La muerte de Lihka, una perra Bóxer de tres años, tras ser atacada en un monte de Ibiza por un Rottweiler y un American Staffordshire Terrier —razas clasificadas como potencialmente peligrosas (PPP)— ha dejado una profunda huella emocional en su dueña, Vanessa, que ahora exige justicia y un mayor control para evitar que se repitan hechos similares en Ibiza.
El ataque se produjo hace menos de una semana, sobre las once y cuarto de la mañana del pasado sábado. Vanessa paseaba a su perra por una zona boscosa cercana al punto kilométrico 5 de la carretera de Sant Josep, en Ibiza, cuando dos perros de gran tamaño, de color negro, se abalanzaron sobre su perra y la atacaron con extrema violencia. “Se encarnizaron con mi perra”, lamenta. La bóxer murió a consecuencia de las heridas.
En el intento desesperado por salvarla, Vanessa sufrió mordeduras en la mano que requirieron tres puntos de sutura en un dedo, con una herida de aproximadamente un centímetro de profundidad, además de la administración de la vacuna antitetánica. Arañazos y cortes le recuerdan lo vivido. Sin embargo, insiste en que sus lesiones son secundarias: “Yo no soy la víctima. Lo que me importa es mi perra”.
Carrera contrarreloj sin final feliz
Tras el ataque, llamó al 112 y bajó corriendo con su perrita en brazos en busca de un punto al que pudiera acceder una ambulancia o un vehículo. La Policía Local de Sant Josep acudió de inmediato y se activó una ambulancia para atenderla a ella, que finalmente dio la vuelta porque una vecina la subió a su coche de inmediato y la trasladó a ella y a su perra al veterinario. En la Clínica veterinaria Sant Jordi certificaron la muerte del animal mientras atendían a Vanessa de sus heridas.
La mujer fue entonces consciente de que su perra estaba muerta y sufrió un ataque de ansiedad. Desde entonces, está en tratamiento psicológico. Su psicóloga le ha explicado que sus reacciones —miedo constante, sobresaltos al pasear a su otra perra, insomnio y falta de apetito— son propias de un estado de shock.
“Estoy aterrada. Cuando paseo a mi husky y veo una sombra, me asusto”, explica.
Y es que su otra perra, una husky llamada Laia, tampoco come desde hace días. “Estamos las dos afectadas”, resume. Laia y Lihka eran como hermanas. Vanessa ha perdido a parte de su familia en este ataque.
Presuntas irregularidades y antecedentes
Según denuncia Vanessa, la empleada del hogar que paseaba a los perros en el momento del ataque no disponía de la licencia obligatoria para la tenencia y manejo de perros potencialmente peligrosos (PPP). Además, los animales no llevaban bozal ni correa en el momento del ataque. Asegura también que la cuidadora estaba distraída hablando por teléfono con su jefe y que no intervino para separar a los animales.
De acuerdo con la información de la que dispone, la documentación de los perros no estaría completamente en regla y sus propietarios —extranjeros— no estarían colaborando activamente con la entrega de documentación requerida por las autoridades.
«Los mismos perros mataron a 15 gallinas de un vecino»
No sería la primera vez que estos animales protagonizan incidentes. Vanessa afirma que los mismos perros habrían matado previamente a 15 gallinas de un vecino y que existe una denuncia de otra vecina por mordeduras tanto a ella como a su perra.
Investigación en marcha
El dueño de los perros está identificado. La Policía Local se personó en el lugar de los hechos el mismo día y procedió a la retirada de los animales, que actualmente estarían bajo custodia. Este jueves por la mañana, agentes de la Policía Local de Sant Josep se pusieron en contacto con Vanessa para recabar más información sobre cuál de los dos perros pudo morderla, aunque ella no puede asegurarlo con certeza. Hay un tercer perro de la finca, de color canela y que no estaba en el momento de los hechos, que también ha sido retirado.
La vía penal ya está en marcha y la afectada estudia también emprender acciones por la vía civil. Su aseguradora de mascotas le ha asignado un abogado, con quien se va a reunir en breve.
Vanessa se plantea, además, reclamar daños morales. “Para mí no era una mascota, era como mi hija”, subraya.
“Quiero justicia y más control”
Pero su objetivo no tiene nada que ver con lo económico. Instalada en Ibiza desde hace cuatro años por circunstancias personales, Vanessa reconoce sentirse especialmente sola tras lo ocurrido. “Tengo muchísimo dolor. Lo que quiero es justicia”, afirma sin poder contener las lágrimas mientras habla con Noudiari.
Su meta va más allá de su caso concreto. Quiere que la muerte de su perra no quede en una estadística más. “Quiero que esto sea un punto de inflexión, que haya más vigilancia, que se haga cumplir la ley y que no se pueda llevar a estos perros sueltos, sin bozal y sin control. No quiero que nadie más pase por lo que estoy pasando yo”.
Su testimonio, asegura, busca también concienciar: que la normativa sobre perros potencialmente peligrosos no sea papel mojado y que la responsabilidad en su tenencia y manejo se ejerza con rigor.
“Lo mío sigue adelante. Lo único que quiero es justicia”.
Vanessa reitera que su agradecimiento a la Policía Local, Guardia Civil, el equipo del Centro Veterinario de Sant Jordi y el personal sanitario que la atendió tras las mordeduras.





