Ibiza y Formentera quedan en el punto de mira del Atlas de la Desertificación de España, un estudio de más de 250 páginas encargado por el Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico (Miteco) que alerta sobre el avance de la aridez y la presión creciente sobre los recursos naturales en las Baleares y en el conjunto del Estado. Respecto a las Pitiusas, el principal riesgo que señala el estudio está relacionado con el estrés hídrico y la sobreexplotación de los recursos hídricos. Si hablamos de riesgo de desertificación, Formentera es la gran afectada, mientras que Ibiza se sitúa fuera de este problema.
Según el informe, las Illes Balears figuran entre las comunidades con estrés hídrico extremo, con la puntuación máxima en todos los indicadores que miden la presión sobre el agua para uso doméstico, agrícola e industrial. El atlas señala que el archipiélago se encuentra en el grupo más vulnerable del país, un dato que encaja con la dependencia casi absoluta de las desaladoras para no dañar de manera irreversible los acuíferos, así como con la elevada demanda estacional que soportan Ibiza y Formentera cada verano.
El estrés hídrico es, según defina este estudio, “la relación entre la demanda total de agua y la disponibilidad de agua renovable en una región específica”. La media nacional del estrés hídrico es de 3,94 sobre un máximo de 5, marcando Baleares un máximo de 5 sobre 5, dudoso honor que comparte con la Región de Murcia. Tener un nivel de estrés hídrico extremadamente alto significa que consumimos más del 80 % de los recursos de agua dulce disponibles.
Peligro de desertificación en Formentera
El amplísimo estudio realiza también una comparativa de la evolución de la aridez desde 1961 hasta 2020. Aquí el índice de aridez se calcula como el cociente entre la precipitación media anual y la evapotranspiración – es decir, la máxima cantidad de agua que puede perderse desde una capa continua de vegetación que cubre todo un terreno-. En esta comparativa, Ibiza y Formentera salen bien paradas, ya que entre 1961-1990 y 1991-2020 los índices de aridez se mantienen estables. No es el caso de Mallorca, donde la aridez avanza por las comarcas del interior de la isla. El avance de la aridez en Mallorca provoca que la superficie de Baleares clasificada como árida o semiárida haya aumentado del 62,8% al 66,9%.

Respecto al estudio del riesgo de desertificación, pese a que los datos exactos no están desglosados por islas, una ojeada a los mapas -eso sí, con la ayuda de un zoom para ampliar imagen- nos indica que Formentera se sitúa por encima de la probabilidad del 50% del riesgo de desertificación. En el caso de Ibiza, esto solo se produce en el entorno de las áreas más densamente urbanizadas, como es Vila y sus afueras, y Sant Antoni y Cala de Bou.
Este estudio se ha realizado mediante la aplicación de predictores a través de una herramienta de Inteligencia Artifical conocida como Random Forest, un algoritmo de uso muy común entre los expertos en la ciencia de los datos. Para alimentar el algoritmo, se ha incluido un amplísimo abanico de datos, desde variables climáticas -lluvias, riesgo de sequía, aridez, temperatura-, socioeconómicas -cambio de uso de suelo, demografía, cobertura del suelo-, y variables biofísicas -productividad agraria, carbono orgánico del suelo, biodiversidad, estado de las masas de agua subterránea-.
El trabajo, extensísimo, se puede encontrar completo en este enlace que ha publicado la Universidad de Alicante, y ha sido coordinado por Jaime Martínez Valderrama, del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y Jorge Olcina Cantos, del departamento de Análisis Geográfico Regional y Geografía Física, de la Universidad de Alicante.






