas: se defiende también con vínculo, con orgullo compartido y con uso respetuoso.
Mañana Eivissa no inaugura únicamente un hotel singular. Inaugura una oportunidad para fortalecer su centro histórico, su accesibilidad, su posicionamiento cultural y su forma de proyectarse al mundo. Y, tras tantos años, eso merece celebrarse con altura de miras y con orgullo de ciudad. Bienvenido, Parador.
Rafael Triguero,
alcalde de Ibiza






