Hay que detenerse en la primera vitrina, nada más cruzar la puerta. Allí está La gran tela de España, una viñeta a toda página publicada en catalán La Campana de Gràcia el 4 de octubre de 1913 como «Visión de España, según Picarol, explicada a Raymond Poincaré», presidente de Francia.
Es un retrato despiadado del país. Hay agencias de emigración y de pasajes que anuncian América (sí, sí, de cuando los migrantes éramos los nacionales). Hay curas, monjas, flamenco, toreros, un garrote vil y un carlista con navaja convertidos en «género de exportación». Hay cárceles de Barcelona, mala educación, niños pobres orinando en la calle y perros hambrientos. Hay un rincón dedicado a Lourdes y una muerte con guadaña que lleva escrito «verola» (viruela). Al pie, el diálogo en catalán:
—¿Qué le parece este cuadro tan típico y tan pintoresco, señor Poincaré?
—Que así como nosotros nos dejamos robar la Gioconda, a ustedes les convendría que se llevasen este cuadro.
Más de un siglo después, la viñeta mantiene su filo y actualidad. Quien la contempla piensa que, si Picarol viviera hoy, trabajaría en Mongolia o en El Jueves, como sugiere Dulce Fernández, la persona que mueve el engranaje de Sa Nostra Sala. Su apodo, picarol (cascabel), define bien su oficio: era quien hacía sonar aquello que se quería ocultar. Y junto a la viñeta, ahí está, un cascabel con lazo.

Una figura poco conocida en su isla
La exposición, titulada «Picarol: dibuixant, promotor i emprenedor eivissenc. 150 anys», se inaugura mañana, jueves 15 de octubre, a las 20.00 horas, en Sa Nostra Sala (calle d’Aragó, 17, Eivissa). Podrá visitarse hasta el 14 de noviembre de 2026, de lunes a viernes de 10.00 a 13.30 y de 17.30 a 20.30 horas, y los sábados de 10.30 a 13.30 horas.
La consellera de Cultura, Educació i Patrimoni del Consell d’Eivissa, Sara Ramon, y el comisario Joan Albert Ribas presentaron la muestra este miércoles. Ramon la definió como una oportunidad para «recuperar y poner en valor la figura de un ibicenco que supo proyectar su talento y su capacidad creativa mucho más allá de nuestra isla». Subrayó que Picarol fue también una pieza clave del grafismo catalán de la primera mitad del siglo XX y que, como pasó fuera buena parte de su vida, es poco conocido en Eivissa. «Es un artista muy poliédrico, muy difícil de encasillar: ilustrador, dibujante, coleccionista, galerista, autor de guías», explicó.

Las 66 obras proceden en su gran mayoría de la colección de Carles Prats Puyalto, documentalista y también comisario, a quien la consellera agradeció su generosidad. Los más de cuarenta documentos (carteles, planos, mapas, libros publicados por Picarol e ilustraciones aparecidas en las revistas satíricas con las que colaboró) los ha aportado en buena parte Ribas. La muestra cuenta con la colaboración del Institut d’Estudis Eivissencs, cuyo presidente, Marià Mayans, agradeció al Consell que acogiera de inmediato la propuesta.
La imagen del cartel resume bien al personaje. Es una autocaricatura de Picarol con un picarol colgando de su carpeta, una de las primeras firmas que utilizó, y reproduce uno de los pocos dibujos de temática ibicenca que se le conocen: una pareja saliendo de misa.
De Sant Telm a La Campana de Gràcia
Ribas explica que el objetivo de la muestra es explicar a «un Picarol que va mucho más allá de la faceta de caricaturista y dibujante». Nacido en 1876 en el carrer de Sant Telm de Vila, pasó parte de su infancia en Dalt Vila, donde la familia se trasladó al carrer Major. Hoy una placa en Can Picarol recuerda su vinculación con el lugar.

