El mercado Eivissa Medieval ha arrancado su edición en 2026 con mala pata: la lluvia impidió a los más de 200 comercios repartidos entre las calles de Vara de Rey, La Marina y Dalt Vila obtener un buen primer día de feria y hoy viernes, el espíritu es de remontada.
Cerca de las 11 de la mañana, por la calle de Sa Carrossa comienzan a subir tímidamente turistas y visitantes de este mercado medieval que desde el año 2000 conmemora la declaración de la ciudad de Ibiza como Patrimonio Mundial de la UNESCO. Mucho ha cambiado este mercado, sin embargo, a lo largo de las más de veinte ediciones celebradas hasta hoy.
De los puestos de carpinteros y herreros que mostraban cómo realizaban su trabajo in situ en el Portal de ses Taules ya no hay rastro este año. Los trabajos manuales tradicionales en este tipo de mercados no se exponen al paso del viandante como antaño, y la excepción es la labor de los artesanos payeses de Ibiza, que cumplen y exhiben sus trabajos con esmero y dedicación.
En esta edición del Eivissa Medieval, como en las últimas, hay espacio, quizá demasiado, para el producto importado, desde el juguete de plástico made in China, a las cerámicas de Turquía que pueden encontrarse ya en cualquier gran bazar comercial.
Es el caso, por ejemplo, de un puesto de Toledo, repleto de juguetitos bastante anacrónicos en este decorado. Pero también se ve en puestos de otra índole, como de bisuterías o platos ralladores.
Es algo que observa, por ejemplo, Adim Galizia, miembro de una familia comerciante artesana en Ibiza que participa también en el Eivissa Medieval, aunque es posible haberles encontrado en Sant Antoni y en grandes mercados de Ibiza como Las Dalias. A él sí se le puede ver realizando algunos trabajos de joyería, en esta mañana de viernes tras un arranque complicado para todos los comerciantes. “Ayer vimos algún alemán por aquí pero no había nadie debido a la lluvia” lamenta. Su familia lleva más de 10 años participando en este mercado de ambiente medieval, en el que dice, “no te haces millonario, pero te da un rédito económico”.

A la pregunta de si el mercado y el producto han cambiado, el joven es sincero. “Se ha homogeneizado un poco todo”. En su caso explica que para entrar entre los seleccionados artesanos en la feria debían presentar una muestra de su artesanía y asegurar que un porcentaje del producto es made at home, es decir, de la casa, artesano. “Hay gente que trae más mezcla, y hay gente que trae más de lo de fuera, al final entiendo tanto uno como otro, porque si eres vendedor, y algo funciona y lleva menos horas, puedes querer cambiar el producto”.
Es la realidad que viven muchos feriantes, que también ven este fenómeno en la península. Rosa Pividal, trabajadora en un comercio alicantino de productos artesanales, Tierra de Ceibas, explica que lo que ven en Ibiza es genérico para todas las ferias de esta índole. “Eso se debe a que en el momento en que se deja entrar a gente que compra en Ali Exprés”, dice Pividal”, “eso mina el trabajo del artesano que está cinco horas construyendo elementos de madera, y al final si eres artesano no te compensa”.

Por ello, tanto ella como su compañera en este puesto de productos ecológicos, Cristina Salmerón, aseguran que “el Ayuntamiento debería hacer un esfuerzo por mantener un filtro para proteger el producto artesano”.
Estas veteranas vendedoras, que circulan por otras ferias de España, aseguran que ese tipo de filtros pueden contribuir también, si se aplican en el número de comercios, a proteger el Eivissa Medieval de la masificación. “La masificación de la feria acaba rompiendo la feria”, advierte Pividal.
Este año el Ayuntamiento, precisamente, ha celebrado el incremento de visitantes al Eivissa Medieval. Gracias a conteos reales, y no estimados, desde el consistorio han podido confirmar que en 2025 hubo un incremento de un 14% en el número de visitantes. Se traduce en 8.000 visitantes más que en años anteriores, y un total de 68.000 visitantes del mercado medieval en cuatro días.

En cuanto a los puestos, el mercado medieval de 2026 cuenta, según el consistorio de la ciudad, con 120 puestos de artesanía y gastronomía, procedentes de la península, 60 puestos locales correspondientes a los artesanos ibicencos, comerciantes y residentes en la isla, y 22 más de los artesanos payeses de Ibiza.
Tres días de tiempo inestable para remontar un mal comienzo
Justo enfrente del Ayuntamiento, Samuel Vázquez ofrece al transeúnte hambriento y goloso una muesca de pan gallego con cerdo asado. Su puesto, la Taberna Galaica, lleva 18 años siendo parte del mercado medieval de Ibiza y es uno de los puestos clave para comer un buen bocadillo de carne asada. Este año han invertido solo en el barco 2.200 euros, entre dos furgones con un remolque, los pasajes de cinco personas y el viaje desde A Coruña, más una semana de alquiler en la isla y los gastos diarios. “El primer día la climatología no nos ha dejado trabajar”, lamenta. Por ello, la fe está en lo que se inicia con este fin de semana.
Para ellos, “Ibiza es de las ferias más importantes, hay todo tipo de público, de jóvenes y mayores, extranjeros y nativos, nos gusta mucho y nos tratan como si fuéramos de aquí”.


Un poco más arriba, camino a La Catedral, Roberto Gómez, de Can Gaburra, prepara todo tipo de embutidos traídos hasta Ibiza desde La Garrotxa catalana. Venir hasta Ibiza es, también para su negocio, “más infraestructura e inversión, más arriesgado por el producto perecedero, la humedad… así que es un ¡mercado de riesgo!”, asegura Gómez.
El espectáculo de inauguración, traspasado de ayer a hoy a las 18 horas en el Portal de ses Taules, marcará un reset del Eivissa Medieval 2026. Tras un jueves marcado por el agua y la inestabilidad, muchos miran al cielo con la esperanza de recuperarse este fin de semana.






