A Lorena Torres (Ibiza, 1981) no le cabe la sonrisa en la cara al afirmar con rotundidad que está “orgullosísima de ser ibicenca”. Eso a pesar de que Ibiza, sin saberlo, dejó de ser su residencia habitual cuando a sus jóvenes 15 añitos la fichó el prestigioso club de natación sincronizada Kallípolis y empezó a entrenar al más alto nivel con medallistas de la talla de Gemma Mengual a las órdenes de la exigente Anna Tarrés, quizá la entrenadora más exitosa y dura, a la par, del deporte español.
Lorena Torres no llegó a los mismos pódiums que sus compañeras de equipo como nadadora de la sincronizada española, pero es responsable del máximo rendimiento de numerosos deportistas de la élite internacional. En Ibiza se empezó a oír hablar de ella tímidamente cuando se convirtió en la primera mujer en entrar en el cuerpo técnico de la Federación Española de Baloncesto con Pau Gasol a la cabeza para los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020. Ahí se encargó de coordinar el alto rendimiento de los baloncestistas y su recuperación, diseñando planes personalizados para cada jugador a partir del big data de elementos clave como la dieta, el sueño, la recuperación y hasta salud mental de cada atleta. Poco después se llevó la medalla de oro junto al equipo español liderado por Rudy Fernández que ganó el Eurobásket en 2022. Pero Torres ya llevaba años rompiendo moldes como profesional.
Estudió Ciencias del Deporte, realizó varios másters, y finalmente un doctorado que le cambió la vida. Cuando aún no se hablaba del entrenamiento de fuerza como se habla ahora –hasta en la sopa–, Torres impulsó su investigación sobre el uso de tecnología en el entrenamiento de la fuerza. En 2004 empezó a trabajar como preparadora física, aplicando sus métodos, en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat, después fichó por el FC Barcelona en baloncesto, y tras toparse con el techo de cristal de la ciudad condal en 2015 recibió una llamada de la élite mundial y fichó por los San Antonio Spurs en la NBA.
Tras años de trabajo, combinando su estudio científico del cuerpo del deportista y preparando a algunos de los mejores talentos del deporte español, en EEUU encontró por fin recursos para apoyar su visión: un enfoque global del deportista de élite, más allá del mero rol de preparadora física, de lo mental a lo alimenticio, desde el gimnasio a la performance. En Estados Unidos ha desarrollado su trabajo como directora de alto rendimiento en equipos como los Philadelphia 76ers (los Sixers), y los San Antonio Spurs, optimizando a deportistas como Tony Parker, Tim Duncan o el propio Pau Gasol. En la actualidad está disfrutando al máximo de la élite del baloncesto femenino en su segunda temporada con las State Golden Valkyries en la WNBA, un equipo que está revolucionado.

Por su destacada trayectoria, Torres ha recibido, entre otros, el reconocimiento del Govern Balear, del Instituto del Deporte Femenino, y del Consejo Superior de Deportes (CSD), que le otorgó la medalla de bronce de la Real Orden del Mérito Deportivo. Incluso la revista ELLE la incluyó recientemente en sus referentes 40×40. Las instituciones de Ibiza, sin embargo, aún tienen una cuenta pendiente con ella.
Y es que Lorena Torres, “orgullosísima” de ser de Ibiza, que nunca ha dejado de venir a a la isla para reconectar con su familia, o para comerse un bocadillo por Santa Gertrudis o a tomar un café en la plaza del Parque y darse un chapuzón en su cala favorita, lleva también muchas jornadas de pabellones al más altísimo nivel. “Tengo muchas ganas de acercarme a Ibiza”, repite desde San Francisco (EEUU). En Noudiari hemos conectado con ella para conocerla mejor.
Eres de Ibiza, tu familia vive aquí, y sigues conectada a la isla pero te fuiste muy jovencita y has construido tu carrera internacional más allá.
