La muerte, el sábado 22 de febrero, de Lihka, la bóxer de tres años que perdió la vida tras ser atacada por dos perros potencialmente peligrosos (PPP) en la zona conocida como es Coll de sa Mata de Sant Josep, no fue un hecho aislado. Ahora, otra vecina, Ainhoa, ha decidido romper su silencio y denunciar que esos mismos animales ya la habían atacado meses antes a ella y a su perra.
El ataque que sufrió se produjo el 25 de octubre de 2025, alrededor de las doce del mediodía, en el mismo vecindario desde el que se accede a la montaña donde falleció Lihka.
Ainhoa paseaba con Sia, su border collie de cuatro años, cuando notó que la perra se detenía y se negaba a avanzar. “Es muy intuitiva. Se paró en seco y empezó a tirar hacia atrás”, relata.
Al girarse, vio venir hacia ellas a dos rottweiler —un macho y una hembra— que, según explica, se habían escapado del control del cuidador que los paseaba junto a otros dos perros de la misma propiedad, un pastor alemán y un pitbull. Es decir, que una sola persona llevaba a cuatro perros de gran tamaño.
“Las dos corrimos hacia la verja de unos vecinos para protegernos, pero no nos dio tiempo. Nos alcanzaron y nos derribaron. Nos tiraron al suelo”, relata, todavía afectada.
Un ataque a plena luz del día
Ainhoa cogió a su perra en brazos en un intento desesperado por protegerla. “Todo el mundo me dice que no debería haberlo hecho, pero en ese momento solo pensé en salvarla”, reconoce. Los perros fueron directos al cuello de Sia. Ella la abrazó como pudo y, en medio del forcejeo, recibió mordeduras en la rodilla, además de arañazos por las piernas y golpes de las patas de los perros. “Pero de eso no me di cuenta hasta después. Estaba en shock. Solo quería que soltaran a mi perra”, recuerda.
Tuvieron mucha suerte. El ataque que sufrieron Sia y Ainhoa fue cerca del vecindario y no en la montaña, como les pasó a Lihka y Vanessa. Cuatro vecinos escucharon a Ainhoa pedir auxilio y acudieron inmediatamente para ver qué pasaba. En ese momento comenzaron a gritar al supuesto cuidador y a los perros, lo que provocó que los dos rottweiler soltaran a Sia, que salió corriendo.
La perra se escondió en otra vivienda cercana, donde apareció una hora más tarde, aterrorizada. “La perdí en ese momento y yo solo podía pensar en ella, pensaba que estaba gravemente herida”, añade. Ni se dio cuenta de que era ella la que había sufrido mordiscos y estaba sangrando.

Ainhoa, después de recuperar a su perra y aún temblando, se fue al trabajo pero, a las pocas horas, terminó en urgencias: tenía la pierna completamente inflamada y sentía fuertes dolores. Fue atendida en el centro de salud de Vila. Estuvo dos días de baja laboral y le recetaron antibióticos y antiinflamatorios, tal y como muestra el parte médico de mordeduras que deja consultar a Noudiari.
Su perra, aunque con rasguños y lesiones superficiales, no sufrió heridas graves. “No sé cómo se salvó. Tuvimos mucha suerte”.
Antecedentes que no se denunciaron
En aquel momento, Ainhoa decidió no acudir a la Guardia Civil. Reconoce que hoy se arrepiente. “Lo que hice fue ir a hablar directamente con la propietaria de los perros y le pedí por favor que los llevaran con bozal y que el cuidador no los sacara todos a la vez porque era evidente que no podía controlar a cuatro perros grandes. Me dijo que tomarían medidas”. Pero no lo hicieron.
Meses después de aquel suceso, tras conocer la muerte de Lihka y la denuncia pública de Vanessa, Ainhoa decidió acudir a la Guardia Civil para formalizar la denuncia de su caso. Ahora la muerte de Lihka tiene antecedentes. No ha sido la única. Los vecinos que la auxiliaron también han denunciado ahora tanto aquel ataque como otro episodio en el que su propio perro resultó herido y tuvo que ser operado tras una agresión similar.
“Me siento culpable por no haber denunciado antes. Si lo hubiera hecho, quizá lo de Vanessa no habría pasado”, dice, compungida. Pero Vanessa la apoya y la entiende. Es más, está muy agradecida de que ahora quiera visibilizar el caso.
Los testimonios vecinales dibujan un historial preocupante. Según relatan, los mismos perros habrían matado anteriormente a un gato. Fue cuando se estaban haciendo unas obras en la finca, durante las que se escapó uno de los perros PPP. Los canes también mataron en otro ataque a más de una quincena de gallinas de otro vecino.
Tras la denuncia de Vanessa por la muerte de Lihka, los animales fueron retirados y se encuentran actualmente bajo custodia en Natura Parc, la protectora con la que trabaja el Ayuntamiento de Sant Josep.
Secuelas que no se ven
Aunque Sia sobrevivió, el impacto psicológico ha sido profundo. “Desde ese día no he vuelto a pasear por el vecindario. Cojo el coche y me voy a otro sitio con Sia. A la playa, a un monte tranquilo. Y aun sabiendo que los perros están retirados, sigo sin sentirme tranquila”, confiesa.
Su perra también cambió de comportamiento. “Cuando intenté volver por la zona, se daba la vuelta. No quería pasar por allí”, relata, preocupada de que haya podido quedar traumada por la experiencia.
Lo que dice el Ayuntamiento
El Ayuntamiento de Sant Josep recuerda que todos los perros deben ir sujetos en espacios públicos y que, en el caso de los PPP, es obligatorio el uso de bozal, la licencia específica para su tenencia y manejo, así como un seguro de responsabilidad civil.
Cuando se detectan incumplimientos, se abren expedientes sancionadores que pueden superar los 2.500 euros. En casos graves, se puede retirar la licencia e incluso decomisar a los animales, que quedan bajo custodia municipal mientras se tramitan las investigaciones.
En paralelo, si los hechos pudieran constituir delito, corresponde a las autoridades competentes instruir diligencias. La Guardia Civil lo está investigando. Hay, al menos, tres denuncias por ataques de los mismos perros.
“No quiero que vuelva a pasar”
Ainhoa insiste, como lo hace Vanessa, en que su denuncia busca evitar que algo así pueda volver a pasar, que se extreme el control y la prevención. Que las autoridades actúen. “Si los perros vuelven, yo me mudo. No se puede vivir con este miedo”, asegura Ainhoa.
Su testimonio se suma al de Vanessa en un momento clave para esclarecer responsabilidades y determinar si hubo negligencia reiterada en el manejo de perros potencialmente peligrosos en la zona.
Dos ataques documentados. Varios antecedentes señalados por vecinos. Una perra muerta. Otra que se salvó por segundos y «porque los vecinos nos ayudaron, sin ellos no sé que habría pasado», dice Ainhoa realmente emocionada de que esa respuesta evitó la muerte de Sia.
Por lo que ha podido averiguar Noudiari de sus propias fuentes, los animales —todos ellos considerados potencialmente peligrosos (PPP)— eran paseados sin bozal y por una persona que, presuntamente, no disponía de licencia específica para su manejo. Tampoco contarían con el seguro obligatorio.