Su padre, Lluc Costa, era pescador y tenía además negocios de importación y exportación de maderas, así que la familia, que tenía recursos, se instaló en Palma, donde había más mercado. Con cierta fortuna, envió a sus hijos a estudiar a Barcelona: uno fue médico, otro farmacéutico y el tercero, Pep, empezó Arquitectura.
No terminó la carrera. «Lo que le gustaba de verdad era hacer hacer caricaturas, dibujos de todo», cuenta Ribas. En lugar de atender a los profesores, dibujaba monigotes hilarantes que pasaba a los compañeros, y de ahí dio el salto y empezó a colaborar con las grandes revistas satíricas, entre ellas L’Esquella de la Torratxa y La Campana de Gràcia.

Ribas destaca también un compañero en Palma, Joan March, el famoso banquero y mecenas. Picarol se declaraba anticlerical, republicano y antimonárquico, y eso se nota en muchas de sus ilustraciones. Su personaje favorito era un burgués catalán, nuevo rico, que acosaba a las criadas y llevaba gafas oscuras para que no se viera hacia dónde miraba. Más tarde lo transformó en una caricatura de Mussolini, porque Picarol era germanófobo, italianófobo y partidario de los aliados. Su amistad con March le valió protección en tiempos difíciles.
Empresario, editor… y soñador
La vertiente emprendedora es la que más sorprende y dice mucho del personaje. A finales de los años veinte montó una tienda de antigüedades españolas en Chicago. En 1928 puso en marcha en Palma las Galerías Costa, que revitalizaron la vida cultural de la ciudad y dieron cancha a pintores y dibujantes ibicencos con exposiciones individuales y colectivas. En los años cuarenta expuso allí obra de Picasso.
«Desde esas galerías publicó una colección de guías turísticas hoy muy valoradas por su formato y su abundancia de imágenes: la de Mallorca (1929) lleva 525 fotografías, la edición francesa 400 y la de Eivissa (1936) 150», valora Joan Albert Ribas que recuerda que «la gente de la isla la compraba como un álbum de todos los pueblos, y sus anuncios permiten ver qué negocios siguen vivos y cuáles han desaparecido». Es más, algunos de ellos se pueden ver en la muestra y sorprenden por su contenido como ‘agua caliente y fría’ en todas las habitaciones de un hotel de Ibiza. Un lujo por entonces.

Su proyecto más ambicioso fue Cala d’Or ya que concibió en los años treinta, en Mallorca, una ciudad de turismo para artistas y escritores. Con Ibiza siempre en su corazón la llamó Cala d’Hort, pero a los mallorquines el nombre les sonó a pagès y quedó como Cala d’Or. Picarol quería llevar un pedazo de Eivissa a Mallorca: las calles recordaban nombres de la isla y las primeras 48 casas debían ser de estilo ibicenco, con muros de piedra y encalado. Hoy es un núcleo turístico de unos 5.000 habitantes. El hotel Cala d’Or ganó fama internacional tras la Segunda Guerra Mundial y aparecía en catálogos de Viajes Meliá de los años cincuenta.

Cómo se recorre la muestra
La exposición se divide en dos partes. La primera reúne la obra propia de Picarol. La segunda, con cartelas de color granate, recoge los dibujos de sus amigos (dibujantes escandinavos, estadounidenses y de otros países), que Prats recibió en una carpeta cuando adquirió la colección a la nieta del artista.
Un ciclo de conferencias para profundizar en su obra
Para ampliar el conocimiento sobre la trayectoria de Josep Costa Ferrer, el Consell d’Eivissa, con la colaboración del Institut d’Estudis Eivissencs, ha organizado tres conferencias en Sa Nostra Sala, todas a las 19.00 horas:

Viernes 16 de octubre: «Picarol, aventures creatives», a cargo del documentalista Carles Prats Puyalto.
Viernes 23 de octubre: «Josep Costa Picarol (1876-1971), en el seu 150è aniversari», con la doctora en Historia del Arte Sonya Torres Planells.
Viernes 13 de noviembre: «Cala d’Or, el projecte urbanístic de Josep Costa: de colònia d’artistes i famosos a nucli turístic», del filólogo Joan-Albert Ribas.
Los comisarios trabajan además en un catálogo con imágenes de la exposición y los textos de las conferencias, que se prevé disponible antes de la clausura.







