Los vecinos de la playa de ses Figueretes de la ciudad de Ibiza vuelven a alertar hoy de la misma estampa que ya denunciaron hace semanas: cada mañana, al llegar a la playa, se encuentran restos de botellón de la fiesta nocturna y a personas durmiendo a la intemperie, algunas de ellas tras una noche de after y otras sin alojamiento en la isla.
Las nuevas fotografías, tomadas hoy mismo, sobre las 8, vuelven a mostrar a varias personas tendidas sobre la arena y en la pasarela del Passeig de ses Pitiüses a primera hora del día, en la misma zona donde Noudiari ya documentó el fenómeno el pasado mes de mayo en el reportaje La otra cara de Ibiza: jóvenes durmiendo cada noche en ses Figueretes, unos de fiesta, otros buscando trabajo, que llegó a tener repercusión en informativos de de Ib3 y Antena 3 y en el matutino Espejo Público de la misma cadena.
Los residentes insisten en que no se trata de un hecho puntual. «Es una imagen que se repite y que ya no sabemos ni cómo calificar», señalan vecinos de la zona consultados por este medio.

«Existe un control estricto para que los perros no accedan a la playa, pero no hay ningún tipo de vigilancia sobre la pernoctación ni sobre el botellón», explica una residente a Noudiari.

«Me encontré a un chico tirado en las escaleras y no sabía si estaba vivo»
Una vecina de la zona, que prefiere mantener el anonimato, relata a Noudiari un episodio reciente que refleja hasta qué punto la situación se ha normalizado y lo poco preparados que están los servicios de emergencia para responder. Según cuenta, sobre las siete de la mañana de ayer martes encontró a un joven medio caído en las escalinatas que bajan a la playa, con síntomas de estar bajo los efectos de alguna sustancia. «Estaba como con pesadillas terribles, se le habían caído el móvil y las cosas, y todo el mundo pasaba de largo», explica.

Al intentar avisar a los servicios de emergencia, la vecina se topó con lo que describe como «un protocolo horroroso»: primero llamó a la Policía Nacional, que le respondió que no tenía vehículos disponibles a esa hora; después contactó con el 112, donde tuvo que responder a una batería de preguntas algunas sobre la identidad del individuo que, obviamente desconocía que, según relata a Noudiari, alargaron innecesariamente la gestión. Tras colgar, recibió varias llamadas de vuelta pidiéndole que repitiera la misma información, y finalmente una ambulancia acudió al lugar cuando ella ya no estaba.
«Un calvario de preguntas absurdas y yo solo intentaba ayudar y no se recibía la ayuda», resume la vecina, que asegura que la experiencia la ha llevado a tomar una decisión: no volver a avisar si presencia una situación similar. «Yo no tengo necesidad de esto, por mucha empatía que despliegue», afirma.
Suciedad y sensación de abandono
Más allá del episodio puntual, los vecinos denuncian un aumento de la suciedad en el entorno del paseo, con restos de botellón y basura que, según indican, solo se recogen de forma superficial. «Solamente se limpia el paseo y ya está», lamenta uno de los residentes, que también cuestiona que se destinen recursos públicos a la limpieza sin abordar el origen del problema.
La sensación entre parte del vecindario es de hartazgo y de falta de respuesta institucional ante una situación que, aseguran, se repite noche tras noche en plena playa urbana de Ibiza.