La verdad es que soy ibicenca, pero en Ibiza no se me conoce mucho. Tampoco soy una persona que busque el reconocimiento, así que estoy muy contenta de charlar con vosotros. Quiero vivir en Ibiza y me gustaría hacer algo relacionado con el deporte en Ibiza, que se sepa que Ibiza no es solo fiesta, yates o lujo, ni tampoco solo yoga o pilates.
Fui al colegio y al instituto en sa Blancadona y empecé haciendo gimnasia deportiva en el pabellón de Blancadona. Luego descubrí que había un club de natación sincronizada que empezaba y me apunté a sincronizada porque mi amiga de gimnasia se fue y yo la seguí.Y se me dio medio bien.
Cuando tenía 12 o 13 años nos clasificamos para ir al Campeonato de España, aún estaba en Ibiza. Fuimos al Campeonato de España y el mejor club de España de ese momento, el Kallípolis, se fijó en mí y me dieron una beca para ir a la Residencia Blume de Barcelona.
Así que con 15, 16, 17 años estoy en un centro de tecnificación de deportistas y fui parte de esa generación que hizo subir la natación sincronizada en España. Desde muy joven estuve en un ambiente de élite deportiva. Mi entrenadora fue Anna Tarrés, y yo entrenaba con Gemma Mengual y con Andrea Fuentes, que es la actual seleccionadora española.
Fuimos una generación muy buena, y estaba en un entorno muy bueno para la élite deportiva.
¿Entonces sufriste la alta exigencia de la infame Anna Tarrés?
Siempre digo que yo era buena, pero no era de las 10 mejores. Llegó un punto cuando tenía 18 años en el que decidí estudiar Ciencias del Deporte, y a partir de ahí descubro que yo quiero dedicarme al deporte de élite y trabajar con deportistas de élite. Toda mi carrera la he enfocado en eso.
Hice un primer máster, otro máster, empecé a trabajar en el Centro de Alto Rendimiento en Sant Cugat y allí tuve un mentor clave que me aconsejó realizar un doctorado si quería destacar. Mi tesis se centró en la utilización de tecnología para el entrenamiento de la fuerza.
Poco después me fichó el FC Barcelona, en baloncesto.

Antes de entrar preguntarte por esa experiencia, ¿qué recuerdos tienes de Ibiza, de lo que era ser deportista en Ibiza, cuando eras una niña?
Era una Ibiza pequeña, más pequeña, donde nos conocíamos todos y el colegio mantenía un ambiente familiar. Con 10 años solía ir caminando desde mi casa en Can Escandell hasta las piscinas de Can Misses a entrenar. Entrenábamos todos los días, recuerdo que yo hacía un dúo y quedábamos siempre para prácticar, era bastante serio y estábamos muy motivadas.
Hacíamos nuestras competiciones y mirábamos siempre a las de arriba desde abajo. Aunque estuviéramos en una isla pequeña, sin medios, con un carril para entrenar, recuerdo que no nos lo tomábamos como ir a jugar y pasarlo bien sin más. Lo vivíamos como si fuese lo más en un ambiente competitivo. Mi entrenadora entonces se llamaba Marcela [Ribas Cano] y la mentalidad que teníamos era de: Vamos a esforzarnos lo máximo posible.
Era un deporte nuevo en la isla y creo que abrimos la puerta a otras generaciones, aunque seguro que cometimos errores.
Sería un gran contraste llegar al Kallípolis bajo las órdenes de Anna Tarrés [seleccionadora y máxima responsable del equipo español de sincronizada entre 1997 y 2012].
Siempre era el mejor club con diferencia.
Y como deportista, ¿qué valores quedaron más marcados en ti de esa época de formación?
Yo creo que lo pasé mal, porque era un deporte muy exigente, en un entorno muy exigente, con unas entrenadoras muy exigentes.
