La UD Ibiza ha presentado hoy su dimisión a cualquier posibilidad de alcanzar el play-off de ascenso a Segunda División en un partido horrible ante el colista, el Sevilla Atlético, que ha terminado con derrota ibicenca por 0-1.
Un duelo totalmente prescindible para el fútbol en el que no ha habido prácticamente nada destacado y que ha sumido a la poca afición que ha estado al lado del equipo insular en las gradas del estadio de Can Misses en un sopor absoluto.
El único gol del encuentro ha llegado en el minuto 81, por mediación de Miguel Sierra para el Sevilla Atlético, tras una buena ocasión previa de los ibicencos que no supieron aprovechar. Ese tanto terminó de condenar a un Ibiza plano y sin respuesta.
Las pocas oportunidades destacables y marradas para los ibicencos en las postrimerías del primer y el segundo tiempo han representado un pobre bagaje ofensivo de los jugadores del Ibiza, que ha vuelto a defraudar a los pocos que seguían creyendo en los futbolistas, de los cuales muy pocos se salvan de la quema y del sonrojo.
Pero, ojo, no es solo culpa suya, sino también de quien los contrató, puesto que el acierto no solo tiene que ser ante puerta, sino también en la planificación y en la construcción de una plantilla equilibrada.
Ante un rival débil, sin alegría, descendido, y en casa, el Ibiza no ha sido capaz de marcar un solo gol ni de prolongar las hipotéticas opciones de clasificarse para el play-off al menos un poco más.
Imperdonable, como tantas otras veces este curso, lo que ha terminado la paciencia de la afición. El reflejo, en las gradas, prácticamente vacías en un día estupendo para ir al fútbol.
El mundo al revés. Un equipo, el Ibiza, confeccionado para luchar por el ascenso y que partía incluso como favorito al título de campeón, acabará la temporada luchando por no bajar de categoría.
Quizá alguien tendría que sacar la guillotina antes del final del curso y decir basta a esta tomadura de pelo.





