Clara Rodríguez (Alicante, 1991) y José Hidalgo (Granada, 1989) llegaron a Ibiza hace tan solo cinco años, tras la pandemia, cuando a José, que es Guardia Civil, le destinaron a la isla. Era una Ibiza post-pandémica, desde la que Clara mantenía su clientela online como profesora de Pilates y asesora de nutrición, su nuevo foco tras una vida profesional como fisioterapeuta. Pero no se les conoce por estas vidas. En Ibiza se les conoce como el Gorteam. ‘Gor’ por el apelativo cariñoso “gordi”, sí. Son la pareja tras una cuenta de Instagram, Ibiza Gorteam, que ya acumula una comunidad de 43.500 seguidores entusiasmados por su visión del mundo gastronómico en Ibiza (y algo más allá).
Caracterizados por un tono espontáneo, desenfadado, en positivo y algo canalla, han reseñado en sus videos todo tipo de bares, restaurantes de toda la vida, y nuevos establecimientos en la isla de Ibiza y también en Formentera. Tanto para el café con leche como para un buen arroz. Desde las sillas de plástico, el bullit de peix y el suelo grasiento, a los restaurantes resultones que a veces aparentan más de lo que sirven.
Quien siga esta cuenta en español con acento sureño, sabrá ya de las reacciones disfrutonas de Clara Rodríguez tras probar las mejoras croquetas de Ibiza, realizar un ranking de tartas de queso, o probar el mejor alioli. Junto con José Hidalgo, ambos comparten su pasión por lo culinario y lo que sucede alrededor de una mesa. Tras crear la idea mientras compartían vida en Barcelona, fue al llegar a Ibiza cuando Gorteam se convirtió en un proyecto profesional sin rivales ni competencia. Su relevancia es tal que incluso las instituciones pitiusas confían en ellos para promocionar la gastronomía de la isla en plataformas del sector.
Tras esa parte disfrutona también ha habido momentos duros, y es que tras la pantalla, que tanta presión ejerce, la relación entre comida y cuerpo no es siempre complaciente o fácil. Con Noudiari, Clara Rodríguez se sincera en esta entrevista sobre la parte cruel tras los comentarios en redes sobre el cuerpo o los hábitos alimenticios que la empujaron a sufrir un trastorno de la conducta alimentaria del que ahora, tras salir a flote, habla con naturalidad. En su alianza, Jose comparte esta responsabilidad por mostrar comida real, un compromiso con su comunidad de ‘gorcomientes’.
¿Cuál es el primer recuerdo que tenéis de la comida? ¿Qué relación teníais con la comida como niños en vuestra infancia?
Clara: Yo nunca he sido de menú infantil, siempre quería lo que comían los mayores, siempre. Y luego otra de las cosas que también es súper curiosa es que me llevaba al colegio de almuerzo bocadillos de roquefort. ¡Nadie me quitaba el bocata!
Entonces no había bollicao.
Clara: En mi casa no ha habido nada de eso. De forma muy, muy, muy esporádica, como mucho una magdalena casera o cosas así, pero yo me llevaba mi buen bocadillo de roquefort y me gustaba ya la carne al punto. Esto debía ser con 10 años más o menos. La gente mayor se echaba las manos a la cabeza.
Si íbais a un restaurante, ¿te dejaban pedir directamente o era lo típico de: “la niña va a comer espaguetis con tomate”?
Clara: No, no, no, qué va, qué va. Somos tres hermanas y nos dejaban escoger a las tres. Nunca nos han condicionado para nada.
Jose: Para mí curiosamente fue todo lo contrario. No tengo un buen concepto de que comiera bien de pequeño. Sé que mis padres lo hacían lo mejor posible por nosotros, pero sí que recuerdo que había mucha bollería, lo típico. Y cuando le conocí a ella, cuando tenía 23 años, empecé a comer mejor. En mi infancia y mi adolescencia no tengo esa buena relación con la gastronomía, pero poco a poco la he ido cambiando. Cada vez soy más consciente y cada vez la disfruto más.
¿También tiene esto que ver con crecer, con tener experiencias que nos sacan un poco de la gestión que hay en la mesa del comedor de casa?
