Ibiza vuelve a mostrar una de sus caras más problemáticas antes de que llegue la temporada alta: el acceso a la vivienda. En esta ocasión, la denuncia no nace de un informe técnico ni de una protesta organizada, sino de una historia concreta que se ha viralizado en redes sociales y que retrata con crudeza la realidad del mercado inmobiliario en la isla.
La protagonista es Stella Tzortzi, creadora de contenido británica que reside en Ibiza desde hace poco tiempo. A través de un vídeo en TikTok, relata el proceso desesperante que ha vivido un amigo suyo al intentar encontrar piso para instalarse en la isla. Su testimonio ha servido como detonante para reabrir un debate que lleva años latente.
Según explica, el problema va mucho más allá del encarecimiento de los alquileres. Durante días de búsqueda apenas lograron localizar una sola vivienda disponible para visitar, una señal clara de que la oferta residencial está prácticamente agotada. Esta falta de opciones se ve agravada por la progresiva desaparición del alquiler de larga duración, sustituido por fórmulas temporales pensadas para el turismo, mucho más rentables para los propietarios.
A la escasez se suman exigencias económicas difíciles de asumir. Tzortzi afirma que es habitual que se solicite el pago de un año completo por adelantado, con cifras que rondan entre los 30.000 y los 40.000 euros, y que incluso se prioricen pagos en efectivo. Una situación que, en la práctica, expulsa del mercado a quienes trabajan y mantienen el día a día de la isla: personal sanitario, docentes, camareros, empleados de hoteles o trabajadores de temporada.
Este tipo de prácticas también despierta sospechas sobre el control fiscal y la transparencia de algunos alquileres, una preocupación que colectivos ciudadanos llevan tiempo denunciando.
Precios de lujo para viviendas deterioradas
La única vivienda que pudieron visitar, lejos de justificar ese desembolso, presentaba un estado muy alejado de lo esperado: antigua, sin mejoras recientes, con un solo dormitorio y evidentes signos de abandono. Para la influencer, el contraste entre el precio exigido y la calidad del inmueble es uno de los grandes síntomas del descontrol del mercado.
Un escenario que puede empeorar
Lejos de ser un caso aislado, Tzortzi advierte de que la situación actual podría ser solo el principio de lo que vendrá en verano. Con la llegada masiva de trabajadores para cubrir la demanda turística, la presión sobre la vivienda aumenta y el acceso para los residentes permanentes se vuelve aún más complicado.
Lo que comenzó como una experiencia personal compartida en redes ha vuelto a poner sobre la mesa una pregunta incómoda, pero cada vez más urgente: en una isla con pleno empleo turístico, ¿hay espacio real para quienes quieren vivir y trabajar en ella todo el año?
Capítulo aparte merece la forma en la que se difundió el mensaje: hablando a cámara mientras conducía, una práctica normalizada en redes pero que vuelve a abrir el debate sobre la seguridad al volante.






