Hay indicadores de economía que no fallan para decidir cómo de democrático está salir a la calle. ¿Cuántos podemos hacerlo y qué nos cuesta? Comer, vivir, beber. Hay indicadores como el precio de la barra de pan, el del café, la gasolina o el megavatio. Pero en el caso de la caña, ya no nos vale hablar de la más barata, porque la más barata tiene demasiados matices. ¿Lleva tapa? ¿Es mediana o es en realidad una caña pequeña? ¿Es Estrella o es Alhambra? ¿Va bien de presión? ¿Está fría o acaban de enchufar el barril? ¿A pie de playa o a pie de plaza? ¿Lleva espuma o lleva crema?
Todo esto sin entrar en tipos de cerveza, que no estamos en Bélgica.
Ya ustedes entienden, respirar cuesta dinero y el mundo de la hostelería no es fácil para poner las cervezas demasiado asequibles. Unos son propietarios y otros pagan un alquiler; unos piden ocho barriles de cerveza mes a mes para servir a la clientela, y otros compran al pormayor decenas de unidades de golpe para abastecerse para todo el verano. Algunos bares venderán trescientas cervezas al día, y otros cincuenta. Todo eso determina los precios que paga un comercio a sus proveedores por un barril de cerveza, y también los precios que pone de cara al cliente y los márgenes de beneficio de cada caña servida que necesita para quedarse a flote.
Todos esos factores, y seguramente algunos más que poco dependen de lo que hace un restaurador con sus cuentas (podemos preguntarle a Donald Trump), determinan el precio de una refrescante caña en un bar de barrio en Ibiza. Sin florituras.
En Noudiari hemos salido al centro de la ciudad de Ibiza en busca de la caña más económica, una tarea compleja para una redactora abstemia, por cierto. Pero también escribimos sobre tráfico de drogas y nadie cuestiona nuestras fuentes.
La cañita gana presencia como el nuevo estándar
Lo habitual al pedir “una caña” en un bar es que nos sirvan lo que en Madrid, que se las da de tirarlas bien, llamarían una caña doble. Pero la realidad es que este volumen está haciéndose un poquito al lado como estándar en favor de la caña de 20 cl (lo que en Ibiza conocemos como la “caña pequeña”).
Algunos bares de Ibiza, de hecho, sirven solo cañas de 20cl y si queremos algo más grande nos servirán un tercio (en botella).

Es el caso de la cafetería Sacromonte, en la calle Extremadura. Propiedad de los hermanos Vicent e Ignasi Muntaner desde hace 39 años, en este bar sirven la caña (cañita en realidad) a 1,80 euros. Es la más barata que hemos encontrado, porque en la mayoría de negocios, por lo general, esta caña pequeña se sirve por 2,20 euros.
En el Sacromonte sirven el tercio a 2,50 euros, un precio común para la caña de mayor tamaño en la mayoría de sitios que hemos visitado, aunque es habitual encontrar bares en los que se sirve a 2,80 euros. Por supuesto hay más caras, y también la hemos encontrado a 3 euros en bares tipo taberna dirigidos a un público local.
Pero hoy hemos salido de casa con calderilla en los bolsillos.
En la avenida de España encontramos un curioso establecimiento. Poco antes de llegar a la Cruz Roja, en la acera opuesta, encontramos el bar Manfu. Tras la barra está Xuan, una mujer china que atiende a la clientela. Hace un año y medio que regenta con su familia este bar, que aún conserva la máquina tragaperras y sirve ramen casero elaborado en su cocina.
Aquí la caña tiene un precio de 2,40 euros, por debajo de la media. La caña pequeña se sirve a 1,90 euros, de nuevo bajo la barrera del dos.
En el bar Garage 68, ubicado en la calle Aragón, las aceitunas acompañan la caña ocasional. Aquí la caña sube a2,80 euros, mientras que la cañita se paga a 2,20 euros, un poco al límite del concepto contemporáneo de barato.
Constantino Ortiz, propietario, ha trabajado durante más de 30 años de comercial, y explica que los factores que determinan el precio de una caña son infinitos y complejos. “Al final los precios dependen de lo que establecen los proveedores, y los comercios más grandes son los que más descuento tienen pero también venden la cerveza más cara”, explica.

Este bar abrió hace 11 años con la caña a 2,30 euros y la pequeña a 1,60 euros. Datos para el archivo histórico.
En bares de barrio como el suyo, que se abastece con solo unos cuatro barriles de cerveza al mes (además de cerveza embotellada), es difícil reclamar a un proveedor que baje el precio. Factores como vender varias marcas de este licor en un mismo bar pueden condicionar el precio establecido por el proveedor para cada cliente individual, porque no todos pagan lo mismo por el mismo producto.
“Antes se negociaba por el precio del barril y la cerveza”, comenta Ortiz, “y ahora el proveedor pone el precio y tú compras si puedes”.
La tapa que sube el valor de la caña
La cultura de cañas, en muchos lugares de España, no puede ir separada de la cultura de tapas. Lamentablemente, esa magnífica buena costumbre de servir una tapa por la jeta nunca se ha dado del todo en Ibiza, por mucha Andalucía y por mucho norte que haya en las venas de nuestra hostelería local.
Pero hay algunos bares, escasos como son, que si no pueden abaratar la caña, al menos incrementan su valor, haciendo que el combo salga más económico. La ilusión es lo que cuenta.

El Rincón del Poeta – La Chikitilla es un pequeño bar frente a la iglesia de Santa Cruz regentado por Maribel Tirado. Esta andaluza sirve un jueves cualquiera una contundente tapa de garbanzos junto a la caña. Aquí la caña de mayor tamaño cuesta 2,80 euros, mientras que la caña pequeña cuesta 2,40 euros. Sube el precio, pero si hay hambre, parece que baja, aunque sea en nuestra imaginación.
Donde también saben mucho de cañas y tapeo es en La Bodeguilla, una taberna de toda la vida ubicada justo enfrente del instituto Sa Colomina. Aquí sirven como estándar la cañita de 20 cl al pedir una caña, a 2,10 euros, y sinó, el tercio (a 2,50 euros), la pinta (3,80 euros), o ya directamente la jarra, para días vikingos.

Sin duda, las tapas son un imprescindible de este negocio familiar que lidera otra mujer, Nieves García. Tras la barra habla con cariño de su clientela y señala a los sospechosos habituales, que conoce bien.
Tras esta barra, de la que cuelgan jamones, se sirven también buenas tapas para acompañar la caña de mediodía, como un rebosante platito de arroz con carne, un pepito con patatas fritas o un pisto con su huevo frito. Todo eso pueden acompañar tanto la cañita de 1,80 euros, como un botellín de agua. (Ya dije que era abstemia).

Para Nieves, que cierra su negocio cada día a las cinco de la tarde, el verdadero valor, mientras salgan las cuentas, está en juntarse. “La clientela tiene cultura de cerveza, de refresco o de simplemente tomarse algo antes de irse a casa. Es una reunión a mediodía en la que se hace comunidad. Somos como familia”.
Y tú, ¿dónde te tomas la caña y qué te cuesta? Cuéntanoslo en comentarios.






