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Ocho años viviendo con una guía metálica de catéter en su riñón: “Nunca dejes de luchar por tu salud”

Juliana Gomes de Jesús.

Laura Ferrer Arambarri / Juliana Gomes de Jesús es una mujer muy joven, de solo 34 años, que ha vivido ocho de ellos con un cuerpo extraño en su riñón. 

Durante una intervención quirúrgica en el hospital Can Misses de Ibiza dejaron dentro de su cuerpo un alambre-guía de catéter. Un trozo metálico de unos seis centímetros en forma de ‘L’ que durante todo este tiempo la ha martirizado. “Ha sido como tener una enorme aguja clavada dentro del riñón. Dolores crónicos, infecciones de orina, pinchazos al cambiar de postura…”, describe. Una auténtica tortura para la que le decían que no había solución alguna. 




Pero la había. Aunque ha tenido que esperar ocho años. El pasado viernes 19 de febrero la intervinieron en el hospital Universitario de Son Espases, en Mallorca. Ahora, el cuerpo extraño está fuera de ella, en un tarro de plástico que muestra como un pequeño trofeo. Ahí está su salud recuperada. Todavía tiene las grapas sellando el corte en su costado derecho, pero poco a poco se va sintiendo mejor. Con el lógico cansancio y los mareos normales tras una intervención como esta. 

Trozo de guía metálica del catéter que tenía alojado en el riñón.

La perspectiva de poder vivir sin dolor la emociona tanto que se le saltan las lágrimas. Pero también llora conmovida por el enorme apoyo social que ha recibido. “Sé que me van a quedar secuelas y que habrá molestias porque es un riñón que ha sido muy maltratado y martirizado pero, al menos, ya no notaré como una aguja que se me clava de manera constante”, relata y se apresura a lanzar el mensaje, el gran aprendizaje que ha sacado de toda esta experiencia:  “No estoy aquí para juzgar a nadie porque sabemos que los fallos suceden aquí y en todo el mundo. Mi mensaje es otro: no desistan y luchen. Conozco a gente vulnerable que no ha luchado por sus derechos pero deben seguir adelante. Con salud puedes todo, sin salud no puedes nada”, dice con las ideas muy claras. Incluso ha apuntado lo que quiere decir en un papel para que no se quede en el tintero ni un solo punto de su mensaje. 

“No estoy aquí para juzgar a nadie porque sabemos que los fallos suceden aquí y en todo el mundo. Mi mensaje es otro: no desistan y luchen. Conozco a gente vulnerable que no ha luchado por sus derechos pero deben seguir adelante. Con salud puedes todo, sin salud no puedes nada”

Todo comenzó en enero de 2013. Juliana Gomes sufría de cólicos nefríticos con una litiasis ureteral derecha (enfermedad crónica caracterizada por la formación de cálculos en el aparato urinario).

La primera intervención fue el 14 de enero de 2013 en Can Misses. La intención era quitar un cálculo pero, por complicaciones sobrevenidas durante las maniobras de la operación, no solo no pudieron quitarle el cálculo sino que dejaron dentro de su riñón un trozo de guía metálica de un catéter.

Por ello, unos pocos días después, el 25 de enero, volvió a ser intervenida. En esa intervención lograron quitarle el cálculo pero no la pieza del catéter por nuevas complicaciones sobrevenidas. Incluso quedó dentro de su cuerpo otra pequeña pieza, aunque esta no le ha causado complicaciones.

Han pasado ocho años desde entonces durante los que ha tenido infecciones e inflamaciones, ha tenido que tomar muchísimos antibióticos y siempre ha estado intentando tratamientos sin éxito y sin conseguir una solución. 

Su situación de especial vulnerabilidad, sin familia en Ibiza, sin papeles y sin estabilidad laboral, la hizo recurrir finalmente a Médicos del Mundo y a Cáritas Diocesana.

Su situación de especial vulnerabilidad, sin familia en Ibiza, sin papeles y sin estabilidad laboral, la hizo recurrir finalmente a Médicos del Mundo y a Cáritas Diocesana. Gracias a Cáritas supo que tenía derecho a un segundo diagnóstico dentro de su comunidad autónoma. A principios de 2020 acudió al hospital universitario de son Espases en Mallorca, donde la diagnosticaron de nuevo y, un año después, llegó al fin la programación de la intervención. 

