La Audiencia Provincial de Palma acogió ayer la sesión de presentación de pruebas periciales en el procedimiento judicial por la muerte de un bebé de 33 semanas de gestación en el Hospital Can Misses de Ibiza, un caso que se remonta a julio de 2022 y en el que la familia denuncia una presunta negligencia médica.
La vista, celebrada en sede judicial en Palma, supone un nuevo paso en la vía judicial emprendida por los padres. En paralelo, la Conselleria de Salut mantiene abierta una investigación interna para esclarecer las circunstancias del fallecimiento.
Durante la sesión de ayer declararon varios médicos ginecólogos en calidad de peritos. Sus informes y explicaciones deberán ayudar al tribunal a determinar si la actuación sanitaria fue correcta o si, como sostiene la madre, se produjo un error de diagnóstico que resultó determinante en el desenlace.
Tras la práctica de la prueba pericial, el procedimiento continuará con la fase de conclusiones escritas. Posteriormente, el caso quedará visto para sentencia.
La madre, que ha estado en contacto con Noudiari durante estos años, no pudo realizar declaraciones tras la práctica pericial debido a su estado emocional. Según trasladó ayer a este medio el proceso judicial le ha hecho «revivir todo aquello· y “alarga el dolor”, aunque confía en que sirva para esclarecer lo ocurrido aquel día.
Jesús, que así se llamaba su hijo, cuenta desde 2025 con una de las mariposas de cerámica que recuerdan los fallecimientos de bebés en un espacio especialmente dedicado al duelo perinatal, gestacional y neonatal en el cementerio de Ibiza ciudad.
Los hechos que se analizan
El origen del litigio se sitúa en la mañana del 12 de julio de 2022, cuando Elisabeth Sánchez, en su octavo mes de embarazo, se despertó con fuertes dolores abdominales y vómitos que le hicieron ir directamente al Hospital Can Misses.
La entrada en Urgencias fue a las 9.45 horas de la mañana y fue conducida a uno de los paritorios.
Allí fue atendida por una matrona y, muy brevemente, por el ginecólogo, según la reclamación.
Éstos le realizaron una ecografía vaginal, «tras la que le dijeron que todo estaba correcto», además de una solicitud de analíticas de orina y sangre, y se le suministraron analgésicos para el dolor.
«Tras estas actuaciones, a las 10 de la mañana, se le colocó monitorización fetal, pudiendo oír de forma clara y regular el corazón del bebé. A pesar de ello, los insoportables dolores proseguían», relatan los denunciantes en su escrito de reclamación.
La mujer recibió entonces «medicación para la maduración de los pulmones del bebé, así como con antibióticos, achacando que tenía una infección de orina y, asimismo, […] la sospecha de apendicitis», añaden.
Un cirujano, después de la exploración, «determinó que en absoluto era una cuestión de apendicitis».
Después le colocaron monitorización fetal «y ya no hubo respuesta. Se achacó a la falta de batería de la máquina, si bien se volvió a realizar una ecografía de forma urgente, en la que sorpresivamente sí apareció el ginecólogo y ya pudieron ver la colosal negligencia cometida, por lo que se le realizó una cesárea urgente por la bradicardia que estaba padeciendo el bebé», relata la representación legal de la pareja afectada.
Nada se pudo hacer entonces y el resultado fue muerte fetal. En concreto señalan como causa de la muerte: «Óbito fetal intraparto por desprendimiento de placenta y preeclamsia».
La hora de este resultado fue «casi a las 15:00», añaden.
La posición de la familia
La abogada de la familia, Rosa María Mauri, se mostró ayer prudente a la salida de la vista en Mallorca en unas declaraciones realizadas al canal autonómico IB3. “En principio lo que queremos es que la familia pueda ver lo que ha sucedido y, sobre todo, que el tribunal pueda entenderlo”, señaló, insistiendo en la necesidad de que se esclarezcan los hechos para evitar que situaciones similares puedan repetirse.