José: Totalmente. Para mí salir de mi casa ha sido ver otro mundo, otra gastronomía. Es lo que me ha hecho cambiar completamente. Es más, incluso ahora cuando vuelvo a casa intento cambiarlo y decir: “Oye, que hay otro mundo ahí, que se puede comer mucho mejor”. Ojalá hubiera empezado a comer antes así de bien, porque lo notas físicamente en todos los aspectos: si tú estás bien alimentado, afecta física y emocionalmente.
En el momento en que salís del nido paterno, materno, de los abuelos, de las abuelas, que también contribuyen a la comida familiar, hay una cosa que suele pasar, que es que tienes que empezar a hacerte la comida tú. ¿Cómo cambia eso vuestra forma de comer?
Jose: Yo soy Guardia Civil, y con 19 añitos mi primer destino fue Alicante, lo que viene siendo el pueblo de Clara. Me lesioné el menisco…
Clara: Y yo soy fisioterapeuta y trabajaba en una clínica…
Jose: ¡Ella fue quién me curó! Ahí empezó nuestra relación y luego nos fuimos a vivir juntos a Barcelona. Ahí es donde empezamos a convivir, a hacernos la comida…
Clara: Pero sí que es verdad que ‘cocinitas’ nunca hemos sido. Jose tiene algún ramalazo pero… ¡Somos de ir a comer fuera! Jose empezó hace unos años a meterse en esto porque mi padre es muy arrocero y le empezó a llamar la atención. Se puso con él, mano a mano. Se le da súper bien hacer arroces, es su especialidad. Y ya cuando empezamos a cocinar juntos era todo mucho más saludable. Sencillo pero muy saludable. No éramos de guisos muy elaborados pero sí que es cierto que las cosas un poquito más gochas las dejábamos para fuera de casa.

¿Entonces cuándo empieza Gorteam y cuándo venís a Ibiza? ¿Y cómo surge esa idea de crear este proyecto?
Clara: Gorteam empezó antes de venir a Ibiza, con nuestra perrita tekkel, una perra salchicha, Lana, que ya falleció. Teníamos una camper, viajábamos mucho y hemos sido muy de crear hábitos. Estábamos viviendo en Barcelona y se nos ocurrió compartir nuestra experiencia, hábitos, deportes…, con la perrita, que aparece en nuestros primeros posts. Para compartir todo esto creamos el Instagram del Gorteam, pero no se creó únicamente para la gastronomía, sino por estilo de vida, como se lleva ahora.
Jose: Yo pedí destino a Ibiza tras un ascenso. Nada más llegar aquí era mi cumpleaños y Clara me regaló una sorpresa. Me dijo “vamos a ir a comer a un restaurante de Ibiza”. Lo grabamos y el resultado, o lo que hicimos, le impactó tanto a ese restaurante que el propio restaurador nos dijo: “Esto que acabáis de hacer no lo hace nadie en la isla. Si lo lleváis a cabo, si lo profesionalizáis, podéis ser unos referentes en este aspecto”. Entonces dijimos vamos a ello. Nos gusta, sabemos hacerlo. Lo hicimos de manera espontánea, muy rápido.
Clara: Era puro ocio, hobby. Lo hacíamos por disfrute. Por gusto. Nos gustaba hacerlo, difundirlo. Siempre hemos sido los típicos amigos a los que todo el mundo nos preguntaba adónde ir a comer. Así que era como ahorrarnos el tener que contarlo después. Fue de forma totalmente espontánea, sin buscarlo ni mucho menos.
¿Por qué lo gastronómico se convirtió en un protagonista tan fuerte?
Clara: Muchas veces desde dentro no eres consciente y basta que te lo digan desde fuera para pensar que aquí tienes tu sitio. Nos pasó con la gastronomía. Aquí es donde nosotros pensamos: podemos meter cabeza. Y lo disfrutamos tanto porque realmente siempre nos ha gustado comer fuera. Nosotros viajábamos y lo primero que yo hacía era buscar los restaurantes en los sitios donde íbamos de viaje.
Jose: Nuestros viajes se organizaban en base a los restaurantes, es decir, se marcaban primero las chinchetas de los restaurantes y ya organizábamos qué zonas visitar en torno a esos. La prioridad era querer comer bien.
¿Qué es comer bien para Gorteam?
