Los datos del aeropuerto de Ibiza hablan de más llegadas de turistas, pero muchos bares, restaurantes y cafeterías de la isla cuentan una historia distinta. Es la de una temporada de ventas a la baja y márgenes cada vez más estrechos. ¿Cómo es posible?
Miguel Tur Costa, presidente de la Asociación de Bares, Restaurantes y Cafeterías de Ibiza y Formentera (Pimeef Restauració), lo aclara con precisión en conversación con Noudiari, a la vez que pone nota al verano —»un 6, aprobado, pero tampoco para tirar cohetes»—.
Desgrana una paradoja que, según explica, no responde a una sola causa sino a un cambio estructural del turismo que visita la isla.
El primer matiz que introduce Tur va directo a las cifras ya que el hecho de que haya un gran movimiento de pasajeros en el aeropuerto no supone un incremento real de turistas porque la estancia media ha caído en picado.
Lo explica: «Necesitas muchos más turistas para que se mantenga el número de pernoctaciones. En 2025 ya fueron inferiores a las de 2024, y todo apunta a que este año se repite un ligero descenso si se comparan estancias reales en lugar de tránsito aeroportuario”, analiza.
A partir de ahí, Tur evita las lecturas simples porque hay muchas casuísticas, pero sí incide en que estamos inmersos en un cambio estructural del tipo de turismo en Ibiza (no solo en Ibiza, matiza).
Lo cierto es que en este 2026 dentro de la restauración conviven negocios a los que les va bien, regular o mal, aunque la percepción general —confirmada, dice, tanto por colegas de profesión como por los proveedores del sector— es de un descenso de ventas.
Tres turistas distintos: familiar, en descenso, y «de experiencia» y lujo, en ascenso
El diagnóstico de fondo es un cambio de modelo que, según Tur, viene gestándose desde antes de la pandemia y se ha consolidado en los últimos dos o tres años. El turista familiar de toda la vida, que sigue existiendo aunque está en claro descenso, convive ahora con dos nuevos perfiles muy bien definidos.
“Por una parte tenemos un turismo de estancias muy cortas —uno o dos días— que busca una experiencia u ocio concreto, y otro de alto standing o lujo, en claro crecimiento”, afirma Tur Costa.
Las causas, explica, son múltiples y no son exclusivas de Ibiza ya que “los precios de viaje y hotel se han duplicado en toda Europa en los últimos años”, lo que está lastrando a las familias, a lo que la isla suma los “sobrecostes de la insularidad y la necesidad de repercutir los gastos fijos de todo el año en apenas seis meses de temporada”.
A eso se añade un cambio generacional de hábitos “porque los jóvenes prefieren varios viajes cortos al año, cinco o seis de pocos días, en lugar de uno largo” y la propia apuesta de Ibiza por segmentos como el lujo o el ocio nocturno, que atraen a un público muy determinado.
Del restaurante al supermercado: el nuevo gasto del turista
Uno de los puntos que más interesa al sector es hacia dónde se está desviando el gasto. Y la conclusión que sacan desde Pimeef es que el turista, salvo que busque una experiencia gastronómica concreta, cada vez recurre menos al restaurante.
«Ahora van al supermercado a consumir o hacen un day pass en un hotel que me permite vivir la experiencia sin pernoctar», resume Tur, describiendo dos alternativas que están ganando terreno.
Por un lado, los supermercados han multiplicado su oferta de comida ya preparada o semipreparada, lista para llevar y consumir directamente, lo que compite con el menú tradicional del mediodía, que cada vez escasea más al menos a bajo precio que es lo que busca el turista joven o familiar. Aquí la Pimeef es tajante: nada que objetar a que haya comida para llevar en un supermercado, pero que se instale una zona de comedor sin licencia de actividad de restauración ya es otra cosa.
Por otro lado, el day pass —pasar el día completo en las instalaciones de un hotel sin pernoctar— se ha convertido en una fórmula habitual entre quienes visitan la isla solo uno o dos días y concentran ahí buena parte de su gasto de ocio.
A este trasvase de demanda se suma un problema de exceso de oferta porque “el número de restaurantes y cafeterías en Ibiza ha crecido un 50% entre 2005 y 2025, frente a un aumento de apenas el 7% en la oferta hotelera”, añade.
«Hay una sobreoferta de restaurantes frente a una nueva forma de consumir que tienen los turistas», apunta Tur, lo que agrava la presión sobre las ventas de cada establecimiento.
Ingresos que aguantan, rentabilidad que se hunde
Incluso en los negocios donde la facturación se sostiene, Tur insiste en separar ventas de resultados. «Los ingresos más o menos se van manteniendo, pero los resultados que obtienes son mucho menores», explica.
El motivo es el encarecimiento generalizado de costes “en un contexto en el que la materia prima ha subido entre un 35% y un 40% de media en cinco años, con productos básicos como la harina, los huevos o el aceite duplicando su precio en algunos casos”.
A eso se suman la energía, el personal, los costes generales y los trámites administrativos.
A preguntas de Noudiari, Tur Costa admite que el cliente local ha reducido su frecuencia de salir a comer o cenar fuera por el encarecimiento de precios, del coste de la vida en general, de los alquileres y de unos salarios que no han crecido al mismo ritmo. “Obliga a muchos restauradores a rediseñar sus cartas para mantener precios accesibles sin perder margen. Yo mismo me veo en esa tesitura”, explica el empresario.
Personal y vivienda, el otro gran obstáculo
Más allá de los números, Tur señala la falta de personal como «el caballo de batalla de los últimos años», agravada por el relevo generacional porque los jóvenes tienen hoy más alternativas formativas y “perciben la hostelería como poco atractiva, en parte porque implica trabajar cuando el resto descansa”.
A ello se suma el coste de la vivienda, “que ha llevado a muchos empresarios a actuar casi como agencias inmobiliarias para poder alojar a su plantilla de temporada”, ya que lo que determina si un trabajador viene o no a Ibiza es, según Tur, “la renta disponible que le queda tras pagar el alojamiento”.
El aprobado con matices
Con todos estos factores sobre la mesa, Tur evita los extremos a la hora de calificar la temporada: ni sobresaliente ni suspenso, “sino un 6, aprobado ajustado”.
Los negocios que mejor resisten, señala, son los que abren todo el año y ya cuentan con una clientela local consolidada, de manera que el turista es un complemento a sus ventas, o aquellos con una ubicación privilegiada que atrae público sin necesidad de grandes esfuerzos comerciales.
Para el resto, los que son de temporada, con plantillas más volátiles y una clientela veraniega, avisa, “la tendencia apunta a más traspasos y cierres, especialmente entre los negocios de temporada, los más expuestos a la variabilidad de cada verano”. “Es algo que ya hemos visto y que cualquiera puede ver, ya que son estos negocios que cada año cambian de gestor, personal y hasta de nombre”, añade.







si han aumentado un 50% el número de restaurantes, pues dejen de culpar al turista de lujo (que sí usa restaurantes bien posicionados en redes) y empiecen a pensar en competir mejor entre ustedes.
los precios de los restaurantes de Ibiza siempre habían sido más caros que los del resto del país. En los últimos años el incremento de precios ha sido brutal. Normal que la gente vaya menos a los restaurantes.