Pero esas cosas, que en ese momento las vivo con dolor o con frustración, hacen que seas quien eres. En esa época el deporte forjó la disciplina, el valor del compromiso –porque te has comprometido con un equipo, aunque no lo estés pasando bien todo el tiempo, aunque no sea perfecto–, y el espíritu de esforzarte por las cosas aunque el resultado no sea perfecto, que creo que hoy en día no existe mucho.

Yo lo sigo intentando. Siempre he afrontado casi todos los retos queriendo ser la mejor. Luego igual no lo eres, y no pasa nada. Yo quería estar en el equipo nacional y no lo conseguí – no pasa nada, no te hace peor, e intentarlo no es fácil.
Me gusta mucho también el concepto de perseverancia, que luego lo aplicas a otras cosas de la vida.
Entrenaste como deportista con una de las históricas del deporte español, como es Gemma Mengual, pero también has trabajado con otra enorme medallista española, Ona Carbonell, con otro rol. ¿Cuál ha sido tu experiencia con ella?
Yo fui la primera entrenadora de natación sincronizada de Ona. Mientras yo estudiaba sacaba un trabajo extra y entrenaba a las niñas del club por las tardes. La tuve unos dos o tres años. Ona lo ha explicado muchas veces: le metía mucha caña y siempre se mete conmigo [ríe].
Después marché al CAR de Sant Cugat y allí estuve con otros deportes: golf, tennis…, baloncesto. Con los Juegos Olímpicos de 2012 en Londres hubo un poco de revolución en la natación sincronizada española, con cambios de técnicas y entrenadoras. Ona me llamó y me dijo que quería preparar las Olimpiadas de Río para 2016. Me dijo que quería que yo fuese su preparadora física.
Volvimos a conectar y nos preparamos, yo un poco en la distancia porque seguí en baloncesto (con el FC Barcelona) y en 2015 me llamaron de la NBA. Con Ona me une una amistad, pero en el ámbito deportivo hemos tenido una relación totalmente profesional.
¿Qué conlleva preparar a una deportista como Ona, que ya es un talento, pero, qué significa para ti preparar a una deportista como ella para unos Juegos Olímpicos?
Después de los JJOO de 2012 Ona estaba agotada física y mentalmente. Ona y Andrea [Fuentes], que habían ganado la plata en Londres como dúo, estaban muy, muy, muy, muy delgadas.
“Y quiero ganar un oro. Y mis competidoras son la rusa y la china, y las dos están muy fuertes” y es natación sincronizada. En España no trabajábamos la fuerza, somos más bailarinas, dedicamos muchas horas al agua.
El reto fue enseñarle a comer, enseñarle cómo distribuir los macros, ajustar toda su suplementación, trabajar en el gimnasio, que a ella no le gustaba y no lo hacía. Hay que plantear: cómo me tengo que preparar para cambiar mi cuerpo, porque lo necesito para ganar un oro, necesito esa parte física que no tengo y tengo lo demás: tengo el arco, tengo el ballet, tengo la emoción, tengo la técnica…, pero necesitaba estar más fuerte para poder hacer elementos técnicos más difíciles.
¿Qué hacías exactamente en el CAR de Sant Cugat? Porque a ti te gusta definirte como experta en alto rendimiento pero no sé si entonces en España se hablaba en estos términos que para ti ahora son tu día a día en Estados Unidos.
Mi pasado es de prepararadora física, sobre todo en el entrenamiento de la fuerza, que era muy raro, porque además yo era una mujer entrenando fuerza y entrenando fuerza a hombres. Hacer la tesis doctoral me cambió completamente, y no solo a nivel académico ni por ninguna titulitis, sino que me cambió la manera de entender el rendimiento.
Entendí que para que alguien pueda rendir al máximo de sus posibilidades tienes que tener una opción mucho más amplia que lo que hay entre las paredes del gimnasio. En esa época estaba el entrenador del deporte que fuera – entrenador de tenis, golf, lo que fuera –, estaba el preparador físico, el nutricionista, el fisiólogo… Y para mí la visión pasaba por saber un poco de todo al nivel más alto para poder entender cómo funciona la persona.