Jose: Yo creo que es buscar sensaciones nuevas, es decir, que algo te sorprenda, probar sabores, que digas wow, esto nunca lo había sentido y no sabría cómo replicarlo yo en casa. Aparte de encontrar buenos productos: que digas qué calidad tiene esto, qué textura, qué jugosidad aporta. Lo que hace la gastronomía es que junta a las personas alrededor de una mesa. Ya no es solamente el plato sino lo que une ese plato.
Pero en Ibiza, ¿se puede salir de un bar de bocadillos y decir que hemos comido bien?
Clara: Por supuestísimo. Igual que puedes salir de un restaurante Estrella Michelín diciendo vaya mierda, ¡te lo digo ya! José habla de sensaciones nuevas, pero yo añadiría también sensaciones que evocan recuerdos. A veces un plato puede transportarte a un momento muy concreto: por ejemplo, una sopa que te recuerda a la comida de tu abuela y te devuelve, de golpe, a un recuerdo familiar. Son sensaciones que llegan al sentimiento a través del paladar. En ese sentido, la comida no solo alimenta el cuerpo, sino también el alma, porque esos sabores te trasladan en el tiempo y en el espacio. Por eso me parece un aspecto muy interesante. Y, si hablamos de salud, comer bien implica equilibrio, que al final es la clave de todo.

Vosotros que tenéis un estilo gamberro, un poquito canalla, ¿creéis que es necesario en una escena gastronómica como la de Ibiza, que a veces puede sentirse un poco elitista?
Clara: Muy necesario. Es más, a nosotros nos han llegado a llamar de sitios que han tenido gente de renombre que les han llamado para ir a hacer vídeos y les han dicho que no. Ellos nos han llamado a nosotros para que vayamos. Podemos hablar de famosos, de gente súper influyente, y han preferido a gente de a pie como nosotros. Por eso mismo, por la naturalidad.
Ibiza ya está cansada de gente de postureo, de elitismo. Ibiza va más allá y quiere volver otra vez a lo de antes. Creo que se ha tocado un techo, y ya no quieren seguir por este lado.
Pero ahora vemos muchos restaurantes con grandes cocineros de renombre, como Martín Berasategui, Gordon Ramsay, Paco Roncero o ahora el último Dabiz Muñoz. ¿Qué opináis de que vengan a Ibiza?
Clara: Me parece muy bien, pero creo que no se le está dando el enfoque necesario. Me parece súper acertado que quieran meter cabeza en Ibiza porque a Ibiza la nutre muchísimo esta gente de renombre, cocineros reconocidos a nivel mundial. Eso le da a Ibiza un caché tremendísimo. Pero claro, es que ese chef no puede estar en la isla. Ese chef tiene que delegar y ahí es donde viene el problema: tú no puedes hacer que funcione bien por inercia, solo bajo el paraguas de tu marca. Es imposible. Entonces por eso el de Martín Berasategui ha cerrado.
Otro elemento de estos restaurantes es que suelen estar en hoteles de cinco estrellas y eso exige un presupuesto muy alto por parte del comensal para poder estar ahí.
Clara: De todos modos, en comparación, si te paras a pensarlo y eres de restaurantes y lo pones en comparativa, no es tanta la diferencia de un estrella Michelin o, por ejemplo, ahora que va a abrir Dabiz Muñoz StreetXO en Ibiza, del que podemos decir abiertamente que somos muy fans…
En ese caso particular Muñoz vendrá a Ibiza con una versión de su restaurante de gastronomía streetfood, y cierto es que los precios son más accesibles.
Clara: …Estamos hablando del mejor chef del mundo. Me sorprende muchísimo el rechazo de la gente, el rechazo que ya tiene o la mala predisposición, porque obtuve muchísimo feedback negativo [tras publicar un video sobre su llegada a Ibiza]. Vamos a ponerlo en contexto, porque a lo mejor te estás gastando 100 euros en un beach club, que te están poniendo comida súper mediocre, y luego estamos hablando del mejor chef del mundo con recetas y bocados que merecen muchísimo la pena. Estamos simplificando el impacto que tiene cada uno.

Pero luego hay muchos de estos chefs que abren sus marcas con un acceso muy exclusivo, por ubicación, por precio… ¿Comprendéis que se genere un rechazo por parte de la sociedad ibicenca?
