El tacón de Tonina Saputo marcando el compás sobre el escenario, en mitad del silencio previo a la primera nota, fue el preludio perfecto para lo que estaba por venir. La quinta y última noche del Eivissa Jazz confirmó que el festival sabe reservarse grandes momentos para el final, registrando un lleno absoluto en el Baluard de Santa Llúcia con una velada inolvidable que encandiló a los cientos de melómanos que subieron hasta la muralla.
La contrabajista estadounidense, descubierta para el público hispanohablante por Javier Limón hace una década, empapó el ambiente con un groove contagioso. Acompañada por una impresionante Ivy Alexander a la guitarra (Kenia) y un brillante Gianco Moncada a la batería (Ecuador), el trío internacional tejió una propuesta donde la raíz iberoamericana y los patrones afroamericanos se fusionaron con la sal del Mediterráneo.
Hubo tiempo para que el público entonara a coro el estribillo de Quizás, quizás, quizás, guiños a la copla tradicional con versos de La Catalina y la interpretación de Serpiente, un tema en español dedicado a Donald Trump. El broche a su actuación llegó con una personalísima y aclamada versión del Smells Like a Teen Spirit de Nirvana, transitando desde el pasodoble oscuro hasta el soul más expresivo.
El relevo en las alturas de Dalt Vila lo tomó el prodigio brasileño Michael Pipoquinha, tras un caluroso encuentro en el backstage con el grupo precedente. Acompañado por Thiago Almeida a los teclados, Mamah Soares en la percusión y Renato Galv tras la batería, el bajista de Ceará desplegó una auténtica exhibición de virtuosismo sacándole sonidos futuristas a su bajo de cinco cuerdas.
«Todos los bajistas de la isla que hoy no tienen bolo están aquí… o han venido a la prueba de sonido», apuntaba el coordinador artístico del evento, Vicent Tur, mientras Pipoquinha maravillaba al público.
En un viaje sonoro que incluyó pasajes cantados de su álbum Minha Pele, el artista alternó alegatos funk contra el racismo con baladas de corte cotidiano y homenajes al célebre acordeonista Dominguinhos al ritmo de baião.
La calidez de la música acompañó a los asistentes en su descenso hacia la Marina, despidiendo la edición del Eivissa Jazz hasta el año que viene mientras las notas de las tradicionales jam sessions aún resonaban en la noche ibicenca.









