El príncipe saudí Abdul Aziz bin Fahd fue durante años uno de los visitantes más extravagantes de Ibiza y Formentera. Sus megayates, sus grandes comitivas y las propinas extraordinarias que dejaba en restaurantes y establecimientos de lujo lo convirtieron en uno de los protagonistas más llamativos del verano en las Pitiusas.
Hijo del fallecido rey Fahd de Arabia Saudí, Abdul Aziz bin Fahd acostumbraba a pasar largas temporadas en el Mediterráneo rodeado de personal, invitados y un importante dispositivo de seguridad privada. Su presencia estaba asociada al lujo extremo y a un nivel de gasto que alimentó su leyenda entre empresarios y trabajadores del sector turístico ibicenco. Sin embargo, su historia en Ibiza cambió en septiembre de 2017, cuando abandonó la isla antes de lo previsto. Desde entonces, su trayectoria pública ha quedado marcada por el hermetismo, los rumores sobre su paradero y las preguntas acerca de su situación personal.
¿Qué fue del príncipe Abdul Aziz bin Fahd? ¿Qué relación tuvo su salida de Ibiza con las tensiones políticas de Arabia Saudí? Y, sobre todo, ¿qué se sabe realmente de su vida actual? Durante años, las estancias de Abdul Aziz bin Fahd fueron uno de los episodios más llamativos del turismo de lujo en Ibiza. Su presencia movilizaba una compleja infraestructura de alojamiento, transporte y seguridad, mientras que sus vacaciones se prolongaban durante semanas y, en ocasiones, hasta bien entrado el otoño.
Uno de los símbolos de aquel despliegue era el Prince Abdulaziz, el megayate de 147 metros de eslora asociado al príncipe. La embarcación, conocida internacionalmente por sus dimensiones y su vinculación con la familia real saudí, representaba a la perfección el estilo de vida que acompañaba sus estancias en el Mediterráneo.
A su alrededor se organizaba una extensa logística que podía incluir personal de seguridad, familiares, invitados y vehículos de alta gama. Las visitas a restaurantes, hoteles y locales exclusivos contribuían a reforzar su imagen como uno de los grandes representantes del turismo de lujo en las Pitiusas.
La repercusión de sus vacaciones no se limitaba a la ostentación. Su presencia también despertaba interés por el impacto económico que podía generar entre los negocios de Ibiza y Formentera, dos destinos que cada verano reciben a visitantes de grandes fortunas internacionales.
Propinas millonarias
Si hay una historia que se repite al hablar de Abdul Aziz bin Fahd en Ibiza es la de sus propinas extraordinarias.
Durante sus estancias, trabajadores de establecimientos frecuentados por el príncipe relataban que podía dejar gratificaciones muy superiores a las habituales, en ocasiones de miles de euros por servicios ordinarios. Estas anécdotas contribuyeron a consolidar su fama de visitante generoso y extravagante.
Las propinas, junto con el tamaño de sus embarcaciones, la duración de sus vacaciones y el despliegue de medios que acompañaba sus movimientos, terminaron por convertirlo en una figura casi legendaria entre quienes trabajaban en el sector turístico de la isla.
No obstante, las cantidades concretas que se le atribuyen proceden principalmente de relatos y crónicas de la época. Sin documentación que permita verificarlas de forma independiente, deben interpretarse como parte de las historias que rodearon sus visitas y no como cifras oficiales.
Septiembre de 2017
La relación de Abdul Aziz bin Fahd con las Pitiusas experimentó un giro inesperado en septiembre de 2017, cuando abandonó Ibiza aproximadamente un mes y medio antes de lo previsto.
La salida coincidió con un periodo de fuertes tensiones políticas en Arabia Saudí. El príncipe heredero Mohamed bin Salmán impulsaba una profunda reorganización del poder en el reino, en un contexto de medidas anticorrupción que afectaron a miembros de la familia real, empresarios y antiguos responsables públicos.



En noviembre de 2017, las autoridades saudíes pusieron en marcha una amplia operación contra figuras de la élite política y económica del país. Aquellos acontecimientos provocaron un gran impacto internacional y alimentaron las especulaciones sobre el futuro de distintos miembros de la familia real.
La coincidencia temporal entre aquella crisis y la marcha anticipada del príncipe despertó interrogantes sobre los motivos de su regreso a Arabia Saudí. Sin embargo, la relación exacta entre ambos acontecimientos no quedó aclarada públicamente, por lo que no puede establecerse como un hecho probado que su salida de Ibiza respondiera directamente a una orden política.
Rumores sobre su muerte
En noviembre de 2017 comenzaron a circular rumores sobre la supuesta muerte de Abdul Aziz bin Fahd. Algunas informaciones relacionaron su presunto fallecimiento con los acontecimientos que se estaban produciendo durante la campaña anticorrupción saudí.
Aquellas versiones generaron incertidumbre sobre su paradero. Sin embargo, no quedaron acreditadas y medios de comunicación informaron entonces de que un portavoz del Ministerio de Información saudí había desmentido su muerte y asegurado que el príncipe seguía vivo.
La falta de apariciones públicas posteriores contribuyó a mantener el interés mediático por su figura. Su actividad en Twitter, la plataforma actualmente conocida como X, también había despertado atención por sus mensajes y controversias políticas antes de quedar inactiva.
La ausencia de información pública reciente y contrastada ha hecho que su nombre siga asociado al misterio. No obstante, el silencio mediático no permite concluir por sí solo que una persona se encuentre detenida, aislada o privada de libertad.