Jose: Claro, la gente está cansada ¿pero sabes lo que cansa mucho? Vas a un sitio, pagas un ticket muy alto y lo que recibes no es una buena gastronomía. Si ahora viene Dabiz Muñoz, por ejemplo, y hace su cocina —o quien ponga al mando la hace y la replica— aunque el ticket siga siendo alto merece la pena. Si él hace eso y trae su buena gastronomía, se paga encantado porque te emociona. El problema que pasa en Ibiza es que en muchos sitios te piden ese precio, o incluso más alto, y te está dando una gastronomía mediocre, como ella ha dicho antes.
Clara: Y tendemos a meter a todo mundo en el mismo saco.
Jose: Claro, la gente está muy cansada ya de eso, de ese típico beach club, o un sitio que se pone de moda, donde van famosos y todo el postureo y donde te cobran una pasta. Y dices: Me han robado.
¿Hay un cambio social también en esos lugares, notáis que cambia algo cultural o socialmente?
Clara: Sí, yo me siento fatal por no tener las tetas operadas [risas]. Hay sitios de postureo que… se nos ha ido la cabeza, totalmente. Tú buscas tu vestido de gala… y lo digo a modo anecdótico pero es serio: nos estamos volviendo totalmente superficiales.
Jose: Cuando sacamos tanto sitio tradicional o de toda la vida es para contrarrestar esto. Para decirte: Oye, Ibiza no es solo eso, Ibiza también tiene este sitio que lleva 50 años por algo, porque lo está haciendo bien y hay que darlo a conocer. Es decir, ese sitio no lo va a sacar ningún influencer, ni ningún foodie, ni nadie. Por eso nosotros vamos, que lo conocemos y decimos: también hay esto en Ibiza.
Es donde tengo que pararos un momento. A mucha gente le da coraje cuando ve que sacáis un sitio ‘de toda la vida’ al que no ha ido todavía siendo de aquí o de llevar muchos años en Ibiza… y, por otro lado, está quien pide que no los saquéis por temor a que sean demasiado conocidos y se puedan masificar… ¿Sentís que tenéis una responsabilidad? ¿Cómo gestionáis esta responsabilidad?
Clara: El gran debate. De forma individual es lo que peor llevo. José tiene las ideas más claras, y, si no hacemos ninguna maldad, tiene confianza en hacerlo a pesar de que luego reciba ese feedback. A mí me toca más las fibras, yo soy más sentida. Que la gente me diga que se va a masificar… No quiero hacerle daño a nadie, pero sí que es cierto que es muy difícil contentar a todo el mundo. Para ti, que vas a desayunar, te gustaría que estuviera así siempre, pero la persona que hay detrás, que tiene que mantener una familia, necesita que se llene.
¿Cómo reaccionan estos lugares, que son de toda la vida, cuando les decís que vais a publicar un vídeo sobre sus negocios? ¿Hay una conversación previa, aprecian la visibilidad, os cuentan si están teniendo problemas?
Jose: Hay un ejemplo que lo clarifica mucho. Más de la mitad de nuestros seguidores, entre un 60-70% están en Ibiza. Así que al final no lo estamos haciendo para ese turista que viene a Ibiza, sino que lo estamos haciendo a la gente que está aquí todo el año. No les queremos masificar, sino que se lo queremos dar al que está aquí.
Y sobre la reacción ante nuestra llegada, nuestra visita… A veces les avisamos, a veces simplemente vamos, lo grabamos y luego lo ven y se encuentran la sorpresa. Hace poco sacamos un bar de un centro de mayores. La gente nos decía que hacen muy buenas pizzas allí. No nos lo creíamos pero, efectivamente, hacían muy buenas pizzas. Sacamos las pizzas y empezaron los comentarios de por qué habíamos sacado ese sitio, que es para los ‘abuelicos‘ y se va a llenar… Y de repente llegó un mensaje del propietario y nos dice: me encanta lo que habéis hecho, por favor, quiero que volváis, quiero agradeceros esto que habéis hecho. Todavía no hemos recibido una crítica de un sitio que nos diga: no quiero que vengáis, no me ha gustado lo que habéis hecho.

