Una mujer en bikini, de pie en una playa, mira al objetivo de la cámara directamente mientras posa con los brazos detrás de la cabeza. Dos militares son testigos de la escena, aunque parecen ignorarla, al darle la espalda y pasar de largo. ¿Cómo es posible que se permitiera algo así en plena dictadura franquista, cuando estaba expresamente prohibido y multado usar un bañador dos piezas en la playa? Estamos ante una de las primera imágenes que crean el mito de Ibiza: simboliza la rebeldía, la tolerancia; un lugar donde se permiten cosas que en el resto de España, no.
La imagen, titulada Monique. Primer bikini de Ibiza, se ha podido ver en museos como el Reina Sofía y el Nacional de Catalunya, y también en Sa Nostra Sala de Ibiza, pero no consta que fuese publicada en su época. Tal vez porque era demasiado provocadora y resultaba del todo impensable verla en una revista o periódico en 1954, con la censura franquista viviendo sus años ‘de esplendor’.
Era 1953 o 1954 —las fuentes discrepan— cuando el fotógrafo barcelonés Oriol Maspons desembarcó en Ibiza con su cámara Rolleiflex. Nada hacía pensar que unos años después se convertiría en fotógrafo de referencia de la revista Interviú y en promotor, junto a Luis Cantero, del llamado periodismo bonzo. Para él, en ese primer viaje a Ibiza, la fotografía era solo una afición, pero tenía talento y mucho más que buen ojo y captó en Sant Antoni una imagen icónica.
La historia
Maspons había conocido en Barcelona a la modelo francesa Monique Koller, que después le acompañó en algunos viajes, entre ellos a Ibiza, donde posó en la playa de Sant Antoni con su propio bikini. Una prenda que llevaba ya varios años circulando por Francia sin problema pero que en España llamaba la atención… ¡cuando no suponía una multa a su portadora!
Pero Ibiza era un lugar un poco extraño en los años 50. Los turistas, todavía escasos, eran vistos como algo exótico y los locales no se metían mucho con sus extrañas costumbres. Así lo recordaba el hijo de Oriol, Alex Maspons, lamentablemente también fallecido, que insistía en que su padre le contó que el posado no escandalizó a nadie, pero que la presencia de los dos militares da una potencia enorme a la fotografía.
Monique Koller fue su musa en Ibiza, donde le sacó muchas más fotografías. Realmente ella era la protagonista principal de la muestra seleccionada que visitó Sa Nostra Sala. Entonces, el hijo confesaba que habían tratado de localizarla pero que no lo habían conseguido.

La foto que nos ocupa, titulada Monique, primer bikini d’Eivissa, se convirtió con el tiempo en una de las imágenes más célebres del archivo de Maspons, pieza destacada en la gran retrospectiva que el Museu Nacional d’Art de Catalunya le dedicó en 2019. No solo por su estética: la composición y el gesto espontáneo de la modelo, sumados a la presencia de los uniformes militares, convirtieron la fotografía en una sutil pero poderosa forma de provocación en plena dictadura.
El propio Àlex Maspons señaló en su día que esa pudo ser la primera foto de un bikini en España. Lo cierto es que no lo fue en sentido estricto, pero sí fue la que consagró a Ibiza como escenario de modernidad y libertad, en contraste con la represión moral del franquismo. Más tarde esta idea de ‘destino de libertad’ se reforzó con la película More de Barbet Schroeder de 1969. Muchos turistas vinieron a la isla atraídos por esas imágenes que querían replicar, como ahora lo hacen los jóvenes siguiendo las publicaciones de los ‘influencers’. La única diferencia es que antes el turismo no era de masas.
El primer bikini… de verdad
El primer bikini documentado en España no se vio en Ibiza, sino en Santander, en el verano de 1948. Allí, el fotógrafo Joaquín del Palacio, apodado Kindel, conocido por sus trabajos de arquitectura, captó en el Embarcadero Real de la Magdalena a una joven francesa —alumna de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, otro foco de modernidad y libertad— con un bikini de dos piezas. Curiosamente Monique Koller era francesa y también lo fue la primera persona que posó con un bikini en la historia: Micheline Bernardini, en 1946.

Aquella imagen de Kindel, conservada en el Centro de Documentación de la Imagen de Santander (CDIS), es el testimonio más antiguo del bikini en España. Fue un gesto excepcional en un país donde enseñar el ombligo podía acarrear multas e incluso detenciones. No en vano, en las playas cántabras había carteles que prohibían el uso de esa prenda.
Santander se adelantó así a Ibiza, Benidorm o Marbella como cuna del bikini en España. De hecho, tanto la capital alicantina como la isla mediterránea reclamarían años después su propio papel pionero en la expansión de esta prenda que simbolizaba la llegada de una nueva modernidad.

Lo cierto es que Benidorm tiene mucho que decir en esto. Lo que en Ibiza era tolerancia al ‘raro’, protegida además por la lejanía de la Península, en Benidorm se convirtió en rebeldía cuando un alcalde se empeñó en ‘petarlo’ como ciudad turística.
Ya hemos dicho que el uso de este provocativo bañador estaba prohibido, del mismo modo que también lo estaba que las parejas se besaran en la calle o en la playa. Pero el alcalde de Benidorm, Pedro Zaragoza, firmó un decreto consistorial que autorizaba expresamente el uso del bikini, después de que una turista fuese multada con varios miles de pesetas por lucirlo. El alcalde quería atraer a turistas y sabía que las multas iban a tener el efecto contrario. Se rebeló… y a la vista está que le funcionó, tal y como retrata el interesantísimo documental El hombre que embotelló el sol de Óscar Bernàcer.

Hay que recordar que, entre 1939 y 1957, no existía aún una ley estatal específica sobre el bikini (la Circular DGS núm. 320 de 15 de julio que recoge esta prohibición se publicó en el BOE en 1957) porque la prenda era nueva, pero sí había normas de decoro en playas y piscinas dictadas por Gobernación y reforzadas por bandos locales. Estas prohibían bañadores de dos piezas y obligaban a cubrir torso y muslos. El bikini, en cuanto apareció (años 40 en Europa), fue perseguido de inmediato en España bajo estas normas, con sanciones que podían ir desde multas (de 100–500 pesetas e incluso varios miles si había rebeldía o reincidencia) hasta arresto gubernativo.
Santander ganó, pero el icono fue para Ibiza.
La imagen de Monique Koller no solo es un documento de moda, sino un símbolo de esa identidad de la isla de libertad y un estilo de vida relajado que se ha ido construyendo a lo largo de los años, a menudo escapándose del control de la propia Ibiza. A lo largo de las décadas, la prenda evolucionó en la isla, desde los modestos modelos de los cincuenta hasta los bikinis hippies tejidos a mano de los setenta o los diseños flúor de los ochenta, las tangas, el topless y una vuelta a un cierto recato en lo que a enseñar los pechos en la playa se refiere… y esta vez por otras fotos: las que te pueden tomar en cualquier playa y con un teléfono móvil al descuido para después subirlas canales de mensajería, webs, redes o plataformas.
En la disputa por el título de “primer bikini de España”, Santander ganó la carrera histórica. Pero la foto de Maspons se impuso en la memoria colectiva por lo que significaba: una imagen fresca, rebelde y adelantada a su tiempo.