El UD Ibiza es, por definición, un equipo Géminis. Tiene dos caras, dos almas y dos comportamientos radicalmente opuestos según el sello que marque su pasaporte. Es capaz de tumbar al líder en la fortaleza de Can Misses y arrodillarse ante el colista en territorio ajeno. En esa inquietante bipolaridad vive instalado el grupo de Miguel Álvarez, que esta tarde-noche ha vuelto a vaciarse de argumentos en su visita al campo del Teruel (1-0).
La derrota no es solo un tropiezo numérico; es un frenazo en seco a la escalada emocional que el equipo necesitaba para seguir escalando hacia la zona de privilegio. El Ibiza tenía hoy una cita con su propia identidad, la oportunidad de gritar «aquí estoy», pero el eco de su fútbol se perdió entre el frío y la defensa local.
El guion del partido se emborronó para los insulares casi antes de empezar. En el minuto 6, cuando ambos equipos aún se estaban tanteando, Hugo Redón aprovechó una indecisión para demostrar una sangre fría a tener en cuenta, aunque el papel del meta colaboró. Con una sutil vaselina, picó el cuero por encima del guardameta ibicenco para poner el 1-0 en el luminoso.
Quedaba un mundo por delante. Más de 80 minutos para que el Ibiza hiciera valer la teórica superioridad técnica de su plantilla y recondujera el rumbo. Sin embargo, la reacción fue más voluntariosa que efectiva. El conjunto de Miguel Álvarez manejó el balón, pero no el partido.
Sin armas para asaltar el fortín
Lo cierto es que, sobre el césped, ninguno de los dos equipos logró imponer una superioridad aplastante sobre el otro. El encuentro fue un ejercicio de equilibrio roto únicamente por el acierto inicial de Redón. Con el marcador a favor, el Teruel se sintió cómodo en su papel de resistencia, cerrando filas y defendiendo su fuerte con uñas y dientes.
Al Ibiza, por contra, le faltaron herramientas de asedio. El equipo insular fue incapaz de encontrar las grietas en la fortaleza aragonesa; faltó desborde, faltó el último pase y, sobre todo, faltó ese instinto asesino que diferencia a los aspirantes al ascenso de los equipos de media tabla. Los minutos se fueron consumiendo entre posesiones estériles e intentos desesperados que nunca llegaron a inquietar seriamente la victoria local.
El play-off deberá esperar
Con este resultado, el Ibiza aplaza su candidatura al play-off. La asignatura pendiente sigue siendo la misma: ganar fuera de casa. Para subir de categoría no basta con ser un gigante en la isla si te conviertes en un invitado educado cada vez que cruzas el Mediterráneo.
El equipo regresa a Ibiza con la sensación de haber dejado escapar un tren vital. La plantilla tiene calidad para estar arriba, pero mientras no logre unificar sus dos caras, el sueño del ascenso seguirá dependiendo de rachas que, por ahora, no terminan de cuajar en los desplazamientos.





