A la amenaza de las serpientes sobre las lagartijas endémicas de Ibiza se suma un enemigo cotidiano. Dos personas que tienen en común su activismo por la naturaleza, el ibicenco Marc Torres y el australiano residente en Ibiza Dean Gallagher, han hecho llegar a Noudiari casi al unísono fotografías y vídeos que muestran cómo las latas y botellas abandonadas en el campo y en zonas urbanas atrapan a estos animales, que acaban muriendo de hambre, de sed, de calor… o literalmente cocidos.
El mecanismo, explican, es sencillo y cruel. Los restos de bebidas azucaradas y energéticas, o el olor de la levadura de la cerveza, atraen a las lagartijas. Entran en busca de agua y alimento, pero las paredes de vidrio o metal son demasiado lisas para que sus garras puedan adherirse y no pueden trepar para salir. Bajo el sol, latas y cristales alcanzan temperaturas muy altas, de modo que algunos animales mueren literalmente cocidos en los restos de líquidos del interior. Si la lata está de pie, es letal. Si está tumbada pueden lograr salir pero muchas veces se resbalan y no lo consiguen.
Siete lagartijas en una lata
Marc Torres, ingeniero mecánico reconvertido en fotógrafo y cofundador de la empresa de senderismo y fotografía The Other Face, lo vivió en una ruta por Cap Llentrisca. Es una de las zonas, junto con Es Cubells y Cala d’Hort, donde todavía quedan lagartijas porque, según cuenta, las serpientes parecen no haber llegado.
Torres y su socio, Donovan, recogen la basura que encuentran en sus excursiones. Él tiene la costumbre de vaciar las latas antes de tirarlas, y esta vez fue de ellas de donde fueron saliendo reptiles.
«Iba saliendo una detrás de otra hasta siete lagartijas. Yo no sé cuántas lagartijas quedan en Ibiza, pero siete en una sola lata es una barbaridad», relata junto con el vídeo que ha compartido.
No era la primera vez. En ocasiones anteriores habían encontrado una o dos lagartijas en latas, y Donovan llegó a hallar una botella de cristal con cuatro dentro, que por suerte pudo salvar.
Torres no sabe con certeza de qué murieron los animales de esta lata, que además olía fatal y de la que desconoce cuánto tiempo llevaba abandonada. Cree que pudo ser una combinación de ahogamiento, porque aún quedaba bebida, y de calor. La lata estaba de pie, lo que la convertía en «una trampa mortal»; si está inclinada, a veces algunas lagartijas logran salir. «Imagínate la cantidad de lagartijas que mueren atrapadas en latas o botellas», advierte.
Lagartijas muertas junto al mar, en plena ciudad
Su relato es prácticamente idéntico al de Dean Gallagher, conocido voluntario en la lucha contra las serpientes, que ha encontrado ejemplares muertos, cocidos por el sol, dentro de latas y botellas en una zona urbana de Ibiza: el final de la calle Ramon Muntaner, junto al hotel Los Molinos, muy cerca del mar. Ya lo ha comunicado al Cofib.
En sus vídeos, Gallagher recorre el lugar y va señalando botellas, latas, colillas y vasos de papel. En unos 40 segundos de subida, dice, aparece basura por todas partes, en una zona muy seca donde además supone un riesgo de incendio.
Entiende, afirma, que la gente esté de vacaciones y quiera descansar, «pero esto no tiene ninguna excusa». Se pregunta qué problema hay en recoger la basura y llevarla al contenedor. En su opinión, lo que ocurre es «un delito contra el medio ambiente y contra el bienestar animal».
Patrullas, cámaras y recogidas de basura
Gallagher hace un llamamiento a las administraciones públicas para que actúen «de una vez». Considera que se está dejando desaparecer una especie delante de todos sin dotar de medios reales y suficientes. Reclama patrullas constantes a pie por la ciudad para evitar las zonas de botellón y los comportamientos incívicos, y la instalación de cámaras de seguridad en los puntos afectados.
Mientras tanto, él mismo dedica sus días libres a revisar latas por si puede salvar alguna vida, al igual de Marc y Donovan. Ha anunciado que organizará salidas para recoger basura y rescatar lagartijas: «No puedo soportarlo más y tengo que hacer algo», dice a Noudiari.
Incivismo de turistas y de residentes
Los dos voluntarios coinciden en que se trata de un problema de incivismo, que muchas veces se asocia a turistas poco respetuosos, que visitan estas zonas y dejan su basura allí, algo incomprensible para una persona con un mínimo de educación y civismo. Torres, que con su empresa defiende un ecoturismo que valore la isla «tal cual es, no solo las fiestas», insiste en la dimensión educativa: él mismo plantea sus vídeos como divulgativos.
Su consejo, y el de Gallagher, es tan básico que casi da coraje repetirlo. Hay que llevarse siempre la basura con uno mismo y depositarla en contenedores y, si se encuentran latas o botellas abandonadas, vaciarlas y revisarlas antes de tirarlas. A veces puede haber alguien dentro y puede ser nada menos que un ejemplar de una especie amenazada, casi extinta en gran parte de Ibiza y que parece estar complemente sentenciada entre serpientes y basura.







Ojalá solo fueran los turistas los guarros.
Tendríamos la isla preciosa durante 6 meses al año.