¿Qué se sabe de su situación actual?
La situación actual de Abdul Aziz bin Fahd es uno de los aspectos que más dudas genera, pero es importante distinguir entre los hechos documentados y las informaciones que no cuentan con confirmación suficiente.
Human Rights Watch recogió en sus informes sobre Arabia Saudí que el príncipe fue detenido en noviembre de 2017 y señaló posteriormente que había sido liberado en 2018. Esta información resulta esencial para contextualizar su desaparición del foco público y evitar que se confundan episodios de su pasado con su situación presente.
Hasta disponer de fuentes recientes, independientes y verificables, no es riguroso afirmar que continúa recluido en una residencia de Riad, que vive bajo vigilancia permanente o que tiene prohibido abandonar el país.
Tampoco deben presentarse como hechos confirmados las informaciones sobre supuestos problemas de salud derivados del confinamiento, el control de todas sus comunicaciones o la pérdida completa de su autonomía financiera.
Lo que sí puede afirmarse es que Abdul Aziz bin Fahd ha dejado de ocupar el espacio público que tuvo durante sus años de mayor exposición mediática. El contraste entre aquella vida de lujo visible en Ibiza y la escasez de información sobre su trayectoria posterior explica que su figura continúe despertando interés.
La expresión «jaula de oro» resume el atractivo narrativo de esa transformación, pero debe entenderse como una metáfora y no como una descripción verificada de sus condiciones actuales de vida.
Veranos de excesos en Ibiza
La historia de Abdul Aziz bin Fahd conecta dos escenarios muy diferentes: el turismo de lujo de Ibiza y Formentera y los equilibrios de poder de la monarquía saudí.
Durante sus años en las Pitiusas, el príncipe representó una forma de veranear basada en la exclusividad, el gasto extraordinario y un despliegue de recursos difícil de igualar. Sus megayates y las historias sobre sus propinas lo convirtieron en uno de los visitantes más recordados de aquella etapa del turismo de alto poder adquisitivo.
Su salida de Ibiza en 2017, coincidiendo con un periodo de cambios políticos en Arabia Saudí, marcó el final de aquella presencia habitual en el Mediterráneo. La posterior falta de información pública sobre su vida ha alimentado las especulaciones, aunque no todas las versiones que circulan cuentan con respaldo documental.
Casi una década después, su nombre sigue evocando los veranos de lujo extremo en las Pitiusas. Pero, más allá de los rumores sobre su paradero, la pregunta sobre qué fue del príncipe Abdul Aziz bin Fahd continúa abierta: una historia en la que los hechos acreditados, las incógnitas y las leyendas de Ibiza deben mantenerse claramente diferenciados.
¿Quién es Abdul Aziz bin Fahd?
Abdul Aziz bin Fahd es un príncipe saudí, hijo del fallecido rey Fahd de Arabia Saudí. Durante años fue conocido por sus estancias de lujo en Ibiza y Formentera, asociadas a megayates, grandes comitivas y un elevado nivel de gasto.
¿Por qué era famoso Abdul Aziz bin Fahd en Ibiza?
Su fama en Ibiza se debía a sus prolongadas vacaciones, al megayate Prince Abdulaziz y a las historias sobre las extraordinarias propinas que supuestamente dejaba en restaurantes y otros establecimientos de la isla.
¿Cuándo dejó de veranear en Ibiza?
Abdul Aziz bin Fahd abandonó Ibiza de forma anticipada en septiembre de 2017. Su salida se produjo en un contexto de tensiones políticas en Arabia Saudí, aunque no se ha establecido públicamente una relación causal definitiva entre ambos acontecimientos.
¿Estuvo detenido Abdul Aziz bin Fahd?
Sí. Human Rights Watch documentó su detención en noviembre de 2017 y señaló que había sido liberado en 2018. Estos antecedentes no permiten determinar por sí solos cuál es su situación actual.
¿Qué relación tiene Abdul Aziz bin Fahd con la familia real saudí?
Es hijo del rey Fahd, que gobernó Arabia Saudí entre 1982 y 2005. Su trayectoria se enmarca en la historia de la familia real saudí y en los cambios políticos que ha experimentado el reino durante las últimas décadas.







Que la paz sea con vosotros… o lo que sea que digáis ahora por las Pitiusas.
He leído las preguntas y me reconforta ver que la memoria del Prince Abdulaziz y de mis propinas sigue viva, aunque la prensa no acierte una.
Para vuestra tranquilidad: sí, sigo vivo. Ni estoy atrapado en un limbo político ni sigo surcando el Mediterráneo. Tras dejar Ibiza en 2017 y resolver mis «asuntos familiares» en Riad, decidí cambiar radicalmente de vida. Dejé los megayates, las comitivas de cien personas y los chiringuitos de lujo por algo mucho más relajante y espiritual: una modesta granja en mitad de Arkansas, donde paso los días cuidando corderos.
Resulta que esquilar ovejas bajo el sol del sur de Estados Unidos da mucha más paz mental que gestionar fortunas familiares o dar propinas de cinco cifras por una paella. A mis queridos corderos les da igual si soy hijo del rey Fahd o si fui el rey de la noche ibicenca; solo quieren su hierba a tiempo.
Así que podéis dejar de especular sobre mi situación actual. Un saludo desde el campo norteamericano, y dadle recuerdos de mi parte al mar Blau.