La ganadería tradicional de Ibiza atraviesa un declive profundo desde hace años. Las cifras lo reflejan con claridad: a principios de los años 2000 había en la isla unas 20.000 ovejas censadas. Si se sumaban cabras, el número se acercaba a las 25.000.
Hoy la situación es muy distinta. Según explica a Noudiari el veterinario del Consell y representante del Colegio de Veterinarios en Ibiza, Jordi Masip, el censo actual de ovinos y caprinos ronda los 4.900 animales.
“La caída ha sido muy fuerte”, resume. “Cuando llegué a Ibiza en 2001 por una campaña de vacunación y control de la lengua azul se censaron casi 20.000 ovejas. Si añadimos cabras serían unas 25.000. Ahora entre ovinos y caprinos son unas 4.900”.
El vacuno prácticamente ha desaparecido. En toda la isla solo queda una explotación de leche, situada en Sant Miquel, con una veintena de vacas y una pequeña industria artesanal para transformar la producción en queso.
La principal causa de esta caída es demográfica. “El problema es el envejecimiento de la población que tenía las explotaciones y la falta de nuevas incorporaciones. No hay relevo generacional”, explica Masip.
Durante décadas muchas familias payesas mantuvieron pequeños rebaños, pero con el paso del tiempo esa actividad ha ido desapareciendo. Los jóvenes apenas se incorporan al sector.
En algunos ámbitos concretos sí se han producido nuevos proyectos, sobre todo en avicultura, donde la producción es más rápida.
“En gallinas o pollos el ciclo es corto. En el caso del bovino es una producción mucho más a medio o largo plazo”, señala.
El impacto de los ataques de perros
A este declive se suma otro factor que está acelerando el abandono de la actividad: los ataques de perros al ganado.
En los últimos años se han sucedido casos de perros que entran en fincas y matan gallinas, ovejas o cabras. Aunque el Consell tiene una línea de ayudas para compensar estas pérdidas, muchos ganaderos ni siquiera la solicitan.
El motivo es emocional: “Volver a casa y ver dos ovejas heridas y cuatro muertas les destroza”, explica Masip. “La gente que tiene animales los quiere, aunque sean de producción”. Por eso, en muchos casos, el ataque marca un punto final para la pequeña explotación.
“La mayor parte de personas que viven algo así dicen: hasta aquí. No quieren volver a pasar por esa situación”, explica el veterinario.
Tenencia irresponsable
Masip insiste en que el problema no son los animales sino sus propietarios. “Yo no hablaría tanto de perros peligrosos como de tenencia irresponsable”, afirma. “El perro no es el responsable del ataque, lo es la persona que debería controlar a ese animal”.
En algunos casos los ataques se producen por perros que se escapan puntualmente, pero en otros se trata de animales que viven sueltos o semisalvajes.
Cuando eso ocurre, el veterinario insiste en que es fundamental denunciar. “Hay que denunciar esos perros sueltos para que puedan capturarlos y la persona responsable asuma las consecuencias”, explica.
Sin embargo, muchas veces las víctimas optan por no iniciar el proceso.