Yo era preparadora física de gimnasio y al hacer el doctorado hice un clic y dije no: esto no va por aquí, o no es lo que yo quiero ser como profesional. En ese sentido me fue muy bien crecer en España a nivel profesional, porque en España no hay dinero, no hay recursos, y la preparadora física ya guiaba un poco todo, cómo comer, etc. Me puse a estudiar nutrición, análisis estadístico… Al final las cosas difíciles te hacen mejor.
¿De todas esas dimensiones del deportista, después de todo tu aprendizaje, cuál dirías que es especialmente inestable?
La parte mental y la parte emocional. Cuando ya estás arriba se dice: es muy difícil llegar, pero muchos dicen lo difícil es mantenerse. Cuando ya estás arriba ya conoces la técnica, y has hecho muchas repeticiones de joven. Has repetido, has practicado, has entrenado, has moldeado tu cuerpo. Sabes lo que tienes que hacer para mantener tu fuerza, para volver a ponerte en forma después de unas vacaciones y sabes qué mejorar. Pero lo que cambia es la parte mental, porque todo el mundo está muy preparado o bastante preparado, y la cuestión es saber mantener la calma cuando toca, gestionar las emociones.
Yo me encuentro muchísimo entre deportistas, incluso a día de hoy, con la dificultad de gestionar la frustración y la gestión de la confianza, que van muy de la mano. La frustración de que no me entran las canastas, la frustración de que no juego los minutos que quiero, la frustración de que el entrenador no me pone y ya estás arriba.
Es necesario saber pensar claro, pensar rápido, que no te afecten tanto las cosas. Es una parte muy bonita de vivir a este nivel, porque todo lo demás ya es fácil.
Otra cosa es que duermas lo que tienes que dormir, que seas constante con tus ejercicios de prevención de lesiones, que comas lo que tienes que comer… De verdad, nosotros a veces somos padres y madres detrás de los deportistas – que si ”tómate tal batido”, “duerme tantas horas”, “¿has tomado los suplementos?” –, pero lo que más impacto marca es cómo afrontan las cosas emocional y mentalmente.
Después de trabajar con el CAR de Sant Cugat, te ficha el Barça y entras de lleno al baloncesto de más alto nivel en España. ¿Cómo fue esta primera gran experiencia trabajando con este club?
Fue muy gratificante, yo además vivía en Barcelona, y teníamos más recursos que otros clubes o que otros deportes. Pude trabajar con deportistas de mucho talento en un club con estructura.
Fue una época bonita en ese sentido, y a la vez fue muy duro, porque yo siempre he estado cómoda con los deportistas o los entrenadores hombres, soy súper profesional y creo que ha sido muy importante trabajar con las cosas muy claras. Pero es verdad que el mundo no estaba preparado para que una mujer escalara en un mundo de hombres, y me llegaron a decir: “¿Cómo va a estar una mujer en un vestuario masculino?”
“Es que los jugadores le van a tirar los trastos”, “No puede estar en el primer equipo porque lo va a desestabilizar…”. Yo escuchaba todas estas cosas.
¿Eso te lo llegaron a plantear desde dentro del club?
Sí. Yo empecé con los chavales del junior cadete, y pude ver cómo el preparador físico que estaba en categorías inferiores iba escalando en categorías cada año, hasta pasarme por encima y estar en el segundo equipo. No entendía nada porque yo llevaba más años, había hecho una tesis, estaba cambiando las tintas del deporte dentro el club y me dijeron que no podía estar ahí por esos motivos. Así que les dije que me iba, porque no podía crecer.
Como había hecho publicaciones [científicas] internacionales sobre baloncesto, me llegó la llamada de la NBA desde Estados Unidos. Aquí valoran el talento. Mi primer equipo en la NBA fue los San Antonio Spurs.