Clara: Otro ejemplo también es un restaurante súper mítico, muy antiguo, en el que el jefe, un payés de toda la vida, no quiso recibirnos. No quiso. Estaba el hombre muy atareado y a la suya… ¡lo puedo entender perfectamente! Nosotros grabamos, callandico, a lo nuestro, no pasa nada. Lo difundimos hará cosa de un mes y hace poco nos contactaron porque quería recibirnos y hablar con nosotros. Nos pasa a veces esto, porque nosotros, forasteros encima…
Pero luego es tan bonito ver cómo te entienden y se crea incluso una relación de amistad que hemos hecho con varios ibicencos. Creo que debemos estar haciendo algo bien cuando a esa persona, que le cuesta tanto romper esa barrera, algo totalmente comprensible, nos llama, nos busca, y pone en valor lo que hacemos. Para nosotros eso tiene más valor que se viralice un reel.
Con este acento que tenéis y siendo alicantina y granadino, ¿os cuesta más ganaros la confianza de los negocios locales, de los dueños, de los propietarios ibicencos de toda la vida, o creéis que tenéis que demostrar mucho más por ello?
Jose: Yo siempre digo que si nuestro apellido fuera Marí o Tur o Guasch… sería mucho más fácil [risas]. Sí que es verdad que va cambiando y nos van sintiendo más de aquí. Llevamos ya 5 años aquí, siempre nos dirán que somos de fuera, pero nosotros ya nos sentimos de aquí también.
Clara: También porque han visto que lo hacemos desde el respeto y hemos creado una comunidad muy bonita. Nos acogen súper bien, aunque yo aún puedo tener algún desliz en cámara pronunciando postres como la greixonera… y es muy guay porque incluso ellos [los usuarios de redes] entran en ese diálogo… Estamos muy agradecidos y creo que hemos creado una comunidad muy bonita.
Con los españoles hay muchos estereotipos en general, sobre todo cuando nos sentamos a la mesa, que somos ruidosos… Sin caer en estereotipos, ¿cómo somos los ibicencos en la mesa? ¿Qué nos motiva al salir a un restaurante?
Clara: A los ibicencos les gusta que les sirvan [risas]. Los ibicencos son ‘señores’, o sea, a ellos les gusta porque creo que como se ven tan… ¿Cómo deciros? Que ven tanta invasión de su territorio, de todo lo suyo, que ellos se sientan en un restaurante y dicen: oye, yo soy ibicenco, a mí me tratan mejor que al de al lado porque yo soy de aquí. Y si hoy me tomo un café con leche desnatada, mañana no quiero tener que repetirte que la leche desnatada, o sea, quiero que ya lo sepas porque soy de aquí.
Como ibicenca me cuesta no estar de acuerdo…
Jose: Es totalmente entendible porque, visto cómo ha ido cambiando tanto la isla todos estos años… Este sitio que era un pequeño paraíso y ahora se está llenando cada vez más y más, y no de una manera muy sana o limpia… Pues es normal que les duela y que se sientan así, yo lo comprendo.
Clara: También ponen muy en valor la gastronomía de aquí, o sea, gusta mucho que utilicen el producto de aquí y ellos se enorgullecen de ello. Si hay un producto que puedes cogerlo de la isla, cógelo y no te lo traigas de fuera. Si a ellos les presentan un plato, ya sea más moderno, menos vanguardista, más tradicional, pero con producto de aquí, lo van a agradecer también mucho.
Vuestras reseñas suelen ser positivas y rara vez se ve una negativa. ¿Cuál es la filosofía detrás de esto?
Jose: Cuando haces un vídeo, si haces algo negativo vende más. Lo negativo llama más la atención y nosotros lo hemos visto. Cuando haces una crítica de algo, la gente enseguida quiere verlo y se ensaña con ese sitio. Pero te das cuenta del poder que tienes, de la fuerza que tiene cuando haces un vídeo. Igual que pueden venir muchas personas, también pueden dejar de ir. Nosotros estamos aquí para aportar, estamos para ayudar. Sabemos que hay cosas malas, pero queremos potenciar lo bueno. Queremos centrarnos en lo positivo aunque no nos hagamos tan virales o no nos demos tanto a conocer.
