Bartolomé Costa Serra, conocido como Bartomeu Miquel, murió por causa de “la guerra”. Eso es lo único que puede leerse en su certificado de defunción, registrado seis años después de su muerte por fusilamiento el 18 de octubre de 1936.
Como los de muchos hombres y mujeres víctimas de la Guerra Civil, los restos de Bartomeu se hallaban en una fosa común en el Cementeri Vell de ses Figueretes desde que fue abatido por las fuerzas del régimen franquista en los inicios de la Guerra Civil. Este verano de 2026, noventa años después, y ocho años después de las primeras excavaciones en el cementerio de Ibiza en 2018, se espera que sus restos descansen y reciban sepultura ante sus familiares.
Toni y Pepita Costa son dos nietos de Bartomeu que aportaron su saliva para realizar estudios genéticos de ADN como parte de la campaña Fosas del Govern balear, parte de los esfuerzos institucionales para restablecer la memoria histórica.
Ellos han formado parte de un proceso de identificación de las víctimas encontradas en las exhumaciones de la tercera fase del Plan de Fosas III en Ibiza, en las que se han podido identificar tres hombres, entre ellos Bartomeu.
El hijo de Pepita, Rafel, se encontraba leyendo el libro Els Morts (Mediterrànea), de José Miguel Romero, que documenta las víctimas de la Guerra Civil en Ibiza y Formentera entre 1936 y 1945. “Vi su nombre y lo reconocí como mi bisabuelo”, explica Rafel, quien enseguida se lo dijo a su madre, nieta del fallecido que como el resto de la familia carecía de información sobre la figura de su abuelo, más allá de que murió durante la guerra.

“Entonces no se hablaba de nada de esto”, explica Pepita a Noudiari. “Sabíamos que había muerto pero en esa época, desde que yo era niña, todo esto era silencio”.
Movido por el hallazgo de un hilo del que tirar, Rafel tiró, hasta dar con un antiguo contemporáneo de su bisabuelo, Simón Llinàs. “Él nos dijo que se acordaba de él, de cuando era pequeño”, recuerda Rafel, “dijo que se lo llevaron y no volvió nunca”.
Poco más que eso, añadieron las voces del pasado que incluso Bartomeu Miquel pidió lavarse las manos y cambiarse de ropa antes de que le detuvieran, pero le dijeron que adonde iba eso no le hacía falta. “Son comentarios que se hacen al contar las cosas, pero no sabemos si ocurrió”, dice el otro nieto de Bartomeu y hermano de Pepita, Toni. “En aquel tiempo se denunciaba a un vecino por ideas políticas, por diferencias políticas o porque le debías dinero y si le denunciabas y te lo quitaban de en medio y no había que pagarle”, lamenta Toni. “Cuando hay una guerra, o una pandemia… salen los instintos animales de supervivencia y lo que buscan algunos es salvarse”.
Además de eso, Rafel recuerda que poco antes de llevarse a su bisabuelo acababa de producirse, la noche del 13 de septiembre de 1936 y tras un bombardeo de la aviación italiana, la masacre de es Castell. En ella el bando republicano, que había apresado a casi un centenar de simpatizantes y milicianos del bando sublevado, ejecutó a 93 de ellos en la fortaleza. Este episodio ha ganado relevancia recientemente dado que el Vaticano beatificará a 20 de los sacerdotes asesinados en este episodio histórico de la isla de Ibiza.
Rafel cree que su bisabuelo fue una víctima colateral y anónima de los actos de venganza del bando falangista posteriores a la masacre de es Castell.
De Bartomeu les han dicho —aunque no han podido verificarlo de ninguna manera— que había asistido a un mítin político en particular, y que quien denunció su paradero también denunció el del hermano mayor de Llinàs, que estaba en aquel entonces enredado en el Comité Antifascista en Sant Rafel.
Enredados en ese desconocimiento del pasado, estos hermanos, Toni y Pepita, han llegado a contemplar la posibilidad de que su abuelo fuera detenido en lugar de su hijo Vicent, quien desapareció en ese mismo fragmento de tiempo de forma repentina y sin dejar rastro, dejando atrás a una esposa y tres hijos. Nada se supo nunca más de su paradero, si emigró o huyó al exilio, o si murió “por la guerra”.
Ahora, 90 años después, el hallazgo e identificación de los restos de Bartomeu mediante ADN, y la certeza clara de que Bartomeu murió por fusilamiento, da a esta familia una respuesta al menos del destino que sufrió su abuelo. De él poco más saben con certeza: que fue un albañil generoso, como su esposa Catalina, ya que tuvieron siete hijos y juntos adoptaron a dos huérfanos de la Inclusa como suyos al empezar el conflicto.
