Eran las 18.38 de este miércoles y media isla intentaba volver a casa cuando un transporte especial con una embarcación de recreo sobre un remolque decidió convertir la carretera de Sant Antoni en un cuello de botella. El resultado: circulación colapsada en plena hora punta, justo cuando más tráfico se concentra en la vuelta del trabajo.
La Guardia Civil tuvo que cortar por un momento, por seguridad, la rotonda del recinto ferial, y ahí empezó el festival. Desde esa rotonda y hasta, al menos, el túnel de Sant Rafel, los vehículos avanzaron a entre 25 y 30 kilómetros por hora, un ritmo que más que a una carretera recordaba a una procesión de Semana Santa o a la Rúa de Carnaval. Pero el paso lo marcaba un yate.
La cosa no mejoró al llegar al túnel de Sant Rafel. El transporte se desvió, pero antes tuvo que pasar por los gálibos de altura y desplazarlos, lo que obligó a detenerse un buen rato y dejó a los conductores contemplando la escena, todavía más desesperados.
En una isla con carreteras saturadas, incluso con la temporada terminada, mover cargas excepcionales en hora punta castiga a miles de conductores que solo quieren llegar a casa. Quizá convenga revisar quién autoriza estos horarios y con qué criterio, antes de que el próximo transporte especial nos pille a todos, otra vez, empantanados.






