Ayer Ibiza vivió un episodio de reventón térmico, afortunadamente leve, con viento repentino con un oscurecimiento de cielos generalizado y rachas de viento que incluso levantaron remolinos de tierra seca y que dejó a más de uno mirando hacia arriba con cara de extrañeza. No ha sido un espejismo ni una sensación aislada: la meteorología en las islas lleva días completamente fuera de lo normal, y hay una explicación técnica detrás.
Quien la pone en claro es David, especialista en mantenimiento de yates en Ibiza, que lleva semanas siguiendo de cerca la situación por motivos de trabajo —cada salida al mar exige saber qué tiempo se avecina— y que ha querido compartir su lectura del fenómeno para que nadie piense que «se lo está imaginando».
Calima, cielos grises y un mar demasiado caliente
Según explica David, en Baleares se están encadenando pulsos de aire muy cálido procedentes del norte de África, cargados de polvo mineral y reforzados por un bloqueo atmosférico. Es lo que explica la calima y esos cielos grises casi permanentes: apenas hay días de cielo completamente despejado.
Pero aquí llega el matiz importante: el polvo en suspensión no es el causante del bochorno que se está sintiendo. Ese calor pegajoso viene de otro lado —de la capa marítima—, alimentado por un mar Balear excepcionalmente cálido, con niveles de humedad que puntualmente rozan el 96%.
Esa combinación de calor y humedad extrema es la que dispara el CAPE (la energía potencial disponible para que se formen tormentas), es decir, el «combustible» que necesita la atmósfera para generar fenómenos violentos y repentinos.
Aviso amarillo y un posible reventón térmico
David también apunta a los datos oficiales: AEMET mantuvo ayer un aviso amarillo por tormentas en el litoral sur de Valencia, con posibilidad de rachas muy fuertes en una franja horaria concreta. A eso se suma que una salida del modelo AROME situaba un posible reventón térmico —un downburst, una ráfaga descendente y muy localizada— a unas 20 millas al este de Gandía, con un pico simulado de 96 nudos, unos 174 km/h.
«Puede que no pase nada», matizaba David, dejando claro que un modelo numérico marca una posibilidad, no una certeza. Pero cuando tu trabajo depende de estar en el mar, esa posibilidad ya es motivo suficiente para tomar precauciones.
Precaución, no alarma
Por eso, explica, en los barcos bajo su cuidado se extreman las medidas ese día: se trinca todo lo que hay en cubierta, se retira cualquier objeto que pueda salir volando, se sacan del agua los juguetes náuticos y se mantiene siempre a un miembro de la tripulación de guardia.
David insiste en el porqué de compartir esta información: «para colaborar y prevenir, nunca para asustar». Su mensaje es simple y va dirigido sobre todo a quien tenga previsto navegar: no es una sensación, el tiempo en Baleares sí está actuando de forma anómala estos días, y conviene estar informado antes de salir al mar.
No te lo estás imaginando. El tiempo, sí está loco. Detrás de todo ello un calentamiento extremo, con temperaturas que no dan tregua por la noche y el temor de que esto se traduzca, como en 2025, en tormentas extremas en Ibiza y Formentera.
Cambio climático, veranos cada vez más cálidos y mares sobrecalentados. Un panorama que preocupa en mitad de corrientes que insisten en negar la evidencia.






