El fútbol, a veces, tiene estas cosas. No siempre gana quien más propone, quien más juega o quien más lo intenta. La UD Ibiza ha visto cortada su racha triunfal este fin de semana en el Nou Estadi Costa Daurada tras caer por la mínima (1-0) ante el Nàstic de Tarragona. Una derrota dolorosa no por el juego desplegado, sino por la forma en que se produjo: una acción de mala fortuna que, al final, impidió que los celestes pudieran luchar por su tercera victoria consecutiva en el Grupo 2 de la Primera RFEF.
A pesar del resultado adverso, el equipo de Miguel Álvarez demostró que es otro muy distinto al de hace un mes. Los ibicencos dominaron, encerraron a su rival y merecieron, como mínimo, el empate.
El partido transcurría con una UD Ibiza bien plantada, cuajando unos minutos serios y competitivos. Sin embargo, el destino tenía reservado un golpe de teatro en el minuto 34. En una jugada que se ve muy pocas veces, el meta ibicenco Ramón Juan salió de su área para despejar un balón dividido. Su intención era centrar de cara, pero el cuero impactó violentamente en la cadera del atacante local Jordi Jardí.
El rebote, caprichoso y cruel para los intereses insulares, salió despedido hacia la portería de la UD Ibiza, que se encontraba vacía tras la salida del portero. El balón entró llorando, poco a poco, certificando el 1-0 para los locales en una acción de pura suerte.
Dominio total sin premio
Lejos de hundirse tras este contratiempo, el conjunto celeste estiró líneas de inmediato. Los de Miguel Álvarez trataron de equilibrar la balanza antes del descanso, pero el Nàstic, con el marcador a favor, ganó un plus de confianza defensiva que hizo difícil penetrar su muralla.
La segunda parte fue un monólogo. El guion comenzó tal y como acabó el primer acto: con el Ibiza mirando al marco contrario. Los locales, conscientes de su ventaja y de la peligrosidad de los ibicencos, optaron por agazaparse atrás y fiar todo al contraataque. La UD Ibiza encerró al Nàstic en su parcela, sometiéndolo a un asedio constante.
Ocasiones claras en la recta final
El técnico movió el banquillo buscando pólvora, dando entrada a Svensson en sustitución de Sofiane. El delantero tuvo en sus botas una ocasión clarísima para igualar el choque cuando el partido enfilaba su recta final, pero el gol se resistió. Poco después fue Fran Castillo quien estuvo a punto de lograr el merecido empate, quien tuvo otra en el descuento, antes de que Bebé disparara al larguero en el 95.
Los jugadores del conjunto insular lo dieron todo, vaciándose sobre el verde, pero la suerte, caprichosa, les fue esquiva.
Una derrota que deja brotes verdes
Ganó el Nàstic, sí, pero el fútbol y las ganas las puso la UD Ibiza. A pesar de volver de vacío a la isla, la sensación general es que este equipo es ahora una pesadilla para sus rivales. Los futbolistas saben a lo que juegan y calcan sobre el rectángulo lo que les pide el técnico.
Esta vez salió cruz en un partido donde los ibicencos fueron mejores, demostrando que, en ocasiones, la suerte vale más que el esfuerzo y la calidad. Toca levantarse y pensar en la próxima jornada.