La élite del baloncesto mundial, la NBA. ¿Cómo te viste tú ahí?
Pues fue genial porque ahí sí que tenías recursos, sí que te apoyaban, los jugadores no tienen ningún problema con una mujer [en el equipo técnico]. En la liga empezaba a haber más mujeres también y fue súper gratificante, fue un subidón.
En la NBA has trabajado en varios equipos, y también con la federación española de Baloncesto llegando a formar parte del equipo que ganó el Eurobasket 2022. Pau Gasol, Tony Parker… ¿Cómo fue empezar a trabajar con ese tipo de talento y deportistas históricos?
En San Antonio Spurs tuve mucha suerte porque he trabajado para la mejor franquicia posible para crecer entonces. Yo era mujer en un mundo de hombres pero además era de habla hispana, con un acento español que te mueres… osea no lo tenía fácil y son muy exigentes. Pero era un espacio muy diverso. Estaba el argentino Manu Ginóbili, Tony Parker que es francés, Tim Duncan, del Caribe… Estos jugadores fueron una generación increíble.
Y Toni Parker me acogió y lo hizo muy fácil. Él había pasado por lo mismo con 17 años: chico francés, no había apenas extranjeros en la liga con acento francés… Me dijo: “Sé que te va a ser difícil, te voy a ayudar”.
[Lorena Torres publicó en 2024 el libro Supérate, con la editorial Conecta y un prólogo de Tony Parker].
Me sentí protegida y acompañada. Pero para mí no es lo mismo, siempre crecí rodeada de deportistas de élite, y a mí no me impresionan de la manera en que le impresionan a un fan. Me puedes decir que me acoges y me vas a ayudar, pero al final te tengo que decir “que no tío, que vas a hacer cuatro, no tres repeticiones” [ríe]. Me da igual que sea Tony Parker o Pau Gasol. Crecí con la piel dura, que dicen aquí, y mi trabajo es retarles y ayudarles a ser mejores.

¿Tienes relación con el deporte de Ibiza o mantienes un vínculo con la isla?
Lo chulo es que yo siempre he vuelto a Ibiza, aunque fuese una vez al año de vacaciones, siempre. Mis padres, mi hermana, mi familia está en Ibiza. Cuando era deportista y tenía cinco días en Navidad venía, cuando trabajaba en el Barça y tenía 15 días, los veranos… Ibiza es casa para mí.
En los últimos años me han dado muchos reconocimientos en España pero llevo toda la vida haciendo esto. El deporte profesional a nivel élite es muy exigente y cansa mucho. Llevo muchos años sin tener vida, viajando de hotel, comiendo de cátering… Vuelves, estás dos días, haces una lavadora, partido, te vuelves a ir, otro partido. Llevo muchos partidos, muchos pabellones, muchas, muchas, muchas horas de vuelo en aviones, muchas noches sin dormir.
Quizá es la edad pero cada vez valoro más ‘casa’, pasar tiempo con los tuyos, cuidarme más.
Hace unos años una editorial me propuso escribir un libro [Supérate] sobre cómo podemos trasladar todo eso de la élite a las personas que quieran cuidarse, o simplemente hacerlo mejor. Siento que ahora puedo utilizar todos esos conocimientos y experiencias de la élite para ayudar a personas como el deportista amateur.
Y es difícil porque en Estados Unidos todos los equipos tienen a alguien como yo. Aquí he sido la primera directora de performance de la WNBA (ahora con las Golden State Valkyries). Me pagan por pensar, por crear y por tomar decisiones. Y en España o en Ibiza este perfil no se entiende, pero me encanta mi trabajo porque me pagan por tener esta visión de qué hacemos para cuidar los detalles, para mejorar con el deportista. Creo que esto es súper aplicable a las personas y me gustaría vincularme con Ibiza en esa dimensión.

No tengo pruebas pero tampoco dudas, de que Ibiza es uno de los lugares de la Tierra con mayor número de atletas no profesionales por metro cuadrado. ¡Tendrías trabajo!