La dificultad de contar las historias silenciadas
El silencio de una conversación incómoda aún está muy presente en Ibiza y Formentera cuando se habla de “la guerra”.
“Creo que no sabemos quién fue nuestro abuelo”, dice Toni. “Solo sabemos que se han encontrado y se han podido identificar sus restos, pero quién era, a qué se dedicaba, y qué hacía… Como no se hablaba, no se llegará a saber tampoco”. Confía en que al menos, la identificación de sus restos ha vuelto a juntar a la familia, ya que a raíz de la identificación de los restos de Bartomeu, estos hermanos celebraron en Ibiza una reunión familiar con una cincuentena de familiares, todos ellos descendientes de su abuelo.

Para Luis Ruiz, presidente del Fòrum per sa Memòria de Eivissa i Formentera, la tarea de recuperar e identificar a las víctimas de la guerra civil, es aún ardua, pero es también una responsabilidad institucional que está en riesgo.
Esta excavación, llevada a cabo por Aranzadi, ha sido posible gracias a la Ley balear de Fosas del 2016, que establece los mecanismos y recursos para la búsqueda, documentación e identificación de víctimas de la guerra civil en Baleares, así como la entrega de restos hallados a los familiares que permanecen al otro lado de una espera a veces sin respuesta.
De hecho, en el mismo cementerio de Ibiza, según explica Ruiz a Noudiari, se han localizado restos de cráneos con signos de fusilamiento de otros 14 individuos, además de trozos de fémur y otros restos que muestran signos de violencia propias de las ejecuciones del régimen franquista. Sin embargo, de estos no se han podido extraer muestras de ADN para llevar a cabo una identificación, por lo que permanecerán como víctimas anónimas.
Estos restos no identificados y hallados en el Plan de Fosas se enterrarán, junto con los de Bartomeu Serra Costa, en una capilla habilitada en el cementerio viejo, mientras que los restos de otros dos hombres —Mariano Castelló Castelló y Josep Vidal Ramón— ya se han entregado en sendas ceremonias privadas a sus respectivas familias.
Era voluntad de los familiares que los únicos restos de Bartomeu Costa Serra quedasen junto al resto de los anónimos en el cementerio, un lugar para recordar y adonde cualquiera pudiera llevarle una flor.
Aproximadamente una veintena de familias han ofrecido muestras de ADN para la identificación de familiares en los planes de excavaciones que se han producido hasta la fecha, mientras que el número de desaparecidos en Ibiza asciende según la documentación a un centenar, indican desde el Fórum per sa Memòria.
Según explica Ruiz, aún están pendientes del informe de los arqueólogos y demás especialistas de Aranzadi para decidir si puede haber una próxima excavación en el Cementeri Vell que permita identificar los restos de otros desaparecidos. “Tienen que analizar si los restos de humedad, las condiciones del suelo, y el estado de los huesos hallados permitirán una extracción e identificación de ADN”, explica Ruiz.
En Ibiza y Formentera existen indicios de otras zonas en las que podría haber restos de víctimas de la Guerra, sin embargo la imposibilidad de identificar con concreción estas ubicaciones ha impedido expandir la búsqueda de desaparecidos a otras partes de la isla, por ahora.
Un columbario como punto de memoria en Ibiza
Los restos de Bartomeu Costa Serra y de las 14 personas no identificadas que son igualmente víctimas de la Guerra Civil española y la Dictadura en Ibiza se conservarán en un nuevo columbario que se inaugurará el próximo 23 de julio en el Cementeri Vell de Ibiza.
Este columnario pretende ser “un espacio de memoria, dignificación y reparación dedicado a las víctimas de la Guerra Civil y de la Dictadura”, suscribe la invitación que el Govern ya ha transmitido a los familiares de Bartomeu Costa Serra. También se presenta como un espacio para honrar la memoria de los otros dos identificados cuyos restos ya descansan, Mariano Castelló Castelló y Josep Ramón Vidal.
El espacio nace con la intención de convertirse en un punto para preservar “la memoria de todas las víctimas y ofrecer a las familias y a la sociedad un espacio permanente de recuerdo, respeto y homenaje”. El columbario será el lugar de reposo para los restos de las víctimas cuyos restos aún no han podido ser identificados – si bien estos restos podrían ser identificados en un futuro.
La inauguración oficial de este espacio en el Cementeri Vell de ses Figueretes se celebrará el próximo jueves, 23 de julio, a las 10 horas, y contará con una representación de autoridades y entidades sociales, además de con la presencia de familiares de las víctimas.
Todos los estudios de Memoria Democrática y Fosas realizados institucionalmente en Baleares pueden ser consultados en la sección web del Govern balear.