Sabemos que un video negativo va a llegar a mucha gente, que es lo que hacen muchos cuando vienen a la isla. Viene el típico influencer, se va al restaurante más caro de Ibiza, donde venden el caviar más caro del mundo y te extraña que te cobren 10 euros por un agua. ¿Qué esperas? Van buscando eso.
Intentamos dejar la crítica a un lado si detectamos algo malo, pero si vemos algo muy evidente y si podemos evitar que la gente vaya y le engañen en ese sitio, pues sí.

Entonces si vais a un restaurante y la experiencia es negativa, no hay nada positivo que sacar… ¿qué pasa?
Clara: Pasan dos cosas. Hay videos que hacemos que son promocionales y nos pagan por ello, y hay videos que hacemos por voluntad propia. Entonces pueden darse dos escenarios. Fuimos a uno por voluntad propia en Formentera, que fue nuestro primer año, de un reconocido chef, y la experiencia fue nefasta, nefasta. Incluso sentías que te estaban vacilando. Era un fallo tras otro, no reaccionaban bien. Llegó tal punto que decidimos sacarlo. Pues lo siento, pero ahí hay que dar un golpecito en la mesa y decir “ey, que estamos muy endiosados, que se os está yendo un poco de las manos, aquí tenéis que cuidar el de a pie y ya no sólo al que te viene con su yate”.
Luego nos puede pasar lo contrario. Hemos cerrado colaboraciones pagadas y la experiencia con alguna cosa no ha sido buena. Por suerte podemos decir que no hemos tenido ni una sola experiencia en la que hayamos dicho: no sacamos nada, ni una. Puede haber experiencias como que un plato no corresponde con lo que nosotros entendemos por correcto, y lo hemos dicho. En esos casos ha habido opciones como sacarlo de la carta, cambiar el plato y hacerlo de nuevo, o quitarlo y no sacarlo en video.
Jose: Al final todo lo que sale, todo lo que mostramos es porque lo recomendamos. Si tú me sirves este arroz y considero que este arroz no es bueno, o te lo saco y te digo que no está bueno o pedimos que nos lo cambien. Pero las reacciones en el video son reales a lo que se pone en la mesa, a lo que probamos.
Si hacéis videos fruto de colaboraciones pagadas y otros por voluntad propia, ¿los tratáis a todos por igual? ¿Se diferencian en vuestras publicaciones?
Clara: A día de hoy los tratamos igual porque nunca hemos hecho ninguna diferencia en cuanto a grabarlo, ni al tono de la grabación, ni al exagerar nada. Se han tratado exactamente igual. Nosotros vamos con la misma premisa, con el mismo objetivo que es sacar lo bueno. Si ponemos si es colaboración pagada o no, los prejuicios de forma automática saltan. Entiendo que haya gente que lo quiera saber, pero es que ya vas a ir con una premisa que no corresponde con nuestra filosofía, ya te condiciona.
Jose: Luego no todo vale, no cualquiera.
Clara: Si nos llega un restaurante [pidiendo una colaboración pagada] y nos metemos en las reseñas de Google en Tripadvisor, ves que solo hay críticas negativas, el servicio nefasto, la comida mal, el precio desorbitado en comparación con lo servido… No podemos coger ciertas colaboraciones después de lo que ha costado ganarnos la confianza de nuestra comunidad, no la podemos dejar por el dinero. A día de hoy decimos más no que sí.
El precio desorbitado entonces tiene un peso.
Clara: Sí, si es un precio que sabes que te están timando o que pagas porque las paredes están forradas en flores para hacerte tropecientas fotos. Intentamos sacar toda la gama, pero cuando sabemos que es un precio alto, que es algo muy delicado, intentamos que sea de calidad.
Jose: Por ejemplo, hay un restaurante que siempre recomendamos mucho, que es el de Can Toni Xumeu. Con ellos ya ha pasado la barrera de lo profesional y ya es como nuestro amigo, pero es que nos flipa cómo cocina el chico, cómo lo vive, te lo explica y te emociona. Entonces pagues lo que pagues, allí está bien pagado. Ese ticket alto merece la pena.
Clara: Y por el otro lado también. Por ejemplo con la comida rápida, si sacamos una pizza, es una pizza de calidad. Si te saco una hamburguesa, no te vas a sacar una hamburguesa mediocre. Igual que las reseñas negativas son las que más audiencia tienen, el fast food también es mucho más fácil. Vende más sacar guarrerías que publicar sobre una comida de toda la vida, de olla. Venden muchísimo más las cochinerías, pero tampoco es nuestra misión.

