“¡Ha sido Modu, él ha apagado el incendio!”. El grito viene de arriba y miramos hacia el segundo piso del bloque de apartamentos donde acaba de arder una vivienda situada en un bajo en el carrer Guipúzcoa —en Punta Pinet, Sant Josep, muy cerca de la playa—.
Allí, unos chicos gritan ese nombre: Modu.
“¿Pero quién es Modu?”
“Ve a la playa y pregunta por él”, nos dicen.
Vamos hasta el restaurante Freedom y preguntamos. Creen que es uno de los hombres que se ocupan de las hamacas. Nos acercamos a uno.
“¿Eres Modu?”
“Sí”, responde un hombre alto y serio que arrastra con cada mano dos hamacas para irlas recogiendo, a la vista de que se levanta viento y hay previsión de tormenta.
Modu es senegalés, tiene 40 años y acaba de convertirse en el héroe de Punta Pinet.
Estaba trabajando en la playa cuando vio, a muy pocos metros, las llamas de un incendio en el carrer Guipúzcoa. Sin pensárselo dos veces, echó a correr, saltó la valla que separaba la terraza en llamas de la calle y buscó un extintor. Estaba medio vacío. Encontró entonces una manguera y, con la ayuda de otra persona, empezó a apagar el fuego. Llegó antes que los bomberos.
“Se iba a quemar todo, los coches de la calle también. Hoy hay mucho viento fuerte. He hecho de corazón”, dice en un castellano más que decente, y sonríe.

Modu nos cuenta también que vive en la playa, al raso, porque no tiene casa. Aun así, ha arriesgado su vida por salvar la de otro. “Me lavo con el agua del mar y compro alguna botella para ducharme”, explica.
Lleva ocho años en España, aproximadamente uno en Ibiza. Durante el día vende gafas de sol en la playa y echa una mano con las hamacas siempre que puede.
Dejó un hijo en Senegal y, cuando habla de él, se le humedecen los ojos. Allí era conductor de camiones, pero su vida era precaria, sin futuro ni perspectivas. En 2015 se subió a un cayuco y, tras una travesía muy dura, llegó a Tenerife, desde donde lo devolvieron a su país. Volvió a intentarlo en 2018. Esa vez tuvo más suerte y pudo quedarse a trabajar en las islas “durante muchos años”. Después pasó por Jaén y ahora está en Ibiza.
Todavía no ha conseguido regularizar su situación en España, pero asegura que está en ello. “He echado los papeles para conseguirlos, estoy esperando”, cuenta.
Hoy los vecinos de Punta Pinet le felicitan. En especial el hermano del propietario de la vivienda calcinada, que le da las gracias, visiblemente afectado por lo ocurrido mientras empiezan a recoger los restos.
“Eres un valiente”, le dicen los vecinos.
“Bueno”, replica él, mirando al suelo, un poco cohibido por la situación.
Ha habido otros héroes hoy en Punta Pinet, como Francisco Álvarez, un joven fisioterapeuta de Granada que estaba alojado con unos amigos en el segundo piso del mismo bloque y, al ser desalojados, ha llamado a algunas puertas para comprobar que todos se habían enterado. Al llegar a una se ha encontrado a unos niños muy pequeños que estaban solos. «Estaban bien, solo los he sacado fuera, a la calle», dice quitándose importancia.

El incendio, declarado este mediodía en la planta baja del edificio, se ha saldado con un total de ocho personas afectadas por inhalación de humo de diversa consideración. El fuego, completamente extinguido por los Bomberos del Parque Insular tras la actuación de Modu y de otros vecinos que cogieron sus extintores, generó llamas potentes y una densa humareda que alarmó a vecinos y turistas por la cercanía del inmueble a la playa.
Los enseres de la terraza —entre ellos un toldo, una barbacoa, mesas, sillas y otros ornamentos— han quedado completamente destrozados. Todavía se desconoce el origen del fuego que ha afectado a una vivienda aledaña y a la fachada del complejo.
Esta noche, mientras el propietario de la vivienda calcinada empieza a asumir los daños, Modu volverá a dormir al raso, en la playa. Seguirá así mientras espera regularizar su situación y encontrar un trabajo estable. Por un día ha sido el héroe de Punta Pinet y no un «sinpapeles».






