El caso de Lihka, la bóxer de tres años que murió el 21 de febrero tras ser atacada por dos perros potencialmente peligrosos (PPP), uno de raza rottweiler y un american saffordshire terrier en una zona de monte de Sant Josep, sigue sumando antecedentes. A medida que avanza la investigación, Noudiari confirma que ya existen tres denuncias relacionadas con ataques de los mismos animales.
La dueña de la perra, Vanessa, continúa adelante con las acciones legales mientras intenta recuperarse de las secuelas físicas y emocionales que le dejó el ataque.
Recuperación tras las mordeduras
Vanessa resultó herida cuando trató de salvar a su perra. Una de las mordeduras de los perros, en un dedo de la mano izquierda, fue especialmente profunda y requirió puntos de sutura.
Aunque ya le han retirado los puntos, la recuperación todavía no ha terminado. “El dedo sigue entumecido y todavía no puedo doblarlo”, explica. Los médicos le han indicado que la inflamación es habitual en este tipo de lesiones y que deberán esperar unas semanas para valorar si es necesario realizar más pruebas.
Por el momento, realiza ejercicios de rehabilitación en casa para recuperar movilidad mientras la inflamación disminuye. No se acogió a su derecho a una baja laboral porque ha preferido trabajar para «estar distraída y no pensar» en unos hechos que la han dejado profundamente afectada.
Un caso con antecedentes
A la denuncia presentada por Vanessa por la muerte de Lihka se suman otras dos denuncias vinculadas a ataques previos de los mismos perros.
Una de ellas corresponde al caso de Ainhoa, una vecina que denunció haber sido atacada meses antes junto a su perra por los perros del mismo propietario y en el mismo vecindario desde el que se accede a la montaña donde ocurrió el ataque mortal.
La otra denuncia procede de vecinos que también habrían sufrido incidentes con los mismos animales y que fueron testigos del ataque a la perra de Ainhoa.
El abogado de Vanessa está revisando la documentación para comprobar qué denuncias han sido incorporadas al expediente judicial que se tramita actualmente.
Según explica la afectada, el abogado está también en contacto con los propietarios de los perros, mientras se estudian los pasos a seguir en el procedimiento. De momento, el caso se está impulsando principalmente por la vía civil.
Vanessa insiste en que su objetivo no es económico, sino que se depuren responsabilidades y se refuercen los controles para evitar que algo así vuelva a ocurrir.
«Agradecida» por la llamada y el apoyo del Ayuntamiento
En los últimos días, Vanessa también recibió la llamada de la concejala de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Sant Josep, Felicia Bocú, que quiso interesarse personalmente por su estado.
Según relata, la concejala le trasladó su apoyo y le aseguró que el caso está siendo investigado. Durante la conversación también le explicó que el consistorio revisa distintos expedientes relacionados con la gestión de perros potencialmente peligrosos en el municipio.
“Me dio tranquilidad saber que lo están investigando, que siguen en ello. Un perro es una responsabilidad muy grande y la concienciación debe ser total”, reconoce Vanessa.
Secuelas que van más allá de las heridas
Más allá de las lesiones físicas, Vanessa continúa afrontando el impacto psicológico del ataque. Ha comenzado terapia para tratar el trauma que le dejó la muerte de su perra.
El miedo sigue presente en su día a día. “Cuando paseo a mi otra perra me sobresalto con facilidad. Si veo un perro o incluso una sombra, me asusto”, explica.
Aun así, mantiene el mismo objetivo que expresó desde el primer momento: que la muerte de Lihka no quede en el olvido y sirva para concienciar sobre la responsabilidad que implica la tenencia de perros potencialmente peligrosos.
“Lo único que quiero es justicia y que esto no vuelva a pasar”, afirma.
La concejala Felicia Bocú incluso la invitó a conocer a los animales que hay en adopción en las instalaciones de Natura Parc pero por el momento Vanessa no se puede plantear algo así. «Lihka era una hija para mí y pasará mucho tiempo hasta que pueda plantearme tener otro perro». Vanessa tiene una husky que, poco a poco, está recuperando la alegría porque también se vio muy afectada por la pérdida de Lihka.





