La organización CIRCE de Conservación, Información y Estudio sobre Cetáceos lleva diez años rastreando el tránsito de cetáceos como el cachalote por el Mediterráneo, y gracias a este seguimiento pueden concluir un hecho indiscutible: las islas Pitiusas son un hábitat, y no solo un lugar de paso, para los cachalotes.
Renaud de Stephanis, doctor en Ciencias del Mar y fundador de CIRCE, lo confirma con buen humor desde el sur de España, en Tarifa, donde se encuentra analizando la enorme cantidad de mapas y datos que el proyecto les ha proporcionado hasta ahora.
“Son 24 bichos marcados durante casi dos años”, dice el investigador. Ahora se encuentran analizando el movimiento de estos ejemplares marcados, a los que se añaden rorcuales, calderones y orcas, algunos de los cuáles se ve junto a los cachalotes.
“Las aguas de Baleares tienen cachalotes permanentemente”, indica de Stephanis. “Lo que hipotetizamos es que lo que hay [todo el año] son hembras con crías, grupos sociales con crías que no migran, solo se alimentan, alrededor de estas islas”.
Mientras las hembras y crías permanecen, los machos se desplazan más a las Pitiusas en verano, por ellas: “La fase de reproducción es en las Baleares durante los meses de verano, y a partir de septiembre ya se dispersan en el Mediterráneo, tanto al norte como al sur”.

Uno de los cachalotes marcados por CIRCE y que muestra precisamente ese patrón, es el cachalote 18, un ejemplar de once metros cuyo tránsito desde el Estrecho de Gibraltar hasta las Pitiusas, y de nuevo hacia el sur, se puede ver en los mapas de CIRCE.
“Los machos migran, aunque yo prefiero decir que deambulan”, explica de Stephanis. “El planteamiento es que deambulan a lo largo del mar de Alborán, alrededor de las islas Baleares, llegando hasta el extremo y probablemente a la parte norte del Mediterráneo también”.
Desde CIRCE calculan que un millar de individuos viven en esta zona del Mediterráneo que incluye a las Pitiusas.
El marcaje de cachalotes muestra cómo estos se mueven en una zona amplia del Mediterráneo entre Baleares y hacia el sur de la península, y también hacia el norte del Mediterráneo.
Según puede desprenderse del proyecto de mapeado de CIRCE, a los cachalotes del Mediterráneo se les encuentra habitualmente en la costa sur peninsular, a menudo también se acercan al norte de África, frente a las costas de Argelia, y después se dirigen hacia las Pitiusas, pasan por el litoral sur de Formentera, y ponen rumbo hacia el norte de Ibiza, pasando habitualmente entre Ibiza y Mallorca. Los mapas muestran que muchos se mueven de nuevo hacia el sur, bordeando de nuevo Ibiza y bajando hacia el mar de Alborán, mientras que otros sí se dirigen hacia el norte por el oeste de Mallorca.

Eso sí, esta manera de habitar el Mediterráneo no es siempre en línea recta, por eso de Stephanis prefiere el verbo deambular para los machos que abandonan la manada de hembras.
“Lo que sabemos seguro es que en el Estrecho tenemos constancia de animales a lo largo de todo el año, menos en verano. Vemos que están unos días en el Estrecho, luego se mueven, se quedan en un seco [relieve submarino] enfrente de Málaga, luego enfrente de Orán, luego hacia Cabo de Gata… y acaban llegando a las Pitiusas, donde tiene que haber unos secos muy importantes para calamares porque se quedan por allí mucho tiempo”.

«No es un corredor, es un hábitat»
Mediante un post divulgativo en Facebook, desde CIRCE ya avanzaban en enero que los comportamientos observados mediante el marcaje satelital no se corresponden con los de un animal en tránsito. Y es que el marcaje satelital ha permitido identificar patrones como trayectorias enredadas y repetidas, cambios constantes de rumbo, bucles, retornos y permanencias prolongadas y el uso reiterado de las mismas áreas a distintas escalas. Por ello, desde este grupo investigador aseguran que el cachalote utiliza también esta parte de Mediterráneo occidental como un «hábitat», no como una mera «autopista marina».
En enero, CIRCE publicó en sus redes la ruta realizada por el cachalote 18. “No es un corredor, es un hábitat”, escribían junto a las imágenes, refiriéndose, por corredor, al Área Marina Protegida conocida como el Corredor de Cetáceos del Mediterráneo. El término ‘corredor’ siempre ha dado a entender que esta zona del Mediterráneo es un lugar de paso. “Simplemente, no es que haya una migración en algunos momentos del año, es que viven ahí todo el año. Lo que pasa es que viven muy esparcidos”, concluye de Stephanis.
El comportamiento de los ejemplares marcados por CIRCE muestra curiosidades de estas especies que aún dan lugar a la investigación. Preguntado por qué hace que los cachalotes permanezcan cerca de las Pitiusas, de Stephanis señala al alimento, calamares y pulpos principalmente. Para las hembras, que conviven en manadas, la hipótesis indica que para ellas este es un hábitat durante todo el año, mientras que los machos se establecen aquí principalmente en verano. “Vienen de mamoneo,” bromea de Stephanis, “a reproducirse, y a por alimento”.
Por suerte, el investigador asegura que estos cetáceos, conocidos como los mayores depredadores del planeta, no hacen la competencia a los pescadores de calamar, y es que estos animales buscan su alimento a 1000 metros de profundidad.

Riesgo de colisiones entre cachalotes y embarcaciones
Observando los patrones de movimiento de los ejemplares marcados, llama la atención que el Área Marina Protegida conocida como el Corredor de Cetáceos del Mediterráneo no es la zona de mayor presencia de estos animales. De hecho, echando un vistazo a cómo se mueve esta especie en nuestros mares en el mapa sobre estas líneas, el corredor se queda corto. Esta zona, que va desde el Cap de Creus en Girona hasta el Cabo de la Nao en Alicante, es una zona de importante tránsito de grandes navieras.
La presencia de estos animales en el entorno de las Pitiusas, una zona de gran tránsito marítimo, se suma a las condiciones de riesgo en el mar entre las islas y la Península. “El principal problema es el riesgo de colisiones”, asegura de Stephanis cuando le preguntamos si Ibiza y Formentera y las Baleares en general hacen lo suficiente en materia de protección. En particular, colisiones entre cachalotes y grandes ferries, los cuáles pueden causar un impacto fatal a estas especies.


Desde CIRCE abogan por que las navieras se responsabilicen de sus impactos de una forma realista y pragmática. “Creo que la medida adecuada sería obligar a los ferries a llevar observadores a bordo que tengan una formación y una metodología auditada por el Ministerio de Medio Ambiente para que informen de dónde están esos animales durante la navegación”, explica de Stephanis. Una medida que defienden, por delante de otras en discusión como la reducción de velocidades. “Si se puede detectar activamente donde está un animal un kilómetro o dos antes de llegar a él, es posible evitar el impacto. A partir de ahí, si eso no da resultados, se puede plantear la reducción de velocidades”.
Los cachalotes son una especie declarada en peligro de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), siendo las colisiones con embarcaciones uno de los mayores riesgos mortales a los que se enfrentan.
Según el propio de Stephanis, ahora continúan trabajando en los datos obtenidos gracias a los marcajes satelitales, que podrían ofrecer conclusiones sobre cómo gestionar y conservar a algunas de las especies marinas más impresionantes del planeta que viven en nuestro litoral.