¿Cuál es el enemigo más grande al que se enfrenta el mundo de la gastronomía en Ibiza?
Jose: La falta de personal cualificado. En cuatro años lo hemos notado muchísimo. Los propios propietarios y cocineros nos llaman, nos lo dicen, nos piden a nosotros si sabemos de alguien que quiera venir a trabajar. Y ya no te piden ni profesional, simplemente que venga con ganas de aprender y de saber. Eso ya dice mucho de que tenemos mucha falta de ese personal. Obviamente lo entendemos por el tema de vivienda y demás problemas que presenta la isla.
Clara: Nosotros hemos visto muchos restaurantes caer en el camino de estos cuatro años que llevamos en activo haciendo esto. Aquí hemos promocionado restaurantes muy buenos, con muy buen fondo, con gente muy competente, que no han podido también por el precio de los alquileres. Y no es lo mismo una persona de a pie que un gran grupo inversor que viene de fuera. Para cualquier particular o pequeños empresarios que quieran sacar un negocio de gastronomía adelante, hay una diferencia abismal.
¿Qué tipo de restaurantes habéis visto caer en estos cuatro años?
Clara: Hemos visto muchos que no han sobrevivido. Quizá los que quieren sacar gastronomía más vanguardista, de más fusión… Pero eso compite con los grandes grupos y no puede, no puede.
Jose: A los que más hemos visto caer ha sido a los que empiezan. Sabemos que un negocio, en los primeros años, tiene pérdidas. Y lo que nos dicen es eso: personal, alquiler y estacionalidad. Ellos están pagando un alquiler anual en un buen sitio, turístico, pero cuando sigues pagando el alquiler en invierno y no tienes personal y tienes que cerrar… hace que no compense. No salen los números y acaban cerrando, independientemente de que su cocina sea muy buena. A veces cuando están abiertos, según su capacidad de comensales, no les da para compensar por los meses cerrados.
Clara: Jose lo ha dicho muchas veces: si fueras la resistencia en esos meses ganarías dinero, si aguantaras enero y febrero, porque la gente quiere seguir saliendo.
Si fuera una emprendedora que quiere abrir un negocio gastronómico en Ibiza, ¿qué es lo que no debería hacer y lo que sí? Si abrierais vuestro propio restaurante…
Clara: Que lo hemos pensado pero… [señala a sus dos mellizas recién nacidas que se relajan en sus carritos]. Hemos puesto números sobre la mesa pero no.
Jose: Los primeros años tienes que estar ahí, asentar el negocio y dedicarte al 100%. Pero lo que diría es: no hagas algo que no sepas. Si vas a abrir un restaurante, ábrelo de lo que sepas hacer. Si eres bueno con un café, móntate una cafetería; si eres bueno haciendo arroces, un sitio de arroces… Pero no quieras abarcar algo que tú no sabes, haz algo que te caracterice, céntrate en un mercado, en un sector y hazte especialista en ello, que la gente te conozca por ello.

Hay una enorme dimensión de salud mental en todo esto por la relación que tenemos con la comida. Hay muchísimas personas que sufren trastornos conductuales con la comida o que sufren por el juicio sobre sus cuerpos y la presión de la sociedad en cuanto a la imagen personal. Después está Instagram, las redes… ¿Qué peso tiene esto en Gorteam y cómo lo abordáis?
Clara: Yo he tenido un trastorno. Lo he vivido desde dentro. Yo venía del mundo deportivo, del mundo de la salud y me metí en esto… Y a mí esto me atropelló. Al principio dices que sí a todos: por hacerte ver, por ganar confianza… Eso me abrumaba y se salía de mi estilo de vida. ¿Qué hacía? Compensar, compensar, compensar, compensar… Me llené de inseguridades, de miedo. Luego estaba la exposición, y los comentarios de “cómo te vas a comer eso, cómo te vas a poner comiendo”, todo eso… Esto se disparó con Gorteam.
