Grillos, caracoles y ‘bichos bola’ son algunos de los organismos que afloran en forma de plagas en el campo de una Ibiza invadida por las serpientes, una especie que está terminando con especies clave del ecosistema pitiuso como la lagartija. Y no es ya solo una observación de los agricultores, especialmente los del cultivo ecológico, sino una experiencia corroborada también por investigadores sobre el terreno.
Josan Aguiló, agricultor y presidente de la cooperativa ecológica Ecofeixes, cultiva en su finca de Sant Llorenç, donde ha podido observar el creciente número de grillos, especialmente, y también del popular ‘bicho bola’ (crustáceos) o las babosas (caracoles y limacos).
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“Lo que vemos es que en el campo prolifera mucho el grillo común”, explica Aguiló, en relación a un tema que está muy presente entre los agricultores de la cooperativa.
“Pensamos, como payeses, que el grillo era uno de los alimentos de la lagartija y ahora [desde que no hay] vemos una proliferación muy importante de este invertebrado”, dice Aguiló.

La plaga del grillo es dañina porque según explican varios agricultores con los que ha podido hablar Noudiari, estos no solo dañan el cultivo, mordiendo raíces y planteles pequeños o frutos adultos como la patata, sino que también se carga mangueras de riego y mallas contra el crecimiento de hierbas. “Lo estamos viendo ahora de forma generalizada y muchos lo explican”, añade Aguiló, “algunos han perdido una plantación o han tenido que cambiar directamente toda la manguera de riego por otras más gruesas porque el grillo busca humedad y las agujerean, oyen el agua corriente”.
Entre plantaciones afectadas por la presencia de plagas de grillo mencionan la patata, la berenjena o las sandías, que agujerean por la parte de abajo.
Aguiló también explica que desde que no hay lagartijas hay más observación en el sector agrícola de invertebrados como el popular crustáceo ‘bicho bola’ o panerol, y más babosas como el caracol y el limaco desde que no hay lagartijas. Son observaciones, y por eso matiza: “Quizá no es solo por la falta de lagartijas, puede haber otros factores que contribuyen, como la falta de agua que hace que busquen humedad en las plantas”.
Marina Cardona, de la finca Can Puvil, en Es Cubells, una zona a la que las serpientes han llegado algo más tarde, explica que ella misma ha empezado a detectar muchas menos lagartijas en particular desde el pasado año. En su tienda en Can Puvil siempre solía dejar trozos de sandía sobre una mesa para que las lagartijas disfrutaran de sus frutos, pero esa popular imagen es ahora una visión cada vez más rara también en esta zona de Sant Josep.
A final de 2025 perdió una tonelada y media de patata por una plaga de grillos que califica de “bíblica”. Perdió además un sector de manguera de riego que quedó agujereada por estos invertebrados, y tuvo que vender otro 20% de la cosecha apurada para quitárselo de encima lo antes posible y que no se lo comieran también estos insectos. En total, una pérdida aproximada de 4.000 euros.
Cardona, como otros payeses, es muy cauta al ser preguntada si observa estos efectos a la par que la lagartija ya no corre por el campo como antaño. “No puedo decir si ha sido porque hay menos lagartijas, o por la climatología”, explica la agricultora de Can Puvil, “ahora hay menos lagartijas, y también ha sido un año con mucho calor y mucha humedad”.
Una de las medidas que ha tomado para afrontar la proliferación de invertebrados varios que afloran en su finca, como babosas y también orugas (la ‘oruga dormida’ en concreto), es la de poner un corral móvil de gallinas para ayudarse de otra manera más, en el control de plagas. Coinciden, estos payeses, en la necesidad de incrementar labores de prevención y cuidado, para afrontar los nuevos retos que plantean estos organismos ahora más presentes.
Un efecto cascada que corrobora la ciencia
Los payeses con los que ha podido hablar Noudiari comparten una preocupación por las consecuencias de la llegada de las serpientes. Y comparten también la precaución a la hora de acusar al ofidio de las problemáticas que afrontan, ya que se dan circunstancias de climatología, entre otras, que también pueden sumar al problema. Pero hay al menos un equipo de investigación analizando la llegada de la serpiente sobre el terreno que comparte estas mismas observaciones.
Se trata del equipo del investigador Oriol Lapiedra, biólogo del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales. Desde 2021, su equipo está trabajando en una investigación que tiene como objetivo comprobar el impacto en Ibiza de los llamados ‘efectos cascada’ provocados por la llegada de la serpiente y la pérdida de biodiversidad con la desaparición progresiva de la podarcis pityuensis, la lagartija pitiusa.
Para ello han analizado el progreso de la población de numerosos organismos en diferentes zonas de la isla a las que ha llegado la serpiente, y por tanto en los que la lagartija ha desaparecido por completo o está desapareciendo.

Mientras su equipo se centra aún en finalizar el estudio científico en el que desvelarán los datos recogidos sobre el terreno y conclusiones completas, el biólogo confirma a Noudiari un hecho doloroso: “Los efectos que los payeses observan los conocemos bien y son efectos cascada. Cuando la serpiente entra en Ibiza y acaba con una especie clave con la lagartija, lo que provoca son este tipo de efectos cascada que observamos también sobre el terreno”.
Según explica Lapiedra, los efectos en cascada son un concepto clave tras la llegada de los ofidios a Ibiza. Para él es importante observar los patrones que se repiten y replican en las zonas afectadas. “Cuando sacas una pieza así del sistema esto afecta a las otras”, explica Lapiedra, “y la lagartija es una especie clave del sistema porque además de labores como la polinización de flores también regulan las poblaciones de artrópodos (insectos)”.
La llegada de los ofidios no solo ha generado la desaparición de lagartijas en una enorme parte de la isla. Con la desaparición de lagartijas, la especie con más valor ecológico de Ibiza en palabras del biólogo, también se han producido otros desequilibrios. Al perderse la lagartija, otros organismos se multiplican porque pierden competidores y se desajusta el equilibrio.
El investigador lo explica con un ejemplo: “La araña come saltamontes. Si desaparece la lagartija, que come arañas y también come saltamontes, las arañas dejarán de tener a su vez un depredador y un competidor [la lagartija libera a la araña, que crece en número].
Lapiedra también explica que la llegada de los ofidios ha afectado a la población de musarañas, “voraces insectívoros” que juegan un rol muy importante en el control de insectos.
En este desequilibrio no solo están las consecuencias de que desaparezcan lagartijas, por tanto, sino de que desaparezcan otras especies que también son presa de las serpientes, y continúen produciéndose esos efectos en cascada.
Falta de frío, un factor que no ayuda
Desde la Cooperativa de Santa Eulària, el agrónomo Bernabé Linero matiza que, mientras la desaparición de la lagartija puede contribuir a las plagas, es importante tener en cuenta otros factores que se acumulan, como el hecho de haber tenido “dos años consecutivos sin invierno”, prácticamente.
Desde su cooperativa, precisa que de momento, la pérdida de biodiversidad no está afectando de manera masiva a la producción, y aunque puede afectar un poco, “no impide el cultivo”. Sin embargo, está de acuerdo en que “el hecho de que no haya depredadores de esos insectos, acompaña este contexto”, dice. “Si hay depredadores [como la lagartija], puede que la plaga tenga menos incidencia pero no significa que no vaya a haber una plaga impulsada por condiciones de sequía y falta de frío, por ejemplo”.
“En biología”, concluye Linero “no hay solo un factor, es un cúmulo de efectos y factores”.