Yo les llamo amateurs profesionales. No te pagan por lo que haces, pero te entrenas como si fueras un profesional. La gente se gasta 7.000 euros en una bici para salir a correr, nos enganchamos al Hyrox, a un triatlón… Necesitamos estos retos. Yo lo relaciono mucho con quién eres y la identidad.
Al final es una persona que le gusta entrenar, que le gusta comer sano, que le gusta cuidarse, que se respeta. En el mundo ahí fuera todo es dopamina e instantaneidad y creo que hay gente que en algún momento necesita anclas. El deporte es un ancla, porque lo haces solo, o con amigos, para trabajarte… Es un ancla de tus valores.
Y hay toda una población que tiene ganas de hacerlo bien sin ser profesional, de dar lo mejor de sí, y que sinceramente están súper perdidos porque la información es muy confusa en las redes.
Ahora estás trabajando también con cuerpos “distintos” en el sentido de que es el cuerpo de la mujer en la WNBA. ¿Qué retos implica?
Lo que está pasando es que las mujeres están entrenando mucho mejor porque hay recursos. Nuestros partidos son súper rápidos, súper atléticos, súper divertidos. Chicos, lo siento, pero nuestros partidos son súper divertidos. Por eso llenamos pabellones de la NBA, por eso se ha triplicado el dinero en el deporte femenino. Y tenemos que entrenarlas como atletas.
A lo mejor las series, las repeticiones y los kilos no son los mismos, pero son atletas. Y aquí hay mucha importancia en entender el cuerpo de la mujer, que funciona distinto. Yo también estoy aprendiendo cómo responde el cuerpo de la mujer deportista de élite a las cargas. Es súper bonito para mí también porque sigues aprendiendo.
Y sí, es muy importante que el entrenamiento sea muy individualizado. Hombre o mujer, cada cuerpo va a ser distinto y hay que estudiar mucho la base.
Un par de preguntas rápidas para terminar.
Dime un deportista a quien te gustaría estudiar al dedillo como científica, estudiar por qué llegan al alto rendimiento que llegan a lograr.
Me hubiera encantado conocer a Rafa Nadal en mayor profundidad por conocer su evolución mental y su aspecto mental.
Para mí es un referente a nivel mundial, pero no por la parte física, que creo haber entendido bastante bien desde fuera. Se puso demasiado fuerte, luego tuvo que perder peso… Me hubiera encantado conocer a fondo la mentalidad de Rafa Nadal, no necesito irme muy lejos.
Algún deportista o equipo con quien te gustaría trabajar, ya no por admiración, sino porque querrías vivir ese crecimiento junto a ellos.
La verdad es que he trabajado con quien quería trabajar. Fui al Barça y no estuve en el primer equipo, pero ahora ya no creo que pase.
Te diré los San Antonio Spurs (NBA) los All Blacks (rugby) y el Manchester City (fútbol) que son tres equipos de tres deportes diferentes que son una referencia a nivel cultural y deportivo mundial.
¿Un deportista de alto rendimiento nace o se hace?
Se hace totalmente.
¿Incluso después de muchas derrotas?
Un deportista que ha sufrido o incluso una persona que ha sufrido muchas derrotas puede volver a levantarse y existe esa plasticidad en el cerebro para ello.
…La cantidad de jugadores de la NBA que vienen de barrios donde hay drogas, pistolas, familias desestructuradas, pobreza… Y se van a jugar al baloncesto en el barrio y muchos te lo dicen tal cuál: “Eso me salvó”.
El entorno es muy importante, siempre va a ser más fácil si tienes un entorno con una familia que te apoya y te acompaña. Pero es que viniendo de familias totalmente desestructuradas se puede llegar arriba. Cantidad de chavales se han librado de que les peguen un tiro o de meterse en drogas por el deporte.
Entonces: sí se puede, y el deportista de élite se hace.






