«Me gustaría que los jóvenes entrasen y sintiesen que es un refugio, un lugar donde pueden volver cuando quieran». Así resume Laia Gabaldón Caballo, de 20 años y vecina de Ibiza ciudad, el objetivo de su trabajo de fin de grado.
Estudia el Grado Superior de Moblament (Diseño de Interiores) en la Escola d’Arts i Oficis, y ha puesto el foco en un edificio que conoce bien: el C19, el Centre de Creació Jove de la calle Castella 19, gestionado por el Ayuntamiento de Ibiza.
Su propuesta es una reforma integral de los interiores y se centra en la primera y la segunda planta por las propias limitaciones de metros cuadrados que le marca el trabajo. La primera planta tiene terraza y una sala con ordenadores y mesas. En la segunda están las salas de teatro y baile.
Paseamos por el espacio y está claro que a Laia no le agrada pero no plantea el proyecto como una crítica. «El C19 está muy bien y tiene extraescolares muy buenas y bien programadas», reconoce. El centro, pensado para niños y jóvenes de entre 7 y 16 años, ofrece clases de robótica, baile, pintura, dibujo y teatro, que van cambiando según los monitores. Además, cuenta con baños adaptados y es accesible, algo que ella valora como «indispensable» y algo que les inculcan sus profesores. Lo que echa en falta es otra cosa: «Es un edificio normal, básico, sin ningún diseño específico. Es como si entraras en el portal de un edificio cualquiera».
Lo cierto es que podríamos estar dentro de cualquier otro edificio.
Bajo estas líneas, algunas imágenes de la fachada del interior actual del centro, que es bastante anodino y gris.



Ella misma lo usó cuando cursaba la ESO, cuando necesitaba un sitio donde hacer trabajos en grupo y hablar sin molestar, algo que no se puede hacer en una biblioteca. «Pero cuando entras no sientes que estés en un ambiente estimulante, joven, que entres y digas: me quedaría aquí toda la tarde», lamenta.
Un C19 con identidad isleña
Su idea es llevar al edificio la esencia más ibicenca, que sientas que estás en la isla y no en un lugar que podría estar en cualquier otra ciudad. Piensa en el blanco de la cal, la madera, los materiales cálidos y claros, la casa payesa. Y mezclar todo eso con el color y la vitalidad que pide un espacio juvenil. «Que tenga un estilo típico de Ibiza, pero sin pasar desapercibido. Algo con personalidad y que te invite a quedarte». Mientras prepara sus diseños en renders a golpe de Autocad y Photoshop, ya ha rediseñado el logo del C19, que se transforma en una sargantana, la lagartija que tanto representa a la isla y que ya está en vías de extinción por culpa de la plaga de serpientes.

Si algo ha aprendido en sus estudios en Arts i Oficis es que el diseño importa mucho más de lo que pensamos: «El interior transmite un montón: tranquilidad, seguridad. Si te transmite paz, te hace ir más».
Más allá de la estética, propone también ampliar lo que se hace en el centro. Sobre las extraescolares, que funcionan, plantea añadir espacios de exposición en todas las plantas para que los jóvenes enseñen sus propios proyectos, zonas de descanso y encuentro, y un taller abierto con maquinaria y material para experimentar sin una clase dirigida. «No hay ningún sitio al que puedas ir y decir: «no sé en qué destaco, quiero averiguarlo». A lo mejor la robótica se te da bien, o la escultura».
Un lugar gratuito para adolescentes
El proyecto nace de una experiencia personal. «He pasado toda mi adolescencia en la calle, rondando. Tus padres no pueden estar dándote dinero continuamente para estar en una cafetería, en el cine… de manera que te quedas sentada en un banco hablando; no hay nada que hacer». Cuenta que su hermano está ahora en esa situación. Y señala una paradoja: hay mucha oferta para los más pequeños, pero al llegar a la adolescencia «de repente es la nada», porque casi todos los lugares de encuentro son de pago.
Un espacio gratuito como el C19, razona, podría ser la alternativa, pero según su experiencia casi no van adolescentes. «No conozco a ningún adolescente que quiera ir a pasar el rato aquí», sentencia.

En el centro le explican que la mayoría de los chavales llegan a su extraescolar y se van, aunque algunos pasan allí toda la tarde. Laia busca el punto medio: que quien quiera quedarse pueda, y que también sea un sitio para socializar con amigos, hacer los deberes o jugar.
Un mensaje al Ayuntamiento
Laia sabe que es un ejercicio académico y que lo que diseñe no se ejecutará. Pero lo plantea como una llamada de atención: «Que nos tengan más en cuenta a los jóvenes de la isla. Ibiza vive mucho del turismo y de la fiesta, y nos fijamos poco en las necesidades de los que residimos aquí todo el año». Cree que el edificio «tiene un potencial súper grande», no solo en diseño sino en actividades, y que está desaprovechado. «Cambiar un local o un restaurante está bien, pero es muy importante fijarse en lo que se puede mejorar para los residentes».
«Mi petición es que nos tengan más en cuenta a los jóvenes de la isla. Ibiza vive mucho del turismo y de la fiesta, y nos fijamos poco en las necesidades de los que residimos aquí todo el año».
Un proyecto con datos reales
El C19 tiene cuatro plantas más la baja. Además de las dos en las que Laia plantea la reforma, en la planta baja está la sala polivalente, en la tercera la sala de dibujo y en la cuarta los despachos, el almacén y la sala de podcast. Ella quería reformar todo el edificio, pero su tutor le aconsejó acotar. El reglamento exige un mínimo de 160 metros cuadrados, con presupuesto realista y materiales sostenibles. Cuenta con los planos facilitados por el Ayuntamiento y con fotografías del espacio. Presentará el trabajo en junio de 2027.

Ahora está en la fase de investigación, y por eso ha creado un cuestionario dirigido a usuarios, familias y también a jóvenes que no van al C19 porque no han encontrado su sitio: qué plantas usan, qué espacio funciona mejor, qué mejorarían primero, si hay un lugar cómodo para esperar o quedarse, si les gustaría una zona tranquila y dónde exponer trabajos. «También es importante saber qué opinan los que no lo usan», dice.
El formulario sigue abierto y Laia incluirá las conclusiones en su proyecto. Si quieres participar, aquí lo tienes.
Después del proyecto, Laia quiere seguir formándose, con la mirada puesta en Arquitectura Interior en la Politécnica de Madrid. Y no olvida recomendar a la Escola d’Arts, donde, dice, «ves arte por todos lados» y alumnas y alumnos se sienten arropados por un profesorado implicado, creativo y motivado. Y no olvida poner un toque de humor al tema porque no olvida el ‘estigma’ que tiene el alumnado de este centro, entre ‘los raros’ y ‘los que fuman porros’: « Para nada. Todos somos normales, pero tenemos algo especial porque hemos despertado un talento y eso hace que estemos motivados», concluye. El entusiasmo con el que habla de este proyecto y de su futuro como interiorista lo demuestra.





