La Diócesis de Ibiza celebrará el próximo sábado 17 de octubre, a las 11:00 horas, la solemne ceremonia de beatificación de veinte sacerdotes diocesanos que asesinaron en la isla en el año 1936, durante los primeros meses de la Guerra Civil española. El acto tendrá lugar en la Santa Iglesia de la Catedral.
La ceremonia estará presidida por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio de las Causas de los Santos, quien acudirá a la isla en calidad de representante de Su Santidad.
La beatificación de estos religiosos fue autorizada por el papa el pasado 18 de junio, tras un proceso que se inició formalmente en el año 2008 bajo el obispado de monseñor Vicente Juan Segura.
Desde el Obispado de Ibiza y Formentera se explica que con este acto la Iglesia católica busca reconocer el testimonio de estos veinte sacerdotes diocesanos, a los que la institución define como «asesinados durante los primeros meses de la guerra civil en Ibiza y Formentera», destacando su fidelidad en medio de lo que califican como actos de «violencia y persecución».
Retablo conmemorativo financiado por los fieles
Con el objetivo de custodiar la memoria de los nuevos beatos, la Diócesis de Ibiza tiene previsto instalar un retablo conmemorativo en el interior de la S. I. Catedral, junto al presbiterio.
Según detalla el comunicado remitido por el Obispado, esta obra artística se sufragará mediante suscripción popular y busca ser un «homenaje colectivo de los fieles y la sociedad de Ibiza y Formentera a estos Siervos de Dios asesinados en 1936».
Los fallecimientos de estos religiosos se produjeron en el convulso contexto del inicio de la contienda, tras el golpe de Estado militar del 18 de julio contra el gobierno de la Segunda República y el posterior desembarco en las Pitiusas de las columnas de milicianos republicanos comandadas por el capitán Alberto Bayo en agosto de 1936.
Durante las semanas de enfrentamientos y la posterior retirada de las tropas republicanas ante la contraofensiva de las fuerzas sublevadas apoyadas por la aviación italiana, se desencadenaron episodios de violencia armada y ejecuciones sumarias en diversos puntos de la isla que costaron la vida a más de un centenar de civiles y eclesiásticos.
Tras la retirada definitiva de las milicias de Bayo a principios de septiembre de 1936, las fuerzas sublevadas —apoyadas por tropas italianas— recuperaron el control total de Ibiza y Formentera.
A partir de ese momento, el nuevo régimen militar instaurado desató una intensa campaña de represión en las islas que se prolongó durante la guerra y la posguerra.
Este proceso se saldó con el encarcelamiento, el exilio y la ejecución sumaria de varios cientos de personas acusadas de simpatizar con el gobierno de la República o de haber colaborado con las milicias republicanas durante su breve ocupación de la isla.






