La lucha institucional para evitar la extinción de la lagartija pitiusa (Podarcis pityusensis) choca con la realidad de unas sanciones que el sector y los ecologistas consideran insuficientes. La Conselleria de Agricultura, Pesca y Medio Natural ha confirmado que las multas por introducir especies invasoras en las islas oscilan entre los 100 y los 2.000 euros, una cuantía irrisoria si se compara con el daño irreversible que las serpientes están causando en la biodiversidad de Ibiza y Formentera.
Tras realizar 94 inspecciones técnicas en viveros y centros de jardinería, los Agentes de Medio Ambiente han levantado 21 actas por incumplimiento de la normativa vigente. Como resultado, se han iniciado cuatro expedientes sancionadores contra establecimientos que no respetaron las medidas de seguridad para frenar la entrada de ofidios, principalmente ocultos en olivos y árboles de gran porte.
Sin embargo, el importe de estas multas pone en entredicho la eficacia disuasoria de la ley. Mientras la población de lagartijas locales en Ibiza se encuentra en una situación crítica —como ha venido informando Noudiari, la especie podría desaparecer en pocos años si no se frena la expansión de los colúbridos—, las sanciones económicas para los infractores apenas superan el coste de una transacción comercial media en el sector.
El decreto de 2023 obliga a los viveros a instalar trampas de captura y a respetar estrictamente los periodos de importación (del 1 de abril al 15 de junio y del 15 de septiembre al 10 de octubre). El incumplimiento de estas normas es el que ha derivado en estas 21 actas.
La problemática radica en que, una vez que una serpiente supera el control del vivero y llega al medio natural de Ibiza, el daño es exponencial. La lagartija pitiusa, que no ha evolucionado con depredadores de este tipo, carece de mecanismos de defensa, lo que está provocando un «vaciado» biológico en amplias zonas de la isla.
El Govern defiende la «lucha decidida»
Pese a lo limitado de las cuantías, el conseller Joan Simonet ha defendido estas sanciones como parte de una «lucha decidida» contra las especies invasoras. No obstante, la presión social en Ibiza y Formentera sigue creciendo ante el temor de que la lagartija, símbolo absoluto de las Pitiusas, se convierta en un recuerdo por la falta de contundencia contra quienes introducen la plaga.






