La ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Invierno en Milán dejó ayer imágenes para la historia, pero hubo una que cautivó especialmente a los 70.000 espectadores del estadio de San Siro y seguramente a muchos de las más de 100 millones de espectadores en todo el mundo que la vieron a través de las pantallas: unos vibrantes ‘chorros’ de color emanando de tubos de óleo suspendidos en el aire. Lo que pocos sabían es que detrás de ese despliegue de magia y precisión técnica se encuentra el talento de tres jóvenes ibicencos que han convertido su pasión de la adolescencia en una carrera de éxito internacional.
Ziggy Lodewijks, Thomas Clark y Lennart Gottsch, propietarios de la empresa Kkora Creations, son los artífices de esta pieza central del espectáculo, realizada en colaboración con Skywalker y Motion FX. Con apenas treintaipocos años, estos tres amigos -que compartieron pupitre en el colegio de Santa Gertrudis y más tarde en el instituto de Sant Llorenç- han tocado el techo de su carrera profesional en una cita que ya ha sido calificada por los expertos como la mejor ceremonia inaugural de la historia de los Juegos de Invierno.
Bajo el concepto artístico de «Armonía», diseñado por el prestigioso Marco Balich, el evento logró unir por primera vez tecnología punta, arte clásico y sostenibilidad. La inauguración marcó un hito histórico al ser policéntrica: mientras el núcleo latía en el mítico San Siro, la gala se conectaba en tiempo real con Cortina d’Ampezzo, Livigno y Predazzo. Este despliegue culminó con el encendido de un doble pebetero simultáneo en el Arco della Pace de Milán y en la Piazza Dibona de Cortina, uniendo simbólicamente el espíritu urbano con el de la montaña.
En este escenario de máxima exigencia, donde el diseño de Armani se mezclaba con la ópera y la cultura pop, la aportación de los ibicencos fue crucial. Su escenografía de los ‘óleos’ suspendidos se integró perfectamente en una narrativa que buscaba mostrar a Italia como el epicentro de la creatividad mundial, elevando el listón visual a niveles nunca antes vistos en el olimpismo.
De las fiestas ‘trance’ en la isla a los grandes escenarios
La trayectoria de estos tres emprendedores es tan curiosa como inspiradora. Todo comenzó hace más de 15 años como un hobby en las fiestas trance que se celebraban en los bosques y calas recónditas de Ibiza. En 2009, quedaron fascinados por las decoraciones psytrance de colores fluorescentes bajo luz ultravioleta. Aquella mezcla de arte y fiesta les impactó tanto que, en el otoño de 2010, estrenaron su primera pieza decorativa en el cumpleaños de una amiga.


Lo que empezó entre telas y pinturas en Las Dalias, Blu o The Point, fue creciendo hasta que la ambición y la visión de negocio les llevó a dar el salto a Holanda. Allí, aprovechando el mercado de los grandes festivales europeos, su carrera despegó definitivamente. Hoy, junto a la pieza clave del engranaje que es Katrien Blum, Kkora Creations no solo decora, sino que instala infraestructuras monumentales y carpas de hasta 40 metros de diámetro en lugares como Qatar, Dubái y Australia.
Un reto bajo la lluvia de Milán
Sin embargo, nada se compara con la presión de unos Juegos Olímpicos. Thomas Clark reconoce que ha sido el reto más importante de sus vidas. «Llovió toda la semana de ensayos y eso complicó las cosas. El agua hace que las telas pesen más y obliga a recalibrar los motores sobre la marcha», relata Clark. Incluso tuvieron que realizar ajustes de costura de última hora para cumplir con las exigencias de la dirección artística.
«Ayer, el día de la inauguración, por suerte no cayó ni una gota. Todo salió a la perfección, sin un solo fallo. Me invadió un sentimiento de euforia como pocas veces he vivido», confiesa Thomas.
Un futuro brillante
A pesar de la distancia y de haber tenido que tomar decisiones difíciles -como mudarse de país para progresar-, estos tres ibicencos de nacimiento y de corazón mantienen intacta la conexión que forjaron de niños. Para este año, ya tienen encargado su proyecto más ambicioso hasta la fecha: un escenario de 100 metros de longitud por 25 de alto.
La historia de Ziggy, Thomas y Lennart es el ejemplo perfecto de cómo un sueño nacido en la naturaleza de Ibiza puede, con esfuerzo y valentía, acabar iluminando el centro de un estadio olímpico en la que ya es considerada la ceremonia más espectacular de todos los tiempos.









