La UD Ibiza ha conseguido en casa y en la segunda jornada de la Liga de Primera Federación su primera victoria de la temporada en el campeonato después de la dura derrota encajada el pasado fin de semana en Antequera por tres goles a dos.
No ha sido un camino sencillo y el conjunto insular ha tenido que sufrir de principio a fin para doblegar a un muy correoso Rayo Majadahonda que, en bastantes fases del encuentro, exhibió un punto más de frescura y juego colectivo que los locales sobre el césped de Can Misses.
Tras una primera mitad caracterizada por la intensa batalla táctica, la pugna en la medular y una estricta igualdad en la que ningún bando logró perforar la portería contraria, en la segunda parte se desataron definitivamente todas las hostilidades.
El ritmo del choque se aceleró de forma notable tras el paso por los vestuarios y fue en un tramo final completamente frenético donde se concentraron los tantos de la tarde.
La balanza empezó a decantarse en el minuto 56 de juego, cuando Theo Valls aprovechó un resquicio en el área visitante para adelantar a la UD Ibiza y hacer subir el 1-0 al marcador.
Sin embargo, el cuadro majariego no acusó el golpe, mantuvo la fe y se volcó sobre el marco celeste en busca de la réplica hasta encontrar recompensa en el minuto 84, momento en el que Antonio definió con precisión para devolver la igualada con el 1-1 y sembrar la incertidumbre en el feudo ibicenco.
La resolución definitiva del envite llegó de la forma más agónica e inesperada en pleno tiempo de prolongación. Corría el minuto 93 cuando Mayeza emergió en el área chica para cazar un balón definitivo y sellar el 2-2 final que desató la euforia en el banquillo y las gradas insulares, amarrando una victoria vital cuando el choque encaraba sus últimos segundos.
De este modo, en el descuento y sin haber firmado una actuación brillante, la UD Ibiza ha amarrado sus tres primeros puntos en una competición que, al igual que ocurrió el curso pasado, se adivina sumamente competitiva, exigente y sin margen para los partidos cómodos.
Así ha quedado patente en Can Misses, donde la plantilla celeste, llamada desde el inicio a ser uno de los grandes aspirantes a las plazas de ascenso a Segunda División, ha tenido que sudar sangre y emplearse a fondo hasta el último suspiro para dejar la primera victoria en casa.