Nosotros veníamos de unos buenos hábitos, como te he comentado antes. En mi casa siempre se ha comido súper bien, yo he sido deportista toda la vida… A mí me derivó en un trastorno y cuando vienes con unos hábitos que están tan bien, y empiezas a ver tanta comida encima de la mesa, que te llaman y tienes que decir que sí… A lo mejor nosotros teníamos establecido de lunes a viernes comer de puta madre (saludable) y el fin de semana darnos ese caprichito. Pero luego el primer año te llaman un lunes, te llaman un miércoles, te llaman un viernes y no vas a decir que no porque estamos empezando, necesitamos contenido, contenido, contenido…
Y luego recibes comentarios [en Instagram] del tipo: “buah, cómo te vas a poner” o “para ser chica cómo comes…”. Y hay ciertos comentarios que si te pillan vulnerable, te calan, y tienes que estar muy preparada psicológicamente para que no te calen y no te afecten. Entonces ¿Qué hacía yo? Pues eso, conductas compensatorias, hasta que llegó un momento… Nos fuimos de la isla y yo tuve que quitarme las redes un tiempo para curarme y volver. Porque sabía que si seguía así, el Gorteam no iba a poder seguir porque iba a poder conmigo. Derivó en una ansiedad, estuve hospitalizada y no podía seguir así.
Al final tiene que haber un filtro en la libertad de expresión. A todos nos gusta tener libertad de expresión y todo lo que tú quieras, pero ¿hasta dónde? No sabemos que detrás de la pantalla hay una persona, no sabemos la situación de esa persona o hasta qué punto podemos hacer daño. Y todos somos muy valientes con el móvil en la mano.
¿Cómo te afectaban los comentarios? Porque a veces no son solo comentarios atacantes, directamente. A veces se enmascaran en la broma, en un elogio incluso…
Clara: Claro. Por suerte, tenemos una comunidad muy buena con poquitos comentarios negativos. Pero a veces, por ejemplo, puede ser un amigo que te dice que ha visto los videos de este fin de semana y “no veas cómo te has puesto…”. Al final te crea un personaje en el cual tú tienes un estándar, un físico con el que tienes que mantener todo perfecto y detrás hay muchos miedos, inseguridades… [Temes perder] todo eso, como si fueras a perder tu identidad, [sientes] que estás quedando mal.
Al principio es un mundo desconocido también, yo no estaba preparada y no sabía que esto se iba desencadenar. Es lo que desencadenó. Tiene sus cosas muy beneficiosas, como hemos dicho: ha derivado en un trabajo que nos encanta y que amamos. Pero tampoco estaba preparada para ese tipo de comentarios. Afectaban hasta el sentido. A lo mejor no cenaba una noche, a lo mejor entrenaba por la mañana y volvía a entrenar por la tarde, y vas castigándote a ti misma. Y te preguntas por qué, ¿desde dónde estoy haciendo esto?
¿Era un cuidado excesivo?
Clara: Había un cuidado por restringirte que era un castigo y al final no era ni cuidado, era castigo. Al final expones tu cuerpo, tu cara, tu todo, y aparte yo soy una persona muy natural, no me gusta sacar filtros porque iba en contra de mi filosofía de mostrarte tal como eres. Tuve que ponerme en tratamiento. Al final hay que buscar ayuda y hay que tirar para adelante, no hacerlo tampoco tema tabú, por eso me gusta decirlo. Y decir que esto está pasando.
Me consta que le pasa a mucha gente del sector. Muchísima. Cuando me quedé embarazada y la gente no lo sabía me hacían comentarios sobre lo gorda que me estaba poniendo. A una amiga que se dedica a lo mismo le pasó exactamente igual. Sientes que tienes que estar dando explicaciones todo el rato. Al final te das cuenta de que, como dicen: quien las necesita no te las pide y quien te las pide no las merece.
Además, los comentarios que te hacen en redes no solo los lees tú. También los leen otras personas que pueden estar sufriendo una relación complicada con la comida y pueden sufrirlos igual.
Clara: Es mi responsabilidad hacia esa persona ser sincera y decir que yo estaba como estaba porque tenía una enfermedad también. Seamos realistas, no todo es de color de rosa, y luego yo me como este plato… y luego por la noche me como todo lo que me da la gana. No, no.
Hay un cuidado detrás y hay mucho más detrás que también hay que saber mostrarlo.