Juliana Gomes de Jesús muestra el tarro que contiene el cuerpo extraño que le extrajeron en Son Espases.

Ha puesto en marcha una reclamación por responsabilidad patrimonial por haber padecido una lesión a consecuencia de un servicio público. Una reclamación que no está resuelta todavía, aunque ella insiste en que lo único importante ahora es “recuperar la salud” perdida y lanzar el mensaje de que es posible luchar por estar bien aunque lo tengas todo en contra.

“Estoy aquí como resiliente, después de haber luchado y soportado mucho. Ese es mi mensaje: que no dejes de luchar”, explica. Y es que en este largo y doloroso proceso se ha encontrado con más personas víctimas de negligencias médicas o de otros problemas similares que no luchan porque se sienten vulnerables y tienen miedo. “Pero no hay que tener miedo porque, sin salud, no tienes nada”, insiste. 

“Quiero abrazar a través de mí a las personas que están ahí afuera y que pasan por esta situación. Jamás desistan de luchar por su salud. El que es resiliente, gana. La fuerza te transforma. Aunque te sientas desesperado y deprimido, aunque les pase como yo, que no soy de aquí y pensaba que no tenía los mismos derechos. Hay que ser fuerte, valiente, resiliente, siempre”, insiste.

Aunque te sientas desesperado y deprimido, aunque les pase como yo, que no soy de aquí y pensaba que no tenía los mismos derechos. Hay que ser fuerte, valiente, resiliente, siempre”

“Hay personas que viven con cuerpos extraños más grandes que este, como balas o trozos de metal, y no tienen dolor. Pero en mi caso lo sentía prácticamente todos los días, con dolor a la hora de levantarme, de sentarme, en mi trabajo de manicura al inclinarme…  Es como si él mismo me dijera ‘quiero salir’ cuando notaba un pinchazo. Mi cuerpo me estaba diciendo que tenía que salir”, explica Juliana. 

“Dos días antes de la intervención, cuando ya estaba ingresada, me dolía mucho.  Gracias a la terapia psicológica que he hecho, le ponía la mano encima y trataba de calmarlo, diciéndole que la curación estaba a punto de llegar y que me iba por fin a librar de él”, describe. Y es que después de ocho años con eso dentro de su cuerpo, se puede decir que Juliana ha llegado a comunicarse con él como una forma de terapia. 

“Estoy en un momento de mucha felicidad al haber logrado una conclusión a todo esto”, dice con una sonrisa. 

Ahora le toca reposo, pero espera poder encontrar trabajo como manicura, que es su especialidad, aunque está abierta a otros campos y se dejará asesorar por Cáritas en este sentido ya que le gustaría seguir viviendo en Ibiza, donde se siente feliz. Actualmente tiene un permiso de residencia temporal por razones humanitarias de enfermedad sobrevenida y poco a poco espera encontrar una normalidad. Gracias a las ONG tiene lo básico para vivir y las medicinas que precisa. 

“Pide ayuda si la necesitas, busca información, insiste e insiste y no desistas jamás. Tarda, pero llega, puede que sea con dolor y con lágrimas, como yo, pero llega”, subraya. 

Un recuerdo a Bartolomé Marí-Mayans

Actualmente Juliana Gomes vive en un piso tutelado gracias a la labor de acogida del personal de Bienestar Social del Ayuntamiento de Ibiza. Fue derivada a este servicio por Cáritas y Médicos del Mundo por ser una persona en situación de vulnerabilidad social por su problema de salud, por no tener una situación administrativa regularizada y al carecer de ingresos estables. Con todos ellos Juliana se siente profundamente agradecida. En especial agradece la labor de apoyo psicológico que ha recibido por parte de Médicos del Mundo y, en concreto, por el fallecido Bartolomé Marí-Mayans, psicólogo voluntario en la organización y que trabajó directamente con ella. 

“También quiero darle las gracias a Sara, psicóloga de es Viver que me ayudó mucho a ir con calma al quirófano y que me sigue ayudando porque toda esta situación me ha generado muchísima ansiedad y también a mi médico de familia de Vila que también me ha apoyado muchísimo”, destaca. 

Sin olvidar al equipo de son Espases: “Han sido maravillosos conmigo, desde la enfermeras al equipo del doctor Tubau”, dice muy agradecida y con lágrimas, de nuevo, en los ojos. Ahora son, al fin, de felicidad y de agradecimiento y no de dolor. 

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