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Según y cómo, por Susana Prosper

Bartolo de s’Aigua

A Bartolo de s’Aigua le fotografió un día un satélite. Él no lo sabe.

Una tarde entramos en la página de Google Earth, para ver nuestra casa desde el cielo, y allí estaba él. Llenando nuestro pozo. Ya es casualidad, porque al año viene una vez o incluso ninguna. Estoy pensando que quizás a Bartolo de s’Aigua le haya fotografiado más veces un satélite, como se pasa el día de aquí para allá. Quizás Bartolo de s’Aigua aparece muchas veces en Google Earth.agua

En casa recogemos el agua de lluvia, por lo que sólo lo llamo si el pozo se vacía mucho y no se prevé que llueva. Nos vemos muy poco, pero nos tenemos cariño. Mientras hace el trasvase de agua, charlamos a gritos junto a su camión. La bomba del agua hace un ruido tremendo, pero Bartolo de s’Aigua parece no escucharlo. Charlamos de la vida, de la salud, de los hijos, de los nietos, del tiempo. Siempre le ofrezco algo de beber, pero siempre contesta “No gracias, ¡ya tengo agua!”.  Bartolo de s’Aigua es un hombre grande. Su camión también. Juntos hacen una buena pareja.

A finales del siglo pasado, viví muchos años cerca de Sa Carroca, en Sant Jordi. En aquella época estaba convencida de que a mí las plantas se me daban fatal, que mi pelo era estopa y no tenía remedio, y hasta que el acero inoxidable era totalmente oxidable. Al empezar el siglo XXI descubrí que sí sé cuidar plantas, que mi pelo es rebelde pero normal y que efectivamente el acero inoxidable no se oxida. Todo eso no fue por el cambio de siglo, fue por el cambio de casa. En esta casa los problemas de agua son quizás más parecidos a los del siglo XIX, pero tengo agua que es agua. En Sant Jordi, los problemas han ido a peor.  Ya ni siquiera saben qué es lo que les sale del grifo, cuando es que sale algo…

La verdad es que el siglo XXI es raro. Es un siglo que se quiere hacer el moderno, pero que está muy atrasado en muchas cosas. Como en esto del agua de Sant Jordi, por nombrar sólo una.

Lo que sí que está claro es que está resultando ser un siglo curioso. Tan curioso que parece querer enterarse de todo. Dicen que nos espían en las redes sociales, que nos escuchan cuando hablamos por el móvil, en fin, que uno no puede hacer nada sin ser observado. Lo del móvil y las redes sociales me da un poco igual, lo que llevo peor es lo del satélite. A mí que me hagan fotos sin avisar me da una rabia espantosa. No tengo ninguna fotogenia. Así que ahora, desde lo de Bartolo de s’Aigua, cuando salgo a sentarme un ratito al sol, o a regar, o incluso a barrer, me pongo monísima.

Le estoy empezando a pillar el truco a eso del “posado-robado”.

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